Alabanza fiel en medio del dolor
Alabanza y confianza
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Salmos 113:3, Salmos 37:8, Salmos 88:14 and Salmos 23:5.
☀ Momento de la mañana
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
Salmos 113:3
Los levitas entonaban este himno antes de que el sol asomara del todo sobre los tejados de Jerusalén. No esperaban a que el día fuera perfecto para alabar, empezaban con la primera luz, aunque el mercado todavía estuviera vacío y las calles frías.
Hoy tú también te levantas antes de saber cómo va a salir el día. Quizás ya sientes el peso de lo que viene, una reunión difícil, una decisión pendiente, el cansancio de ayer que no se fue del todo. El salmo no pregunta cómo te sientes antes de invitarte a alabar. Simplemente dice que desde que sale el sol hasta que se pone, el nombre de Dios merece ser alabado, sin condiciones previas.
Eso cambia la perspectiva del día. No empieza contigo y tus fuerzas, empieza con Su nombre, que ya estaba ahí antes de que abrieras los ojos y seguirá estando cuando cierres la puerta esta noche. Todo lo que ocurra entre el amanecer y el atardecer queda envuelto en ese marco más grande.
No necesitas sentir gratitud perfecta para empezar a agradecer. Basta con abrir la boca y nombrarlo, aunque sea en voz baja, aunque el día todavía no haya mostrado sus cartas.
Hoy
Antes de mirar el teléfono o encender la cafetera, di en voz alta una sola frase de agradecimiento a Dios por este día que empieza, aunque no sepas todavía cómo será.
✦ Momento del mediodía
Déjate de la ira, y depón el enojo: no te excites en manera alguna á hacer lo malo.
Salmos 37:8
Son las doce y veinte. Alguien acaba de responder tu propuesta con un tono seco, casi cortante, en el chat del equipo. Tienes el dedo sobre el teclado y ya has escrito media respuesta que no piensas suavizar.
Esa es la hora exacta para la que sirve este versículo. No habla de teología elevada ni de grandes crisis, habla de este minuto concreto: el enojo que sube rápido y quiere salir por la boca o por los dedos antes de que puedas pensarlo dos veces.
El salmo no dice que la ira sea siempre pecado. Dice algo más práctico todavía: déjala, apártala, no dejes que decida por ti. Hay una diferencia entre sentir el calor de la molestia y dejar que ese calor escriba tus palabras.
Lo llamativo es el final del versículo: "no te excites en manera alguna á hacer lo malo". Como si supiera que el enojo casi siempre busca justificación, una excusa razonable para responder mal. Dios no te pide que finjas paz que no sientes, te pide que no dejes que el enojo tenga la última palabra.
Esta tarde va a haber otro momento así, tal vez ya lo hubo esta mañana. La pregunta no es si vendrá el enojo, sino qué harás con él en los próximos sesenta segundos.
Hoy
Antes de responder ese mensaje o correo que te molestó hoy, cierra la aplicación durante cinco minutos. Vuelve después y escribe la respuesta de nuevo, más corta y más tranquila que la primera.
◐ Momento de la tarde
¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿por qué escondes de mí tu rostro?
Salmos 88:14
¿Por qué, cuando más te acercas a Dios en oración, sientes que Él se aleja más?
Esa pregunta no tiene una respuesta rápida, y este salmo no te la da. Es extraño encontrarla en la Biblia, porque casi todos los salmos de lamento terminan con un giro, una luz, un "pero confío". Este no. Termina, literalmente, en tinieblas. El salmista grita, pide, argumenta con Dios durante ochenta y ocho versos, y el texto se cierra sin que nadie le responda.
Quizá hoy, a media tarde, con el trabajo pesándote y la energía por el suelo, reconozcas algo de eso. No una crisis dramática, sino ese cansancio más callado: la sensación de que has orado y el cielo sigue de bronce. La Biblia no te dice que eso es señal de poca fe. Te dice que hay gente de fe profunda que también lo sintió, y que Dios guardó sus palabras exactas en Su libro.
Eso ya es algo. No una solución, pero una compañía. El Dios que parece esconder Su rostro es también el Dios que permitió que esta queja quedara escrita para siempre, sin editar el final.
Hoy
Toma un papel ahora mismo y escribe, sin suavizarla, la pregunta que más te pesa hoy. No le añadas un "pero confío en ti" al final. Déjala así, sin resolver, y guárdala dentro de tu Biblia.
☾ Momento de la tarde
Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando.
Salmos 23:5
La cocina ya está en silencio. Los platos de la cena descansan en el fregadero, la luz de la calle entra por la ventana y el día, con todo lo que trajo, empieza por fin a soltarse de tus manos.
David escribe esta imagen desde un lugar extraño: hay mesa puesta, pero también hay angustiadores cerca. La provisión de Dios no espera a que todo esté en calma para aparecer. Llega en medio de lo que te cansó hoy, de lo que te preocupó, de lo que quedó sin resolver.
Unge tu cabeza con aceite, dice el salmo. Es un gesto de honor, de bienvenida, como el que se da a un huésped cansado que por fin llega a casa. Y la copa no está medida con cautela, está rebosando. Dios no te da lo justo y necesario: te da de más, aunque hoy no lo hayas sentido así.
Quizás el día no tuvo mesa servida ni copa rebosante a la vista. Pero si te detienes, seguro encuentras un resto de bien que pasó casi sin que lo notaras: una palabra amable, un problema resuelto, un momento de aire. Eso también es la mesa que Él preparó para ti.
Hoy
Sirve ahora un vaso de agua o una taza de algo caliente. Antes de beber el primer sorbo, di en voz alta una cosa concreta de hoy por la que puedes dar gracias.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
3Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
8Déjate de la ira, y depón el enojo: no te excites en manera alguna á hacer lo malo.
14¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma? ¿por qué escondes de mí tu rostro?
5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando.
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