Zacarías 13
Explicación e historia bíblica para edad escolar (7-12)
La explicación
Zacarías fue un profeta que vivió en una época difícil. El pueblo de Israel había vuelto de un largo destierro, la ciudad de Jerusalén estaba medio en ruinas, y la gente se preguntaba si Dios todavía tenía planes con ellos. En este capítulo Dios responde, y empieza con una imagen que refresca: "habrá manantial abierto para la casa de David y para los moradores de Jerusalem, para el pecado y la inmundicia".
Un manantial es agua que brota de la tierra sola, sin que nadie la bombee. No se agota. Dios dice que abrirá una fuente así, y no para lavar la ropa ni los pies, sino para lavar el pecado. Todo lo que ensucia por dentro y que uno no puede quitarse por sí mismo.
Luego Dios limpia dos cosas más. Primero, los nombres de los ídolos: las estatuas que la gente adoraba desaparecerán tanto que "nunca más vendrán en memoria". Segundo, y esto sorprende, Dios quita también a los profetas. No a los verdaderos, sino a los que hablaban mentiras diciendo que venían de Dios. Eso era grave: usar el nombre del Señor para engañar. En esos días, dice Zacarías, un falso profeta se avergonzará tanto que ya no se pondrá su manto de pelo, la ropa típica de profeta, y dirá: "No soy profeta; labrador soy de la tierra". Preferirá pasar por campesino.
Y entonces viene el versículo más extraño del capítulo. Alguien le pregunta: "¿Qué heridas son éstas en tus manos?" Y él contesta: "Con ellas fuí herido en casa de mis amigos". Es difícil saber exactamente de qué heridas habla. Puede ser el castigo que recibió de los suyos por mentir. Pero muchos cristianos, al leer esa frase, no pueden evitar pensar en otras manos heridas, en otra casa donde alguien fue herido por sus propios amigos. Volveremos a eso.
En el versículo 7 la voz cambia. Dios llama a la espada: "Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas". El pastor es herido, y el rebaño se dispersa en todas direcciones. Pero Dios añade: "tornaré mi mano sobre los chiquitos". Su mano no se levanta contra los pequeños para golpearlos, sino para protegerlos.
El capítulo termina con algo duro y algo hermoso a la vez. Dos tercios del pueblo se perderán; una tercera parte quedará. Y esa tercera parte pasará por el fuego, como la plata que se derrite para que salga la suciedad, como el oro que se prueba. No es un castigo, es una purificación. Y del fuego sale una voz: "El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios".
¿Qué significa esto?
Este capítulo trata de limpieza. Dios no se conforma con un pueblo que reza bien por fuera y guarda ídolos por dentro. Quiere limpiarlo de verdad, hasta el fondo.
Y aquí está lo importante: la limpieza no empieza con nosotros esforzándonos más. Empieza con un manantial que Dios abre. Nosotros no cavamos ese pozo. Dios lo abre.
Al mismo tiempo, Zacarías no promete un camino fácil. Habla de espada, de rebaño disperso, de fuego. La fe no siempre se siente como agua fresca; a veces se siente como el horno del orfebre. Zacarías no lo esconde, y nosotros tampoco deberíamos.
El hilo conductor
La noche antes de morir, Jesús citó el versículo 7 de este capítulo. Dijo a sus discípulos que el pastor sería herido y que las ovejas se dispersarían. Y así pasó: lo arrestaron, y sus amigos huyeron.
Jesús se puso a sí mismo en el lugar del pastor herido. Y desde ahí, el versículo 6 empieza a sonar diferente: heridas en las manos, recibidas "en casa de mis amigos". Zacarías escribió esas palabras siglos antes de que existiera una cruz. No sé si él entendía todo lo que estaba escribiendo. Creo que no. Pero Dios sí.
Y el manantial del versículo 1 tiene un lugar de origen. La fuente que lava el pecado se abrió en el momento en que el pastor fue herido.
Para ti
Hay cosas que puedes limpiar tú mismo: tu cuarto, tus zapatos, la mancha en tu camiseta. Y hay cosas que no. Una mentira que dijiste y nadie descubrió. Algo que hiciste y que preferirías borrar de la memoria. No existe jabón para eso.
Por eso este capítulo empieza con una fuente y no con una lista de reglas. Puedes acudir a Jesús exactamente como estás, sin arreglarte primero.
Y algo más: el pueblo purificado dice solo cinco palabras: "Jehová es mi Dios". No un discurso. Basta con eso.
Conversemos
¿Por qué crees que Dios prefiere abrir un manantial en vez de darle al pueblo una lista de cosas que debe mejorar?
El fuego del versículo 9 no destruye, purifica. ¿Se te ocurre algo difícil en tu vida que te haya hecho más fuerte o más honesto?
Oremos juntos
Señor, gracias porque abriste una fuente para lavar lo que yo no puedo limpiar. Tú fuiste herido en casa de tus amigos, y aun así nos llamas tu pueblo. Cuando las cosas se pongan difíciles, no me sueltes de tu mano. Quiero decir contigo: tú eres mi Dios. Amén.
Preguntas sobre Zacarías 13
Respuestas breves para quienes leen sobre esto por primera vez.
¿De qué trata Zacarías 13?
¿Qué dice Zacarías 13?
¿Qué nos enseña Zacarías 13 acerca de Dios?
¿Qué puede aprender niños de Zacarías 13?
¿Por qué Zacarías 13 es una historia bíblica importante?
Lo que otros descubrieron
Justo después de abrir la fuente que limpia el pecado, Dios promete: "talaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más vendrán en memoria". No le basta lavarte; quiere arrancar aquello que te ensuciaba. Y duele, porque a veces guardamos con cariño el nombre de lo que nos hizo daño. ¿Cuál es el tuyo?
Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas." La espada no cae sobre un extraño, sino sobre "el hombre compañero mío", el más cercano al corazón de Dios. Y fíjate en lo que sigue: "mas tornaré mi mano sobre los chiquitos". La misma mano que hirió se vuelve para cubrir a los pequeños. Si hoy te sientes disperso, esa mano te busca.
Vendrá un día, dice Zacarías, en que los profetas falsos se avergonzarán de su propia visión y ya no querrán vestir el manto de pelo para engañar. Cuando Dios limpia, hasta el disfraz religioso estorba.
Y a ti, ¿qué manto te cuesta soltar? A veces lo espiritual se vuelve máscara. El Señor no busca tu apariencia piadosa, busca tu corazón sin adornos.
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También tenemos versiones dedicadas para pequeños (3-6 años) y adolescentes (12 en adelante).
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