Hechos 14
El texto
Pablo y Bernabé predican en Iconio con tal fuerza que la ciudad se parte en dos bandos, y huyen antes de que las piedras vuelen. En Listra sanan a un cojo de nacimiento y la multitud, hablando en licaónico, los toma por Júpiter y Mercurio; el sacerdote llega con toros y guirnaldas hasta las puertas. Los apóstoles rasgan sus ropas y protestan que son hombres como ellos. Poco después apedrean a Pablo y lo arrastran fuera, dándolo por muerto. Se levanta, sigue a Derbe, y vuelve por el mismo camino peligroso para nombrar ancianos y fortalecer a los discípulos.
El corazón
Fíjese en lo que Pablo escoge decir a campesinos que nunca oyeron los Salmos: no habla de Abraham ni de la ley, sino de lluvias y de cosechas. «No se dejó á sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos.» El Dios vivo no llega a Listra como un extraño; llevaba generaciones alimentando a esa gente sin que ellos supieran su nombre. Eso es más incómodo de lo que parece, porque significa que la bondad de Dios ha estado sosteniendo a personas que la atribuían a otros dioses. El evangelio no introduce a Dios en el mundo; descubre al que ya estaba allí, y llama a volverse de las «vanidades» al que da el pan.
El hilo conductor
Hay una simetría amarga en este capítulo. En Listra quieren sacrificar toros a Pablo; días después lo apedrean. La misma multitud que adora, mata. Cualquiera que haya leído los evangelios reconoce el ritmo: ramos en el camino, y luego «crucifícale». Lucas no lo dice, pero lo dibuja. Y cuando Pablo regresa a las ciudades donde casi murió para decir «que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios», está describiendo el camino de su Señor convertido en camino de la iglesia. El apedreado que se levanta y entra otra vez en la ciudad no es una resurrección, pero huele a ella. La puerta que Dios abre a los gentiles se abre desde dentro del sufrimiento, no alrededor de él.
El espejo
Lo más difícil de este capítulo no es la piedra, es la guirnalda. Pablo y Bernabé rasgan sus ropas ante el aplauso, un gesto de duelo violento, como si algo hubiera muerto. ¿Cuándo fue la última vez que le dolió ser admirado por lo que Dios hizo? Al líder de grupo pequeño que sabe explicar bien, al maestro cuya clase lo respeta, al que ora en voz alta con palabras hermosas: la tentación no es la gloria, es el silencio cómodo cuando otros la ofrecen. Y note lo rápido que el afecto de la gente se vuelve piedra. Si su servicio se alimenta de que lo quieran, en Listra durará una semana. «Nosotros también somos hombres semejantes á vosotros» es una frase que hay que aprender a decir sin falsa modestia.
La pregunta
«El cual en las edades pasadas ha dejado á todas las gentes andar en sus caminos.» Es una frase que raspa. ¿Dios los dejó? ¿Siglos de licaonios sacrificando a Júpiter, y Dios mirando? Lucas no lo suaviza, y yo tampoco puedo. Pablo no dice que esos caminos fueran inocentes; los llama vanidades. Pero tampoco dice que Dios estuviera ausente: hubo lluvia, hubo alegría en los corazones, hubo testimonio, aunque mudo y sin nombre. Queda un hueco entre la paciencia de Dios y su silencio, y el texto no lo rellena. Lo único que hace es señalar que ese silencio terminó: dos hombres polvorientos están de pie en la plaza de Listra diciéndolo en voz alta. La respuesta no es una teoría, es una llegada.
El detalle
«Rotas sus ropas.» Un judío rasgaba su túnica ante la muerte o la blasfemia. Aquí no muere nadie; le están trayendo honores. Pero para Pablo y Bernabé, oír sus nombres cambiados por Júpiter y Mercurio era escuchar una blasfemia dirigida contra ellos mismos, y eso los desgarró literalmente. Imagine la escena desde los ojos de un labrador licaónico: dos extranjeros arruinando su propia ropa buena, corriendo entre la gente y gritando en griego mientras el sacerdote sostiene la cuerda de un toro engalanado. Debió parecer locura o mala educación religiosa. El honor rechazado era un insulto público. Ese gesto, no la sanidad, es el momento en que Listra decide que estos hombres son peligrosos.
El contexto
Estamos hacia el año 47 o 48, en el altiplano de Galacia del sur, tierra dura y ventosa. Iconio era una ciudad helenizada con sinagoga y comercio; Listra, unos treinta kilómetros al suroeste, era una colonia romana pequeña y rural donde la gente seguía hablando su lengua materna, el licaónico, señal de que Lucas está mostrando el evangelio llegando al último rincón cultural, lejos del griego culto. Circulaba en esa región la historia de Zeus y Hermes visitando disfrazados a un matrimonio anciano que los hospedó, mientras los vecinos, que los rechazaron, fueron destruidos. Nadie en Listra quería repetir ese error. De ahí la prisa por los toros. Y de ahí también que la decepción, cuando llegó, fuera tan brutal.
Reflexión
¿Dónde en su vida se parece más a Listra: apedreando al mensajero, o coronándolo para no tener que escucharlo?
Si Dios ha estado «haciendo bien» en su historia mucho antes de que usted lo reconociera, ¿qué bondad concreta debería empezar a llamar por su nombre verdadero?
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Preguntas frecuentes sobre Acts 14
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Hechos 14?
¿De qué trata Hechos 14?
¿Cuál es el contexto histórico de Hechos 14?
¿Qué nos enseña Hechos 14 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Hechos 14 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Acts 14
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo sacrificar." Toda esa fiesta, y dirigida al hombre equivocado. Vieron el milagro y adoraron al instrumento, no al que sana. Qué fácil es amar al predicador, la música, la emoción, y perder de vista a Dios. ¿A quién le estás poniendo las guirnaldas?
En Listra lo habían apedreado y arrastrado fuera de la ciudad como muerto. Y mira lo que hace: "volvieron a Listra, y a Iconio, y a Antioquía". Regresó al lugar de las piedras, no por valentía fría, sino porque allí había hermanos nuevos que necesitaban ser afirmados. ¿A qué lugar te está pidiendo Dios que vuelvas?
En el viaje de ida solo pasaron por Perge, allí fue donde Juan Marcos los dejó. Ahora, de regreso, se detienen: "Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron á Attalia." Lo que antes fue lugar de dolor y prisa, ahora es lugar de siembra. Hay ciudades y personas a las que Dios te hará volver. ¿Quién te espera en tu Perge?
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