Apocalipsis 1:2
El Texto
Un hombre viejo, en una isla de piedra, escribe una línea sobre sí mismo en tercera persona: "El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto." Es casi un pie de página. Juan no dice quién es ni qué autoridad tiene; dice solamente lo que hizo: recibió, vio, atestiguó. Tres cosas se juntan en su boca: la palabra que Dios habló, el testimonio que Jesús mismo dio, y lo que sus propios ojos contemplaron.
El Corazón
Escuche cómo suena el verbo. La palabra griega detrás de "testimonio" es martyría, la misma raíz de la que nace nuestra palabra mártir. En los tribunales del Imperio significaba declarar bajo juramento, con el cuerpo de por medio. Juan no está haciendo literatura religiosa; está subiendo al estrado. Y note el orden: primero la palabra de Dios, después el testimonio de Jesucristo, al final lo que él vio. Su experiencia va en tercer lugar, no en el primero. Esto importa más de lo que parece. La revelación no nace de la sensibilidad espiritual de Juan; Juan es el que recibe y transmite lo que no inventó. Dios habla, Cristo atestigua, y un hombre lo escribe fielmente. Esa es toda la cadena.
El Hilo Conductor
Cuatro versículos después, ese mismo lenguaje se le devuelve a Jesús: él es "el testigo fiel, el primogénito de los muertos". Juan testifica porque antes hubo Uno que testificó hasta el final y lo mataron por ello. En el Antiguo Testamento, Israel fue llamado a ser testigo de Dios entre las naciones, y falló una y otra vez; Cristo es el testigo que no se retracta, y su fidelidad lo lleva a la tumba y lo saca de ella. Toda la Biblia se mueve así: Dios habla, su pueblo debe repetirlo con la vida, y cuando el pueblo calla o miente, el Hijo toma su lugar. Juan escribe desde Patmos porque fue arrastrado a esa misma corriente.
El Espejo
Usted y yo preferimos otro orden. Preferimos empezar por lo que hemos visto y sentido, y luego buscar en la Escritura algo que lo confirme. Es más cómodo: mi experiencia no me contradice nunca. Juan invierte eso, y el precio fue una isla, la separación de sus iglesias, el silencio de sus últimos años. Pregúntese qué le cuesta a usted decir en la oficina, en la sobremesa familiar, en el grupo de amigos, lo que sabe que es verdad acerca de Cristo. Normalmente no nos cuesta el destierro. Nos cuesta parecer ingenuos, perder una promoción, incomodar a un hijo adolescente. Y muchas veces eso basta para que guardemos silencio y lo llamemos prudencia.
Reflexión
¿Qué cosa concreta ha visto usted de Dios este año que todavía no se ha atrevido a decirle a nadie, y qué le está costando ese silencio?
Libros cristianos que valen la pena
Libros seleccionados a mano, disponibles en tu idioma.
Una defensa clara y accesible de las verdades esenciales de la fe cristiana que fortalece la razón y el corazón del creyente.
Una alegoría inolvidable del viaje del cristiano hacia la Ciudad Celestial que ilumina las luchas y gozos de la vida de fe.
El testimonio íntimo de un alma inquieta que encuentra descanso en Dios, y sigue hablando al corazón de cada generación.
Las Cartas del Diablo a su Sobrino
Con ingenio y agudeza, Lewis desenmascara las tentaciones cotidianas y nos ayuda a vivir alerta espiritualmente.
Un llamado valiente a seguir a Cristo sin reservas, recordándonos que la gracia verdadera transforma toda la vida.
Como Asociado de Amazon, Faith.network gana con las compras que califican. Esto ayuda a mantener la plataforma gratuita.
Preguntas frecuentes sobre Revelation 1:2
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Apocalipsis 1:2?
¿De qué trata Apocalipsis 1:2?
¿Cuál es el contexto histórico de Apocalipsis 1:2?
¿Qué nos enseña Apocalipsis 1:2 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Apocalipsis 1:2 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Revelation 1
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre." Juan está desterrado, solo en Patmos, y lo primero que ve no es un trono lejano sino a Cristo caminando entre las lámparas. No mira su iglesia desde arriba. Está adentro, sosteniendo la luz que tú crees que se apaga. ¿Dónde lo has estado buscando?
Gracias porque eres "el que es y que era y que ha de venir", el mismo ayer y hoy, y porque en medio de mis días inciertos me alcanza tu gracia y tu paz. No dependo de mi fuerza, sino de tu trono que no se mueve.
Explora este pasaje en otro nivel
¿Principiante, teólogo o una lectura de otra extensión? Ajusta las opciones y genera tu propia versión.
Abrir en la herramienta de estudio