Isaías 57:19
El Texto
Después de once versículos de acusación, de camas extendidas en los montes y de hijos sacrificados en los barrancos, la voz cambia de tono. Dios dice que ha visto los caminos torcidos de su pueblo y que, aun así, va a sanar, a pastorear, a consolar. Y entonces llega esta línea extraña y hermosa: "Crío fruto de labios: Paz, paz al lejano y al cercano, dijo Jehová; y sanarélo." Dios mismo fabrica el habla que faltaba. Crea en bocas mudas o mentirosas una palabra nueva, y esa palabra es paz; paz anunciada dos veces, repetida como quien insiste porque sabe que no le van a creer a la primera, y dirigida tanto al que está lejos como al que nunca se movió.
El Núcleo
Fíjate en el verbo: Dios cría, crea, el fruto de los labios. No espera que el pueblo encuentre por su cuenta las palabras correctas; en el versículo 10 ese pueblo ya demostró que ni siquiera sabe decir "no hay remedio". Su boca se había ensanchado para burlarse (v. 4) y su lengua se había alargado. Ahora Dios interviene en el órgano mismo de la rebelión y planta allí una cosecha distinta. La paz no es un sentimiento que brota del arrepentimiento humano, sino un anuncio que Dios pone en circulación antes de que nadie lo merezca. Y el versículo se cierra donde empezó el problema: "y sanarélo". Primero la palabra, después la curación. El Dios que habita la eternidad y la altura (v. 15) se inclina a redactar discursos para quebrantados.
El Hilo Conductor
Hay una palabra en este versículo que atraviesa siglos: "al lejano y al cercano". En Isaías el lejano es probablemente el exiliado, el que está en Babilonia, a kilómetros del monte santo; el cercano es el que se quedó en Jerusalén entre las ruinas. Pero cuando Pablo escribe a los efesios recoge justamente este par y lo ensancha: los que estaban lejos son los paganos, sin pacto y sin esperanza, y Cristo vino a anunciar paz a los de lejos y a los de cerca. Pablo no está adornando su carta con una cita bonita; está diciendo que ese "fruto de labios" que Dios prometió crear tiene por fin un rostro y una voz. El anuncio que Dios fabricó en Isaías se hace carne y predica. Y la herida que se iba a sanar resultó ser sanada por las heridas de otro.
El Espejo
Conozco la escena del versículo 10 mejor de lo que quisiera: cansarse en la multitud de los caminos propios y, aun así, no decir "no hay remedio". Es el matrimonio en el que llevas años gestionando el silencio en lugar de romperlo. Es el trabajo donde ya no crees en lo que haces pero sigues porque la hipoteca manda. Es la fe que se mantiene por costumbre mientras el corazón hace tiempo que puso su cama en otro monte. Y la trampa es precisamente la que describe Isaías: hallaste la vida de tu mano, encontraste fuerzas suficientes para aguantar un mes más, y por eso no te arrepentiste. El agotamiento que todavía se sostiene solo es el enemigo más educado de la gracia. Hoy, en voz alta y sin audiencia, di esta frase del texto como confesión propia: "no hay remedio"; y después, también en voz alta, "paz, paz al lejano y al cercano". Deja que la segunda frase sea la respuesta a la primera.
El Detalle
"Crío fruto de labios." La imagen es agrícola y resulta incómoda si uno la toma en serio. Un fruto no se fabrica, crece; y crece en un árbol concreto, con raíz, tiempo y lluvia. Dios está diciendo que va a cultivar algo en el lugar donde antes solo hubo burla y mentira, como quien planta un huerto en un vertedero. Y el fruto no es una emoción interior ni una convicción privada: son labios, es sonido, es algo que sale de la boca y entra en otro oído. La paz de Dios, en Isaías, necesita alguien que la diga. Por eso el versículo 14 insistía: allanad, barred el camino. Dios no solo repara corazones; crea mensajeros. La pregunta es de quién serán esos labios.
La Pregunta
Dos versículos después el libro cierra la puerta: "No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos." ¿Cómo encaja eso con una paz ofrecida al lejano y al cercano? La tentación es suavizarlo diciendo que Dios ofrece a todos y algunos simplemente no aceptan, y algo de verdad hay. Pero Isaías es más áspero: compara a los impíos con un mar que no puede estarse quieto, que arroja cieno y lodo. No es que les nieguen la paz desde fuera; es que su interior no tiene dónde posarse. La paz existe, se anuncia, se grita dos veces, y hay quien la oye como ruido de fondo. El texto no resuelve ese misterio. Solo nos deja frente a la pregunta de qué clase de agua somos.
El Intertexto
La carta a los Hebreos recoge esta misma expresión, "fruto de labios", y la convierte en sacrificio de alabanza: lo que Dios crea en nuestra boca, se lo devolvemos. El círculo se cierra; el regalo vuelve al Dador en forma de confesión. Y en el fondo late el Salmo 85, donde la justicia y la paz se besan, esa imagen casi escandalosa de dos atributos que parecían enemigos reconciliándose. Isaías 57 muestra exactamente cómo: el Dios que dice "¿No me tengo de vengar de estas cosas?" es el mismo que dice "y sanarélo". No son dos dioses. Es uno solo que decide hablar primero.
Reflexión
¿Dónde has encontrado "la vida de tu mano" lo bastante como para no necesitar arrepentirte todavía?
Si Dios crea fruto de labios, ¿a quién tendrías que decirle "paz" esta semana, sabiendo que esa palabra no nace de ti?
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Preguntas frecuentes sobre Isaiah 57:19
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Isaías 57:19?
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¿Cuál es el contexto histórico de Isaías 57:19?
¿Qué nos enseña Isaías 57:19 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Isaías 57:19 sigue siendo relevante hoy?
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