Cuando el temor se convierte en gozo
Temor y gozo
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Salmos 34:4, Proverbios 12:18, Job 7:6 and Salmos 4:7.
☀ Momento de la mañana
Busqué á Jehová, y él me oyó, y libróme de todos mis temores.
Salmos 34:4
El despertador ha sonado dos veces antes de que te levantaras, y lo primero que has hecho ha sido coger el teléfono. Un mensaje sin leer, la agenda del viernes ya llena antes de las siete, y ese nudo en el estómago que no sabes bien de dónde viene pero que ya conoces bien.
David escribió estas palabras después de vivir con miedo real, huyendo, fingiendo, sobreviviendo. No las escribió desde la tranquilidad de un domingo tranquilo, sino desde el desorden de una vida amenazada. Y aun así pudo decir algo sencillo: busqué, y Él me oyó.
No dice que los temores desaparecieran antes de buscar a Dios. Dice que fueron liberados después. Hay un orden ahí que vale la pena notar: primero la búsqueda, después la liberación. No al revés.
Hoy quizá no tengas un enemigo con espada, pero sí tienes ese temor concreto que te acompaña desde que abriste los ojos. Dios no pide que lo resuelvas antes de acercarte. Pide que te acerques con él tal como está.
Hoy
Antes de salir de casa, escribe en un papel pequeño la palabra que resume tu mayor temor de hoy. Debajo, escribe: Jehová me oye. Dóblalo y llévalo en el bolsillo o en el bolso durante el día.
✦ Momento del mediodía
Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: mas la lengua de los sabios es medicina.
Proverbios 12:18
¿Por qué contestaste así, tan seco, en el chat de trabajo hace media hora? Ya está enviado. No se puede borrar del todo, aunque lo edites.
Es mediodía y las palabras ya llevan horas saliendo de ti, en reuniones, en correos, en el pasillo con un compañero que preguntó algo obvio por tercera vez. El cansancio afila la lengua. Uno cree que solo está siendo directo, eficiente, pero a veces lo que sale corta más de lo que pretendía.
El proverbio no pide que dejes de hablar. Pide que elijas qué clase de lengua tienes hoy: una que hiere de paso, sin pensarlo, o una que cura aunque cueste un poco más de tiempo formular la frase. La medicina también exige esfuerzo, solo que otro tipo de esfuerzo.
Dios ve el correo que aún no has enviado, la respuesta que todavía puedes suavizar. Él no te pide perfección para esta tarde, solo un poco de atención antes de que las palabras salgan.
Hoy
Antes de enviar tu próximo mensaje, correo o comentario de esta tarde, deténte diez segundos y léelo en voz baja, como si tú lo recibieras. Cambia una sola palabra si hace falta, y envíalo así.
◐ Momento de la tarde
Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
Job 7:6
La lanzadera del tejedor es una palabra que casi nadie se detiene a mirar. Es pequeña, va y viene entre los hilos tan rápido que el ojo apenas la sigue, y sin embargo es ella la que teje toda la tela. Job no elige esa imagen al azar. Está describiendo algo que pasa demasiado deprisa para notarlo, pero que va formando, hilo a hilo, el paño entero de sus días.
Es viernes por la tarde. La semana se ha movido como esa lanzadera, de un lado a otro, entre tareas, reuniones, listas, y quizá ni siquiera recuerdas bien qué hiciste el martes. Job no está quejándose de estar ocupado. Está diciendo algo más duro: que sus días se van sin dejar huella de esperanza, y que eso le duele.
No hay una respuesta fácil aquí. El texto no te dice que respires hondo y todo mejorará. Job sigue hablando así varios capítulos más, y Dios tarda en responder. Pero el hecho de que estas palabras estén en la Biblia, tal cual, sin suavizar, dice algo: Dios no necesita que finjas que tus días tienen sentido cuando sientes que se te escapan como un hilo entre los dedos.
Quizá hoy no busques una conclusión bonita. Quizá solo necesites decir, como Job, que la semana pasó demasiado rápido y demasiado vacía.
Hoy
Detente un minuto. Toma un papel y escribe la hora exacta de ahora. Debajo, escribe una sola palabra que describa cómo sentiste pasar esta semana, y ofrécela a Dios en silencio, sin añadir nada más.
☾ Momento de la tarde
Tú diste alegría en mi corazón, más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto.
Salmos 4:7
Alegría. No dice victoria, ni éxito, ni resultado. Dice alegría, y la pone directamente en el corazón, como algo que Dios mismo coloca allí, sin que el salmista tenga que fabricarla con sus propias fuerzas al final de un día largo.
Hoy ha sido un viernes de tareas cumplidas, de conversaciones, de idas y venidas. Quizás el balance del día no te salió como esperabas. El salmista tampoco habla de una cosecha abundante ni de un vino que sobraba: habla de otros que sí tenían eso, y aun así confiesa que su propia alegría venía de otro lugar, de la mano de Dios sobre su corazón.
Eso cambia la pregunta de esta noche. No es ¿cuánto logré hoy?, sino ¿dónde puse mi alegría? Si la buscaste solo en lo que salió bien, quizás llegas a esta hora con las manos casi vacías. Pero si la recibes como un regalo puesto en ti, no como algo que tuviste que ganar, la noche se vuelve más liviana.
Dios no espera que inventes gratitud de la nada. Él la da. Solo hace falta abrir la mano y dejar que entre, incluso después de un día ordinario, incluso sin grano ni vino de sobra.
Hoy
Antes de dormir, siéntate un minuto, respira hondo y di en voz alta una cosa concreta de hoy por la que puedas dar gracias, aunque parezca pequeña. Nómbrala despacio, como quien entrega el día a Dios.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
4Busqué á Jehová, y él me oyó, y libróme de todos mis temores.
18Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: mas la lengua de los sabios es medicina.
6Y mis días fueron más ligeros que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza.
7Tú diste alegría en mi corazón, más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto.
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