Romanos 13:9
El texto
Pablo acaba de decir que no debemos nada a nadie salvo el amor mutuo. Ahora explica por qué: recita cinco mandamientos de la segunda tabla, no adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y añade que cualquier otro mandamiento queda recogido, resumido, en una sola frase: "Amarás á tu prójimo como á ti mismo."
Imagina la escena. Es de noche en un piso alto de Roma, en el barrio del Trastévere quizá, olor a aceite quemado y a pan. Una veintena de personas apretadas: un liberto, dos esclavas, un artesano judío que hace poco volvió del destierro de Claudio, un par de gentiles que hasta hace tres años sacrificaban a los lares. Febe ha traído la carta. El lector avanza, y cuando llega a los mandamientos la sala cambia de temperatura, porque esas palabras las conocen de memoria unos, y otros las oyen por primera vez como una acusación. Y entonces cae la última frase, y todos entienden que el apóstol acaba de mirarlos a la cara unos a otros.
El núcleo
Fíjate en lo que Pablo hace con la ley. No la deroga ni la suaviza; la comprime. "En esta sentencia se comprende sumariamente" traduce un verbo griego, anakephalaioo, que significa poner bajo un mismo encabezado, sumar una columna de cifras y escribir el total abajo. El total de la ley, dice Pablo, es amor al prójimo. Eso no significa que los mandamientos se disuelvan en un sentimiento cálido. Significa lo contrario: que el amor tiene contenido, y el contenido es que no destruyas la cama de tu vecino, ni su vida, ni sus bienes, ni su nombre, ni siquiera lo desees en secreto. Dios no pide entusiasmo religioso. Pide que el otro esté a salvo contigo.
El hilo conductor
Ese resumen no lo inventó Pablo. Está en Levítico 19, enterrado entre leyes sobre cosechas y pesas, y Jesús lo sacó a la superficie cuando le preguntaron cuál era el gran mandamiento. Pablo escribe como quien ha oído esa enseñanza y la ha entendido hasta el fondo. El hilo va más lejos todavía. El mandamiento nuevo de Jesús no fue amar al prójimo como a uno mismo, sino como él nos amó, y esa medida es la cruz. Por eso este versículo no cuelga en el aire como un ideal ético. Cuelga de un hombre clavado que no adulteró, no mató, no robó, no mintió, no codició, y que amó al prójimo hasta ocupar su lugar. La ley cumplida tiene rostro.
El espejo
Cinco prohibiciones y todas tienen dirección: apuntan al otro. Detente en la última, la que nadie ve. "No codiciarás." Puedes cumplir las cuatro primeras y seguir mirando la casa de tu cuñado, el ascenso de tu compañera, el matrimonio que parece funcionar mejor que el tuyo. La codicia es el pecado que no deja pruebas y que envenena todo lo demás; empieza como cálculo silencioso y termina en frialdad hacia gente concreta. Y observa la medida: "como á ti mismo." Tú sabes exactamente cuánto te defiendes, cuánto te justificas, con qué velocidad te buscas excusas. Esa misma energía, dice Pablo, va dirigida hacia el hombre que vive en tu rellano, hacia la colega que te irrita, hacia tu hijo adolescente insoportable.
El intertexto
Dos ecos. El primero, el versículo siguiente, que Pablo pone como definición mínima: "La caridad no hace mal al prójimo." Casi decepciona por lo modesto, y sin embargo es un suelo firme. Antes de preguntarte si amas de verdad, pregúntate si has dejado de hacer daño. El segundo eco viene de Santiago, que llama a este mandamiento la ley real, la ley del rey, y advierte que quien hace acepción de personas la quebranta. Los dos apóstoles, tan distintos de temperamento, coinciden: el amor al prójimo no es la parte fácil de la fe, es el examen entero.
Contexto
Roma, finales de los años cincuenta. La comunidad cristiana es una minoría sospechosa, fracturada entre judíos que regresan tras el edicto de Claudio y gentiles que mientras tanto habían tomado el mando en las casas de reunión. Se juzgan mutuamente por comidas y calendarios. Y justo antes de este versículo Pablo ha hablado de impuestos, de autoridades, del cuchillo del magistrado. En un imperio donde el honor se medía por deudas y favores, donde deber algo a alguien te ataba, Pablo dice: liquidad todas las cuentas, quedaos con una sola deuda impagable. Eso, en aquella cultura, era casi escandaloso. La única obligación permanente del cristiano es una que nunca podrá saldar.
La pregunta
¿Y si amar al prójimo como a mí mismo resulta imposible? Porque lo es. Pablo lo sabe: en el capítulo siete de esta misma carta ha descrito con crudeza al hombre que quiere el bien y hace el mal. No resuelve la tensión aquí y yo tampoco la voy a resolver. Solo señalo dónde la deja él: unos versículos más adelante, "vestíos del Señor Jesucristo". No dice esforzaos más. Dice ponéoslo encima como una prenda, cada mañana, porque la ley cumplida no brota de tu voluntad sino de una vida prestada. Sigue siendo trabajo. Pero no es trabajo tuyo solo.
Reflexión
¿Quién es hoy, con nombre y apellido, el prójimo al que estoy dispuesto a no hacer mal pero no a amar?
¿Qué deudas emocionales o materiales estoy usando para mantener a alguien atado a mí, en lugar de dejar la única deuda que Pablo permite?
Libros cristianos que valen la pena
Libros seleccionados a mano, disponibles en tu idioma.
Una defensa clara y accesible de las verdades esenciales de la fe cristiana que fortalece la razón y el corazón del creyente.
Una alegoría inolvidable del viaje del cristiano hacia la Ciudad Celestial que ilumina las luchas y gozos de la vida de fe.
El testimonio íntimo de un alma inquieta que encuentra descanso en Dios, y sigue hablando al corazón de cada generación.
Las Cartas del Diablo a su Sobrino
Con ingenio y agudeza, Lewis desenmascara las tentaciones cotidianas y nos ayuda a vivir alerta espiritualmente.
Un llamado valiente a seguir a Cristo sin reservas, recordándonos que la gracia verdadera transforma toda la vida.
Como Asociado de Amazon, Faith.network gana con las compras que califican. Esto ayuda a mantener la plataforma gratuita.
Preguntas frecuentes sobre Romans 13:9
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Romanos 13:9?
¿De qué trata Romanos 13:9?
¿Cuál es el contexto histórico de Romanos 13:9?
¿Qué nos enseña Romanos 13:9 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Romanos 13:9 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Romans 13
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra." Pablo escribe esto bajo Roma, no bajo un gobierno justo. Y aun así incluye la honra en la lista de deudas. No solo debemos dinero. ¿A quién le debes una palabra de respeto que llevas años reteniendo?
Padre, reconozco que muchas veces me resisto a lo que tú has puesto en orden, y llamo libertad a mi terquedad. Ayúdame a distinguir entre la obediencia que honra y el miedo que calla. Dame un corazón humilde, no rebelde, que confíe en tu gobierno.
Padre, tantas veces cumplo reglas por fuera y por dentro sigo lejos del amor. Enséñame a mirar a quien tengo al lado como me miro a mí mismo, con esa misma paciencia. Que todo lo que hago hoy nazca de ahí y no del miedo.
Explora este pasaje en otro nivel
¿Principiante, teólogo o una lectura de otra extensión? Ajusta las opciones y genera tu propia versión.
Abrir en la herramienta de estudio