Salmos 115
El Texto
Empieza con una negación doble, casi terca: "NO á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, sino á tu nombre da gloria". El pueblo está bajo la burla de las naciones, que preguntan dónde se ha metido ese Dios suyo, y la respuesta del salmo no es una defensa nerviosa sino una declaración serena: nuestro Dios está en los cielos y hace lo que quiere. Sigue una demolición irónica de los ídolos, hechos de plata y oro por manos humanas, con boca que no habla y ojos que no ven, y una advertencia mordaz: quienes los fabrican terminan pareciéndose a ellos. Luego el tono cambia a exhortación y bendición: Israel, la casa de Aarón y los que temen al Señor son llamados a confiar, y el salmo cierra con vivos que bendicen a Dios para siempre.
El Núcleo
Aquí se juega algo más grande que una polémica contra estatuas. El salmo distingue dos maneras de existir: la de un Dios que actúa porque quiere ("todo lo que quiso ha hecho") y la de objetos que existen porque alguien los fabricó. Esa es la frontera entre Creador y criatura, y de ella depende todo lo demás. Si Dios es libre y soberano, entonces la gloria no puede repartirse entre él y nosotros; de ahí ese "no á nosotros" repetido, que no es falsa modestia sino teología pura. Y fíjate en la razón que da el salmo: "por tu misericordia, por tu verdad", es decir, por el amor fiel del pacto y la firmeza de su palabra. La gloria de Dios y la salvación del pueblo no compiten; la segunda brota de la primera. Confiar en el Señor no es una técnica religiosa, sino reconocer quién sostiene a quién.
El Hilo Conductor
La burla de las naciones, "¿Dónde está ahora su Dios?", atraviesa toda la Escritura y encuentra su punto más agudo en un madero, cuando los que pasaban desafiaban al Crucificado a bajar y demostrar que Dios estaba con él. El silencio de aquella tarde parecía darles la razón a los burladores. Pero el salmo ya había enseñado a leer de otro modo: "nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso ha hecho". La cruz no fue la ausencia de Dios sino su voluntad cumplida. Y el "no á nosotros" alcanza allí su forma definitiva: la salvación se recibe entera de fuera, por la misericordia y la verdad del pacto, no por lo que nuestras manos fabrican. La gracia es, en el fondo, este salmo hecho carne.
El Espejo
Lo más incómodo del salmo es el versículo 8: "Como ellos son los que los hacen". Nos volvemos como aquello en lo que confiamos. Quien apuesta su vida al rendimiento laboral termina midiendo a las personas por su utilidad; quien vive del saldo bancario desarrolla ojos que no ven al que pide; quien necesita la aprobación ajena acaba con boca que no dice nada verdadero por miedo a perderla. Los ídolos no castigan con rayos, castigan por contagio: te encogen a su tamaño. Y la pregunta no es si tienes ídolos, sino qué has ido perdiendo la capacidad de ver, oír o tocar. Hoy, antes de dormir, escribe en un papel el nombre de aquello a lo que recurres primero cuando tienes miedo, y di en voz alta sobre ese papel: "Jehová, él es mi ayuda y mi escudo".
El Perfil
Quienes cantaron esto por primera vez no eran una potencia. Probablemente eran los que volvieron del destierro, o los que vivían bajo dominio extranjero, con un templo modesto comparado con los santuarios imperiales que habían visto en Babilonia: procesiones deslumbrantes, imágenes de oro, dioses visibles y palpables. Frente a eso, ellos tenían un santuario sin imagen alguna. La pregunta "¿Dónde está ahora su Dios?" no era abstracta, era el argumento de los vencedores. Por eso el salmo nombra tres grupos: Israel, la casa de Aarón, y "los que teméis á Jehová", que probablemente incluía a extranjeros atraídos al Dios de Israel. Nadie quedaba fuera del llamado a confiar, ni los sacerdotes ni los recién llegados, ni "chicos" ni "grandes".
La Pregunta
Y entonces llega el versículo 17: "No alabarán los muertos á JAH, ni cuantos descienden al silencio". Es duro, y no conviene disimularlo. El salmo no conoce todavía la resurrección; ve la muerte como un lugar donde cesa la alabanza, y por eso urge bendecir a Dios ahora, mientras hay voz. No podemos leer aquí una doctrina completa del más allá, y forzarla sería deshonesto con el texto. Pero sí podemos oír lo que sí dice: que la alabanza es asunto de vivos, de cuerpos, de tiempo real. Y podemos añadir, con temblor, que Aquel que descendió al silencio volvió hablando. La respuesta llegó después; el salmo espera de rodillas.
El Detalle
"Los cielos son los cielos de Jehová: y ha dado la tierra á los hijos de los hombres." Este versículo parece un paréntesis y es una clave. No dice que la tierra nos pertenezca en propiedad, sino que fue dada, entregada en confianza, como una llave que se deja en la mano de alguien. Dios no se retira de su creación al cielo; delega. Y ahí está la ironía completa del salmo: recibimos la tierra para administrarla, y con ese material dado tomamos plata y oro y fabricamos dioses. El don se convierte en ídolo. Vivir bien esta tierra significa recibirla como regalo abierto, no como taller de sustitutos.
Reflexión
¿Qué cosa buena y recibida de Dios se ha convertido, sin que lo notaras, en aquello a lo que acudes primero cuando tienes miedo?
Si "no á nosotros" fuera cierto en tu vida esta semana, ¿qué dejarías de defender?
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Preguntas frecuentes sobre Psalms 115
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
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