Explicación bíblica

Salmos 24:1

Biblia
Este versículo está dedicado por Oscar Danilo Mendoza· En memoria de Roberto Mendoza

El texto

El salmo abre sin saludo, sin preámbulo, con una declaración de propiedad: "DE Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan." Todo lo que hay, y todos los que hay. No se argumenta, se proclama. Y el versículo siguiente da la razón: él la fundó, él la afirmó; quien puso los cimientos tiene el título.

El corazón

Lo primero que dice la Biblia sobre la propiedad es que no es nuestra. No se trata de que Dios sea dueño de los templos y nosotros de lo demás; el versículo cierra todas las salidas: la tierra, su contenido, el mundo habitado, y los habitantes mismos. Tú también estás en la lista. Esto no es una idea religiosa entre otras, es la base del trato de Dios con nosotros. Si él es Creador, entonces la gracia no es un regalo que él nos hace con algo nuestro, sino que todo lo que recibimos ya era suyo. Y si nosotros mismos le pertenecemos, entonces la pregunta de la vida no es qué haré con lo mío, sino qué hará él con lo suyo.

El hilo conductor

Este versículo no queda flotando. Diez versículos después, las puertas eternas se abren para que entre "el Rey de gloria", y el salmo termina nombrándolo: "Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria." El dueño no es un propietario ausente; viene, entra, reclama su casa. Los primeros cristianos leyeron esas puertas pensando en Jesús, y con razón: el que sostiene el mundo es el mismo que entra en él, no con ejércitos sino en carne. Pablo cita precisamente este versículo cuando discute sobre la comida vendida en el mercado, y lo usa para liberar conciencias: si todo es del Señor, nada de lo creado está contaminado en sí mismo. La propiedad de Dios no aprieta, respira.

El espejo

Haz la prueba con lo que consideras más tuyo. Tu sueldo, después de impuestos y de la ofrenda, ese resto que sientes ganado con sudor. Tu tiempo el sábado por la mañana. Tu cuerpo, que cuidas o descuidas como si fuera asunto privado. Tus hijos, que a veces defiendes no porque tengan razón sino porque son tuyos. El salmo pasa por encima de todo eso con una sola frase y te deja sin escritura de propiedad.

Duele donde uno tiene miedo. Si todo es de Dios, no controlas nada, y eso asusta a quien ha construido seguridad a base de acumular. Pero libera exactamente en el mismo punto: lo que no es tuyo, no tienes que sostenerlo. La ansiedad de la hipoteca, el pánico ante el diagnóstico, la obsesión con el rendimiento de tus hijos: casi todo eso es el peso de administrar algo como si fueras el dueño final.

Hoy, antes de que termine el día: ve hasta el objeto que más sientes como "mío", ponle la mano encima, y di en voz alta, con tu nombre incluido: "Esto es de Jehová, y yo también."

El contexto

El Salmo 24 respira liturgia. Muy probablemente acompañaba una procesión del arca hacia el monte de Sión, con preguntas y respuestas cantadas entre los que subían y los que esperaban en las puertas. Israel era un pueblo pequeño rodeado de imperios cuyos dioses eran dioses locales: uno del río, otro de la tormenta, otro de la fertilidad de cierto valle. Cantar que la tierra entera pertenece a Jehová era, en ese mundo, una afirmación políticamente peligrosa. Significaba que Egipto era suyo, que Babilonia era suya, que los pueblos que se creían dueños de sus propios territorios eran en realidad inquilinos. Y significaba también que el campesino israelita no era dueño de su parcela: la ley ya lo decía, la tierra no se vendía a perpetuidad porque era de Dios.

El detalle

"Su plenitud" traduce una palabra hebrea, meló, que viene del verbo llenar. No dice "la tierra y sus riquezas" ni "la tierra y sus productos". Dice: la tierra y aquello que la llena hasta el borde. Es la imagen de un recipiente rebosante. Todo lo que ocupa espacio en este planeta, el trigo y el hierro, las ballenas y los microbios, tu casa y tu computadora, entra en esa palabra. Y el paralelo del versículo la extiende: "los que en él habitan". No solo las cosas, también las personas. El salmista no distingue entre inventario y habitantes, porque ante el Creador ambos comparten la misma condición: existen porque él los sostiene, no al revés.

Ecos en la Escritura

Levítico lo había dicho en forma de ley: la tierra no se vende para siempre, porque es de Dios y el israelita es forastero y arrendatario en ella. Ese mandato del jubileo es este salmo aplicado a la economía, y es la razón por la que en Israel la codicia era teología mala antes que pecado social. El contraste más duro está en el mismo Salmo 24, dos versículos más abajo: si todo es suyo, ¿quién puede subir a su monte? Y la respuesta no habla de ofrendas sino de manos y corazón: "El limpio de manos, y puro de corazón". El dueño de todo no se compra con nada de lo que ya es suyo.

Para reflexionar

¿Qué es lo primero que se te encogió por dentro cuando leíste "y los que en él habitan"?

Si mañana administraras tu dinero como propiedad prestada y no como logro propio, ¿qué decisión concreta cambiaría esta semana?

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Preguntas frecuentes sobre Psalms 24:1

Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.

¿Qué significa Salmos 24:1?
El salmo abre sin saludo, sin preámbulo, con una declaración de propiedad: "DE Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan." Todo lo que hay, y todos los que hay. No se argumenta, se proclama. Y el versículo siguiente da la razón: él la fundó, él la afirmó; quien puso los cimientos tiene el título.
¿De qué trata Salmos 24:1?
Este versículo no queda flotando. Diez versículos después, las puertas eternas se abren para que entre "el Rey de gloria", y el salmo termina nombrándolo: "Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria." El dueño no es un propietario ausente; viene, entra, reclama su casa.
¿Cuál es el contexto histórico de Salmos 24:1?
Duele donde uno tiene miedo. Si todo es de Dios, no controlas nada, y eso asusta a quien ha construido seguridad a base de acumular. Pero libera exactamente en el mismo punto: lo que no es tuyo, no tienes que sostenerlo. La ansiedad de la hipoteca, el pánico ante el diagnóstico, la obsesión con el rendimiento de tus hijos: casi todo eso es el peso de administrar algo como si fueras el dueño final.
¿Qué nos enseña Salmos 24:1 sobre el carácter de Dios?
El Salmo 24 respira liturgia. Muy probablemente acompañaba una procesión del arca hacia el monte de Sión, con preguntas y respuestas cantadas entre los que subían y los que esperaban en las puertas. Israel era un pueblo pequeño rodeado de imperios cuyos dioses eran dioses locales: uno del río, otro de la tormenta, otro de la fertilidad de cierto valle.
¿Por qué Salmos 24:1 sigue siendo relevante hoy?
Levítico lo había dicho en forma de ley: la tierra no se vende para siempre, porque es de Dios y el israelita es forastero y arrendatario en ella. Ese mandato del jubileo es este salmo aplicado a la economía, y es la razón por la que en Israel la codicia era teología mala antes que pecado social.
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Gratitud en versículo 1

Gracias señor por qué eres el único a quien rendirle la gloria la honra y la magnificencia y el poder. Porque eres y serás siempre el Dios del universo. Y gracias por qué soy parte de tu gloria y creación amen y amén.

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