Josué 5:9
El texto
Cuchillos de pedernal, hombres adultos recuperándose en el suelo del campamento, y sobre esa escena Dios pronuncia una frase breve: "Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto". Por eso aquel lugar quedó con el nombre de Gilgal, y así se llamaba todavía cuando alguien escribió esta historia generaciones después. El versículo es una sola declaración divina y una etimología, pero llega justo después de que toda una generación nacida en el desierto ha sido circuncidada, y justo antes de que celebren la pascua en los llanos de Jericó. Entre la sangre del pedernal y el pan sin levadura, Dios dice que una vergüenza vieja ha sido removida.
El corazón
Piense en lo que significaba esa vergüenza para quienes acamparon allí. Eran hijos de esclavos. Sus padres habían muerto en la arena por desobedientes, y ellos mismos habían crecido oyendo el reproche implícito: pueblo sin tierra, sin templo, sin nada que mostrar, marcados por el país que los había usado como mano de obra. Ni siquiera llevaban en el cuerpo la señal del pacto. Y Dios no dice "hoy se han portado bien". Dice "hoy he quitado", en primera persona, un acto suyo. El oprobio no se lava con conquistas ni con currículum; se quita porque Dios decide quitarlo. Eso es gracia antes de que exista la palabra: una identidad devuelta a gente que no tenía cómo recuperarla sola, en el suelo, todavía sanando.
El hilo conductor
El nombre Gilgal juega con un verbo hebreo que significa "rodar", como quien empuja una piedra fuera del camino. Dios no lima la vergüenza ni la disimula: la hace rodar lejos. Y observe dónde ocurre. En el umbral. No en Egipto, no en el desierto, sino con Jericó a la vista, antes de la primera batalla. Israel entra a la tierra prometida marcado en la carne por un pacto que no ganó. Siglos después, Pablo dirá que en Cristo los creyentes recibieron una circuncisión no hecha a mano, hecha en el corazón; el mismo movimiento, la misma lógica, la misma dirección. Dios corta algo, duele, y del otro lado hay pertenencia. Y note lo que sigue en el capítulo: comen la pascua, y el maná cesa. El cordero y el pan de la tierra. La sangre y la mesa. Todo el evangelio cabe en ese orden.
El espejo
Usted también carga un Egipto. Puede ser la casa donde creció y de la que todavía no habla en voz alta. Puede ser el negocio que quebró y dejó a otros pagando, el matrimonio que se deshizo y del que sigue sintiéndose el culpable, el año que perdió por una adicción, el apellido que en su ciudad significa algo que usted no eligió. Lo que hace ese oprobio es callarlo justo antes de entrar en algo nuevo: usted no pide ese puesto, no ofrece esa amistad, no se levanta a servir, porque una voz vieja le recuerda de dónde viene. Y Dios, en el suelo, con la gente todavía sanando, dice que él ya lo quitó. No cuando usted se recupere. Hoy. Hoy, escriba en un papel la frase exacta que su vergüenza le repite, y debajo copie con su letra: "Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto". Léalo en voz alta y rompa el papel.
Reflexión
Si Dios ya hizo rodar lejos ese oprobio, ¿a quién le sigue sirviendo que usted lo conserve?
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Preguntas frecuentes sobre Joshua 5:9
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Josué 5:9?
¿De qué trata Josué 5:9?
¿Cuál es el contexto histórico de Josué 5:9?
Lo que la comunidad comparte sobre Joshua 5
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Padre, no quiero dar vueltas cuarenta años por no escucharte. Ablanda mi terquedad, enséñame a confiar cuando tu voz me pide algo difícil. Que no me pierda por miedo lo bueno que tienes preparado para los míos y para mí.
Padre, hubo años en el camino en que dejé cosas sin hacer, señales de tu pacto que nunca marqué en mi vida. Gracias porque no me descartas por eso. Antes de entrar a lo que prometiste, ponme tu marca de nuevo y hazme tuyo sin dudas.
Gracias, Señor, porque antes de darnos Jericó nos detienes y nos dices como a Josué: "Hazte cuchillos afilados". Gracias porque te importa más nuestra consagración que nuestra prisa, y porque renuevas la señal del pacto en una generación que la había perdido.
Padre, tú levantaste una nueva generación cuando la anterior se quedó en el camino. Gracias porque lo que quedó pendiente en mi historia no te detiene. Márcame como tuyo, aquí, hoy, y enséñame a caminar en lo que otros no alcanzaron a ver.
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