Explicación bíblica

Lucas 19:2

Biblia

El Texto

"Y he aquí un varón llamado Zaqueo." Lucas detiene la cámara. Jesús va cruzando Jericó, la multitud se mueve, el polvo del camino se levanta, y de pronto el narrador levanta la mano: miren a este. Un hombre. Tiene nombre. Y tiene dos etiquetas pegadas encima como carteles: jefe de los publicanos, y rico. Eso es todo lo que sabemos de él en este versículo, y es suficiente para que cualquier oyente judío del siglo primero apriete la mandíbula. No dice que fuera bueno ni malo. Dice lo que hacía y lo que tenía, y en Jericó esas dos cosas iban juntas por una razón que nadie necesitaba explicar.

El Núcleo

El "he aquí" no es adorno literario. Es la manera que tiene Lucas de decir: aquí Dios va a hacer algo que ustedes no esperan. Porque el nombre Zaqueo viene de la raíz hebrea zakay, "puro, justo, inocente". Sus padres le pusieron ese nombre con esperanza, y el hombre creció para convertirse en lo contrario a los ojos de todos. Ahí está el núcleo: un hombre cuyo nombre promete limpieza y cuya vida entera lo desmiente, y Jesús va caminando directamente hacia él. Antes de que Zaqueo corra, antes de que suba al árbol, antes de que devuelva un solo denario, el texto ya lo ha señalado. La gracia empieza siendo mirada, no mérito. Dios ve primero al que nadie quiere ver.

El Hilo Conductor

Jericó no es una ciudad cualquiera en la memoria de Israel. Fue la primera que cayó ante el pueblo que entraba en la tierra prometida, la ciudad de las murallas derrumbadas y del botín consagrado, donde solo una mujer de mala reputación y su casa quedaron con vida. Siglos después, otro hombre de Jericó, marcado por el dinero mal habido, está a punto de ser rescatado. Lucas coloca a Zaqueo justo antes de la subida a Jerusalén, en el último tramo del camino hacia la cruz, y eso no es casual. El versículo 10 lo dirá sin rodeos: "el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido". Todo el arco de la Escritura pasa por aquí. Dios busca. Desde el jardín, con aquel "¿dónde estás?", hasta un recaudador rico en una calle polvorienta, Dios es el que va caminando hacia el escondido.

El Espejo

Hay dos maneras de leer este versículo, y ambas duelen. Una: usted es la multitud. Usted sabe quién es el Zaqueo de su barrio, de su empresa, de su familia política. El que ganó su dinero de una manera que todos comentan en voz baja. Ya lo tiene clasificado, y su clasificación probablemente sea exacta. El problema no es que se equivoque en los hechos; el problema es que ha cerrado el expediente. La otra manera: usted es Zaqueo. Tiene un nombre bonito, quizá heredado de padres creyentes, y una vida que no le hace justicia a ese nombre. Ha logrado cosas, tiene con qué pagar, y aun así hay una parte suya que sospecha que si Jesús pasara por su calle, no se detendría. Hoy, antes de que termine el día: escriba en un papel el nombre de la persona que usted ha dado por perdida, y ore por ella en voz alta durante dos minutos, usando su nombre.

El Intertexto

Lucas ya nos había preparado. En el capítulo 5 llama a Leví, otro publicano, sentado en su mesa de impuestos, y se sienta a comer con sus colegas mientras los religiosos murmuran. En el capítulo 18, justo antes de este relato, un joven rico se va triste porque no puede soltar sus bienes, y Jesús comenta lo difícil que le resulta a un rico entrar en el reino. Entonces aparece Zaqueo: publicano y rico, las dos imposibilidades juntas en un solo hombre pequeño. Lucas parece decirnos: ¿pensaron que era imposible? Miren esto. El versículo 2 es la respuesta narrativa a la pregunta que quedó abierta unas líneas antes, cuando los discípulos preguntaron quién podrá salvarse.

El Personaje Principal

Imagínelo esa mañana. Un hombre bajo, bien vestido, con dinero suficiente para comprar cualquier cosa menos el saludo de sus vecinos. Es "el principal de los publicanos": no un empleado, sino el que subcontrata a otros y se queda con la diferencia. Ha aprendido a vivir con la mirada torcida de la gente, o eso cree. Y sin embargo algo lo empuja a la calle esa mañana. No manda a un sirviente a preguntar; va él mismo. Un hombre rico corriendo y trepando un árbol es una escena ridícula, y él lo sabe, y lo hace igual. Esa es su verdad escondida: el dinero le compró todo menos la paz de no necesitar nada. Debajo del cargo y de la fortuna hay un hombre con hambre.

El Contexto

Jericó, unos veinticinco kilómetros al noreste de Jerusalén, en el valle del Jordán, era rica: bálsamo, dátiles, palmeras, y una aduana clave en la ruta comercial y en el paso de peregrinos hacia la fiesta. Roma vendía el derecho de cobrar impuestos; quien lo compraba recuperaba la inversión exprimiendo a sus propios paisanos. Por eso el publicano no era solo un cobrador antipático, era un colaboracionista, alguien que se enriquecía con la ocupación de su pueblo. Estaba excluido socialmente y considerado impuro. Y en ese momento la ciudad está llena de peregrinos subiendo a la Pascua, cantando salmos, empujándose. Entre ellos, Jesús camina hacia su última semana. La multitud que le rodea es la misma que, unos versículos después, murmurará porque él eligió la casa equivocada.

Reflexión

¿A quién de su entorno ha dejado usted de mirar, porque ya sabe de antemano lo que va a ver?

Si Dios le pusiera hoy la etiqueta que otros le ponen, ¿cuál sería, y qué haría usted con la posibilidad de que Jesús la mire y siga caminando hacia usted?

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Preguntas frecuentes sobre Luke 19:2

Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.

¿Qué significa Lucas 19:2?
"Y he aquí un varón llamado Zaqueo." Lucas detiene la cámara. Jesús va cruzando Jericó, la multitud se mueve, el polvo del camino se levanta, y de pronto el narrador levanta la mano: miren a este. Un hombre. Tiene nombre. Y tiene dos etiquetas pegadas encima como carteles: jefe de los publicanos, y rico.
¿De qué trata Lucas 19:2?
Jericó no es una ciudad cualquiera en la memoria de Israel. Fue la primera que cayó ante el pueblo que entraba en la tierra prometida, la ciudad de las murallas derrumbadas y del botín consagrado, donde solo una mujer de mala reputación y su casa quedaron con vida. Siglos después, otro hombre de Jericó, marcado por el dinero mal habido, está a punto de ser rescatado.
¿Cuál es el contexto histórico de Lucas 19:2?
Lucas ya nos había preparado. En el capítulo 5 llama a Leví, otro publicano, sentado en su mesa de impuestos, y se sienta a comer con sus colegas mientras los religiosos murmuran. En el capítulo 18, justo antes de este relato, un joven rico se va triste porque no puede soltar sus bienes, y Jesús comenta lo difícil que le resulta a un rico entrar en el reino.
¿Qué nos enseña Lucas 19:2 sobre el carácter de Dios?
Jericó, unos veinticinco kilómetros al noreste de Jerusalén, en el valle del Jordán, era rica: bálsamo, dátiles, palmeras, y una aduana clave en la ruta comercial y en el paso de peregrinos hacia la fiesta. Roma vendía el derecho de cobrar impuestos; quien lo compraba recuperaba la inversión exprimiendo a sus propios paisanos.
¿Por qué Lucas 19:2 sigue siendo relevante hoy?
Si Dios le pusiera hoy la etiqueta que otros le ponen, ¿cuál sería, y qué haría usted con la posibilidad de que Jesús la mire y siga caminando hacia usted?

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