Confianza y fe en medio de la duda
Fe que confía
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Isaías 43:1, Santiago 1:26, Job 21:7 and Salmos 34:8.
☀ Momento de la mañana
Y AHORA, así dice Jehová Criador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.
Isaías 43:1
El nombre se pronuncia en voz alta, como cuando pasan lista en el aula, en el turno de la fábrica, o en la sala de espera antes de una cita importante. Alguien levanta la mano, o el corazón, y responde: presente.
Así suena este versículo. No es una fórmula religiosa lanzada al aire, sino Dios llamando por nombre, como quien conoce exactamente a quién se dirige. No dice 'a los que se lo merecen' ni 'a los que hoy se sienten fuertes'. Dice tu nombre, con todo lo que hoy cargas: el cansancio de la rutina, las preocupaciones que ya empezaron antes del café, la sensación de ser uno más entre tantos.
Y añade algo todavía más firme: te he redimido, mío eres tú. No hay condición añadida, no depende de cómo te vaya hoy en el trabajo o en casa. La pertenencia viene primero, antes de cualquier logro o fracaso del día.
Empezar la mañana así cambia el paso. No caminas hacia un día vacío que debes llenar de sentido tú solo. Caminas ya siendo de Alguien que te llamó antes de que abrieras los ojos.
Hoy
Antes de salir de casa, escribe tu nombre en un papel pequeño y, debajo, estas tres palabras: redimido, llamado, suyo. Guárdalo en el bolsillo o en la cartera y tócalo una vez durante el día, cuando lo necesites.
✦ Momento del mediodía
Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.
Santiago 1:26
¿Por qué te callaste a la fuerza en esa reunión, y no porque tu corazón estuviera realmente en paz?
Es mediodía. Ya llevas horas de correos, llamadas y decisiones pequeñas que cansan más de lo que parecen. Y probablemente ya has tragado una respuesta cortante, o la has soltado sin pensarlo. La lengua no descansa aunque el cuerpo esté sentado.
Santiago no habla de teología elevada. Habla de la boca. Puedes orar por la mañana, leer tu Biblia, cantar el domingo, y aun así vivir una fe vacía si no cuidas lo que sale de ti a las once y media de un miércoles cualquiera. La religión verdadera se mide también en el tono con el que respondiste al compañero torpe, o en el comentario que guardaste en vez de lanzarlo.
No se trata de reprimir por orgullo, de morderse la lengua para parecer espiritual. Se trata de que el corazón esté de verdad ordenado, y entonces la boca lo refleje. Eso solo lo hace Dios en ti, poco a poco, en medio de la jornada, no fuera de ella.
Hoy
Antes de tu próxima llamada o reunión de hoy, escribe en un papel la frase cortante que casi dijiste esta mañana. Táchala, y en su lugar di en voz alta, aunque sea solo para ti, la frase amable que sí puedes ofrecer en su lugar.
◐ Momento de la tarde
¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
Job 21:7
Job está sentado entre las cenizas, con la piel abierta de llagas, escuchando a sus tres amigos repetir la misma fórmula: si sufres, algo hiciste mal. Y entonces, en vez de callar, Job levanta la voz y pregunta lo que ellos no quieren oír.
Es media tarde de un miércoles cualquiera, y tú también tienes esa pregunta guardada. El compañero que atajó camino y ahora asciende. El vecino que nunca piensa en nadie y aun así le va bien. Tú, que intentas hacer lo correcto, sientes que el suelo cede un poco más cada día.
Job no recibe respuesta inmediata. Ningún ángel baja a explicarle por qué el malvado envejece tranquilo mientras el justo se consume. El libro entero se niega a cerrar la herida con una frase bonita, y eso incomoda, porque queremos que Dios explique, no que espere con nosotros en la pregunta abierta.
Hay algo honesto en dejar que la pregunta siga sin respuesta un rato. La fe no exige que finjas entender lo que no entiendes. Job le habla a Dios directamente, sin suavizar nada, y eso, extrañamente, es también una forma de confiar: creer que Dios puede soportar tu reclamo sin romperse.
Hoy
Esta tarde, escribe en un papel la pregunta que llevas guardada, esa que empieza con 'por qué', y dísela a Dios en voz alta, sin editarla ni suavizarla.
☾ Momento de la tarde
Gustad, y ved que es bueno Jehová: dichoso el hombre que confiará en él.
Salmos 34:8
Cuando alguien te sirve algo nuevo en la mesa, no te lo tragas entero de un golpe. Sostienes el bocado un momento en la boca, dejas que el sabor se extienda antes de decir si te gusta. Eso es gustar, no engullir.
Un miércoles como hoy se traga entero. Reuniones, mensajes, tareas de la casa o de la escuela, todo pasa rápido por la garganta sin que le prestemos atención. Llega la noche y apenas recordamos qué comimos, qué dijimos, qué recibimos de la mano de Dios entre tanto movimiento.
David no dice crean primero y después prueben. Dice pruebe primero, vea después. Invita a detenerse el tiempo suficiente para notar que Jehová es bueno, no como una idea abstracta sino como algo que se puede saborear en lo concreto del día que acaba de pasar.
Y entonces, sin apuro, llega la conclusión natural: dichoso el hombre que confía en Él. No es una orden dura, es casi una constatación amable. El que ha probado, confía. El que ha confiado, descansa.
Hoy
Antes de apagar la luz esta noche, busca un solo momento concreto del día de hoy donde probaste algo bueno de Dios, una palabra amable, un problema resuelto, un respiro inesperado. Dilo en voz alta, como quien da las gracias por un plato bien servido.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
1Y AHORA, así dice Jehová Criador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.
26Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.
7¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
8Gustad, y ved que es bueno Jehová: dichoso el hombre que confiará en él.
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