Malaquías 2
Explicación e historia bíblica para edad escolar (7-12)
La explicación
Malaquías fue uno de los últimos profetas. El pueblo había vuelto del destierro, el templo estaba reconstruido, los sacrificios se ofrecían otra vez. Todo parecía funcionar. Pero Dios mira más profundo que lo que parece.
El capítulo 2 empieza con un mensaje dirigido a un grupo muy concreto: los sacerdotes. «AHORA pues, oh sacerdotes, á vosotros es este mandamiento.» Ellos eran los que debían enseñar a la gente quién era Dios. Y Dios dice: si no me dan gloria, maldeciré sus bendiciones, «porque no lo ponéis en vuestro corazón».
Después viene una frase que quizá te haga arrugar la nariz. Dios dice que esparcirá sobre sus rostros el estiércol de sus fiestas. En el templo, los restos de los animales sacrificados se quemaban lejos, fuera del campamento, porque eran basura. Dios dice: eso es lo que están dando ustedes, y eso les voy a devolver a la cara. Es una imagen dura, y está escrita así a propósito. Dios no habla suavecito cuando algo se ha torcido de verdad.
Luego Dios recuerda cómo debían ser los sacerdotes. Habla de Leví, el antepasado de la tribu sacerdotal, y de su pacto con él, un pacto «de vida y de paz». Un pacto es un acuerdo firme, una promesa mutua que ata a dos partes. De Leví se dice algo hermoso: «La ley de verdad estuvo en su boca, é iniquidad no fué hallada en sus labios… y á muchos hizo apartar de la iniquidad.» Un sacerdote es un mensajero: la gente iba a su boca a buscar la palabra de Dios.
Pero estos sacerdotes se habían apartado del camino. Peor aún: hicieron tropezar a muchos. Y aplicaban la ley con favoritismo, siendo blandos con los ricos y duros con los pobres.
Después Dios se dirige a todo el pueblo. Hace una pregunta que abre los ojos: «¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha criado un mismo Dios?» Entonces, ¿por qué se traicionan unos a otros? Habían roto promesas: promesas a Dios y promesas dentro de sus propias familias. Muchos hombres habían abandonado a sus esposas. Lloraban sobre el altar, pedían a Dios que aceptara sus ofrendas, y Dios respondía: no. Y cuando preguntaban «¿Por qué?», Dios contestaba: porque yo fui testigo de esa promesa que hiciste, y tú fuiste desleal.
El capítulo termina con una frase asombrosa: «Habéis hecho cansar á Jehová con vuestras palabras.» ¿Con cuáles? Con estas: el que hace el mal le agrada a Dios; y si no, ¿dónde está el Dios que juzga? Estaban diciendo que a Dios le da igual.
¿Qué significa esto?
Aquí aprendemos algo que no siempre es cómodo: a Dios le importa lo que hacemos cuando nadie mira. Los sacerdotes cumplían con las ceremonias, pero su corazón estaba en otra parte. Y las palabras cuentan. Lo que decimos sobre Dios puede acercar a otros a él o hacerlos tropezar.
También vemos de qué lado está Dios. Cuando alguien fuerte deja tirado a alguien más débil, Dios no se queda mirando en silencio. Él dice: yo fui testigo. Eso significa que las personas heridas y abandonadas nunca están solas con su dolor.
Hay versículos aquí que siguen siendo difíciles, incluso para quienes estudian la Biblia toda la vida. El versículo 15, por ejemplo, es tan corto y apretado que se puede leer de varias maneras. Y no voy a inventarte una respuesta redonda. Lo que sí está claro es esto: Dios odia la traición, y le duele.
El hilo conductor
Fíjate otra vez en la descripción de Leví: verdad en su boca, ninguna maldad en sus labios, y a muchos hizo apartar del pecado. Ningún sacerdote de Israel cumplió eso por completo. Pero siglos después llegó alguien de quien se puede decir palabra por palabra: Jesús. En su boca solo había verdad, y él aparta a muchos del mal, no con discursos, sino dando su propia vida.
Y esa pregunta burlona del final, «¿dónde está el Dios de juicio?», recibe respuesta justo en el capítulo siguiente: Dios enviará a su mensajero, y él vendrá. Dios no estaba ausente. Estaba en camino.
Para ti
Piensa en las promesas pequeñas que haces: que guardarás un secreto, que no dejarás sola a esa amiga, que ayudarás mañana. Nadie las apunta en un papel. Pero Dios es testigo también de esas.
Y si en tu casa alguna promesa se rompió, quiero decirte algo con claridad: no fue tu culpa, y Dios ve tu tristeza. Él no se cansa de ti. Lo que le cansa son las palabras que fingen que el mal no importa.
Conversemos
¿Qué palabras tuyas podrían acercar a alguien a Dios, y qué palabras podrían hacerlo tropezar?
Dios dice que fue testigo de una promesa. ¿Cómo te hace sentir eso: seguro, incómodo, o las dos cosas?
Oremos juntos
Señor, tú escuchas todo lo que digo y ves todas mis promesas. Ayúdame a ser fiel en lo pequeño. Gracias porque tú nunca me dejas tirado. Amén.
Preguntas sobre Malaquías 2
Respuestas breves para quienes leen sobre esto por primera vez.
¿De qué trata Malaquías 2?
¿Qué dice Malaquías 2?
¿Qué nos enseña Malaquías 2 acerca de Dios?
¿Qué puede aprender niños de Malaquías 2?
¿Por qué Malaquías 2 es una historia bíblica importante?
Lo que otros descubrieron
Fuerte la imagen: "echaré el estiércol sobre vuestros rostros, el estiércol de vuestras solemnidades". Lo que sobraba del animal, lo que nadie quería mirar, Dios se lo devuelve al rostro del sacerdote. La ofrenda descuidada nunca es neutral. Cuando le doy a Dios lo que me sobra, eso mismo termina marcándome. ¿Qué le estás entregando hoy?
Dios no les pide que dejen el altar. Les pide el corazón. "Si no oyereis, y si no resolviereis de corazón dar gloria á mi nombre... maldeciré vuestras bendiciones." Lo más triste es esa frase final: "porque no lo ponéis en vuestro corazón". Se puede servir con las manos llenas y el alma ausente. ¿Dónde está hoy tu corazón mientras sirves?
Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca buscarán la ley." Fíjate en el verbo: buscarán. Alguien viene a tu boca esperando encontrar algo de Dios. Tu hijo, tu amigo cansado, el que trabaja a tu lado. Y lo que guardas en los labios es lo que van a encontrar. ¿Qué has estado guardando?
¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha criado un mismo Dios? ¿Por qué menospreciaremos cada uno á su hermano?" Malaquías no discute costumbres, va al origen. La persona que te cuesta mirar salió de las mismas manos que tú. Herirla es tocar la obra de tu Padre. ¿A quién estás tratando como si Dios no lo hubiera formado?
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