Efesios 3
El Texto
Pablo interrumpe su propia carta. Empieza a orar, se detiene en el versículo 1, y se pone a explicar por qué está preso: por causa de los gentiles, portador de un secreto que Dios guardó durante siglos y ahora ha soltado. El secreto no es una doctrina esotérica, es esto: que los paganos sean "juntamente herederos, é incorporados, y consortes de su promesa en Cristo por el evangelio". Luego retoma la oración que había dejado colgando y pide algo casi desmedido: que ellos sean fortalecidos por dentro, que Cristo habite en sus corazones, que conozcan un amor que no se puede conocer, y que así queden "llenos de toda la plenitud de Dios".
El Corazón
Hay una frase incómoda aquí: "Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia á los principados y potestades en los cielos". La iglesia no es el objeto de la lección, es el aula. Dios exhibe su sabiduría ante potencias invisibles usando como pizarra a un grupo de judíos y griegos que se sientan a la misma mesa sin matarse. Eso significa que la reconciliación entre personas que no se soportaban no es un subproducto simpático del evangelio; es la demostración pública del propósito eterno de Dios. Si lo tomamos en serio, una comunidad dividida por clase, origen o gusto musical no está fallando en cortesía, está silenciando el argumento central de Dios.
El Hilo Conductor
Dios prometió a Abraham que en él serían bendecidas todas las familias de la tierra, y durante siglos esa promesa se leyó como si los pueblos llegaran de visita, invitados de segunda fila. El "misterio" que Pablo anuncia no es que los gentiles se salven, los profetas ya lo cantaban; es cómo: no como huéspedes, sino como coherederos, un solo cuerpo. La cruz no amplió el pueblo de Dios, lo refundó. Y fíjese en el versículo 12: "En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza". Esa palabra, entrada, es lenguaje de templo. Lo que antes exigía sacerdote, cortina y linaje ahora está abierto por la fe de Cristo, y está abierto igualmente para los dos lados del muro.
El Espejo
Usted conoce el cálculo silencioso que hace al entrar a una sala: quién vale la pena, quién le conviene, con quién se sentará. Pablo lo desarma desde dos lados. Primero con su propio currículum: "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, es dada esta gracia". El hombre más influyente de la historia de la iglesia no se presenta como talento, sino como beneficiario. Si eso es verdad de él, su propio expediente, sus fracasos en la crianza, aquello que no le cuenta a nadie de su matrimonio o de su historia laboral, deja de ser el dato decisivo sobre usted. Y segundo, con la oración: pide que sean fortalecidos "en el hombre interior", no en las circunstancias. Pablo escribe encadenado y no pide su libertad; pide profundidad para otros. Duele, porque casi todas nuestras oraciones son por el hombre exterior: el resultado médico, el dinero de fin de mes, que el hijo reaccione. Nada de eso es indigno, pero note qué pequeño nos parece lo interior hasta que todo lo exterior se cae.
Hoy, haga esto: arrodíllese literalmente, en el piso de su cuarto, con la puerta cerrada, y ore en voz alta el versículo 16 y 17 por una sola persona de su congregación con la que usted no tiene nada en común y a la que normalmente evita. Dígala por su nombre. Tres minutos bastan.
Contexto
Pablo escribe preso, probablemente en Roma, y la ironía es amarga: el cargo que lo llevó allí fue precisamente haber supuestamente introducido a un griego en el área prohibida del templo de Jerusalén. Estaba en cadenas por el muro que Cristo derribó. En el templo había una barrera de piedra con una advertencia grabada: el extranjero que pasara moría. Todo el mundo antiguo funcionaba así, por límites de pureza, linaje y ciudadanía. Los lectores de Éfeso vivían en una ciudad orgullosa de su templo de Artemisa, acostumbrada a poderes espirituales, magia y jerarquías. Que un apóstol judío encadenado les dijera que ellos, paganos, eran herederos en igualdad, era socialmente absurdo y religiosamente escandaloso.
El Detalle
En el versículo 6 hay tres palabras que Pablo apila deliberadamente: "juntamente herederos, é incorporados, y consortes". En griego las tres empiezan con el mismo prefijo, syn, "con": co-herederos, co-cuerpo, co-partícipes. La del medio, syssōma, no existía; parece que Pablo la inventó porque ningún término disponible servía. No hay palabra para lo que Dios hizo, así que hay que fabricarla. Eso dice más que un párrafo de teología: la unión entre judío y gentil en Cristo no cabía en el vocabulario humano. Y note que no dice "unidos" en abstracto, sino un mismo cuerpo: tejido compartido, dolor compartido, sangre compartida. No una alianza entre grupos, sino un organismo.
El Perfil
Los que oyeron esta carta leída en voz alta eran, en su mayoría, gentiles de primera generación: antiguos devotos de Artemisa, esclavos y libertos, gente sin árbol genealógico santo, que sospechaba que los creyentes judíos tenían una relación más antigua y más legítima con este Dios. Al oír "doblo mis rodillas al Padre… del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra", entendían algo que a nosotros se nos escapa: recibían un apellido. En una sociedad donde el nombre de familia decidía su destino, se les decía que toda familia deriva su nombre del Padre de Jesucristo. Y luego oían que el hombre preso por ellos no se avergonzaba; sus cadenas eran "vuestra gloria".
Reflexión
¿Cuál fue la última vez que oró por el hombre interior de alguien, y no por sus circunstancias?
¿A quién en su comunidad trata usted, en la práctica, como invitado en lugar de coheredero?
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Preguntas frecuentes sobre Ephesians 3
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Efesios 3?
¿De qué trata Efesios 3?
¿Cuál es el contexto histórico de Efesios 3?
¿Qué nos enseña Efesios 3 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Efesios 3 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Ephesians 3
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor". Pablo usa dos imágenes: la raíz que se hunde en la tierra y el cimiento que sostiene la casa. Y en ambos casos, lo que está debajo es el amor. Pregúntate hoy: ¿sobre qué estoy apoyando mi vida, si no es eso?
Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra." Antes de que existiera tu apellido, existía el suyo. Toda familia que ha amado, que ha extrañado, que ha esperado a alguien en la puerta, lleva prestado algo del corazón del Padre. Si tu casa te falló, no fue el modelo original. Él sigue nombrando hijos.
Pablo está preso y lo primero que le preocupa no es su cadena, sino el ánimo de ellos: "pido que no desmayéis á causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria." Alguien está pasando algo duro por ti y quizá nunca lo sabrás. Y tu desánimo no lo ayuda. Tu fe en pie, sí.
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