Confianza en medio del temor
Confianza y fe
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Mateo 6:28-29, Salmos 22:1, 22, Hechos 8:30-31 and Mateo 14:27.
☀ Momento de la mañana
Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.
Mateo 6:28-29
Después de las lluvias de invierno, las colinas de Galilea se llenaban de golpe con flores silvestres, rojas, moradas, blancas, brotando entre las piedras y el trigo sin que nadie las hubiera sembrado. Nadie las cultivaba, nadie las regaba, nadie hilaba un solo hilo para vestirlas. Crecían un par de semanas y luego el sol las secaba o el rebaño las pisaba. Eran, para cualquier campesino, apenas hierba entre el grano.
Y precisamente a esas Jesús señala. No a la rosa cuidada de un jardín real, sino a la flor de paso, la que nadie planea ni protege. Su punto es sencillo y fuerte a la vez: si Dios viste con tanto color algo tan pasajero y tan sin esfuerzo propio, cuánto más se ocupará de ti, que sí importas, que sí eres esperado cada mañana.
Hoy es sábado. Puede que tengas la agenda más suelta, tiempo para estar en casa, para preparar algo con calma, para pensar ya en el domingo que viene. Es un buen día para notar lo que crece sin que tú lo controles del todo: en tu jardín, en la maceta olvidada, en la grieta de la acera.
Hoy
Sal unos minutos al aire libre hoy y busca una planta o flor silvestre cerca de tu casa. Agáchate, mírala de cerca y di en voz alta: gracias por vestir esto sin que nadie lo pidiera.
✦ Momento del mediodía
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? Alejado de mi salud por las voces de mi clamor. Anunciaré tu nombre á mis hermanos: En medio de la congregación te alabaré.
Salmos 22:1, 22
Se supone que el dolor más hondo se lleva a solas, que gritarlo delante de otros es debilidad o mala educación espiritual. Uno aprende a llorar en la ducha, no en la mesa.
Pero este salmo abre precisamente al revés. Empieza con el grito más solitario de toda la Biblia, y termina cantado en medio de una multitud. No es un diario privado que alguien encontró después. Era un texto para el culto, para ser entonado con otros en el templo, con instrumentos, en las fiestas de Israel. El mismo grito de abandono se hacía en voz alta, delante de la congregación, no a pesar de ella.
Eso cambia algo. El que escribió esto no escondió su noche más oscura para presentar después una fe ya arreglada. La cantó tal cual, y confió en que la comunidad podía sostener también esa parte. Jesús mismo tomó las primeras palabras de este salmo en la cruz, y los primeros cristianos oyeron en todo el salmo el camino que Él recorrió, del abandono a la victoria compartida.
Hoy, sábado, es un día donde muchas veces se prepara el corazón para reunirse mañana con otros. Este salmo dice algo sobre ese paso: lo que se lleva solo no tiene por qué quedarse solo para siempre.
Hoy
Escribe en un papel el nombre de alguien que atraviesa una soledad difícil, y llévalo contigo a la reunión de la iglesia de mañana para nombrarlo en oración junto a otros.
◐ Momento de la tarde
Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees? Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.
Hechos 8:30-31
El camino de Gaza está vacío. Ni casas, ni sombra, solo polvo y el calor de la tarde sobre un carro que avanza despacio.
Felipe acababa de salir de Samaria, donde la gente se convertía por multitudes. Y el Espíritu lo manda justo al desierto, a correr detrás de un solo carro, para un solo hombre. Ese hombre es un eunuco etíope, alto funcionario de una reina, que va leyendo en voz alta el rollo de Isaías, como se hacía entonces. Lee, pero no entiende.
Hay algo más debajo de esa escena. Por su condición, este hombre nunca podía entrar del todo en el templo de Jerusalén, la ley lo dejaba fuera del círculo. Aun así había ido, había adorado desde lejos, y ahora vuelve con un texto en las manos que no le suelta ninguna respuesta.
A veces se lee la Biblia así: sin nadie al lado, sin saber si ese texto es también para uno. La pregunta del eunuco no es floja, es la de alguien cansado de leer solo. Felipe no le da un discurso, se sube al carro y se queda con él.
Hoy
Busca hoy un pasaje bíblico que nunca has entendido bien y envía un mensaje a alguien, hoy mismo, pidiéndole que lo lea contigo esta tarde o mañana.
☾ Momento de la tarde
Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.
Mateo 14:27
¿Qué haces cuando el suelo bajo tus pies deja de ser sólido y nadie parece venir a ayudarte?
Los discípulos llevaban horas remando contra el viento, solos en el lago, en la oscuridad. Mateo dice que Jesús vino a ellos en la cuarta vela de la noche, es decir, entre las tres y las seis de la madrugada. Habían luchado casi toda la noche antes de que Él apareciera. No fue el primer socorro, fue el último tramo, el más cansado. Y cuando por fin Lo vieron caminando sobre el agua, no reconocieron ayuda, sino un fantasma. El miedo distorsiona hasta lo que debería consolar.
Entonces Jesús habla. No explica el milagro, no reprende el miedo todavía, primero dice quién es. "Yo soy", las mismas palabras con que Dios se presentó a Moisés en la zarza. En medio del agua agitada, Aquel que sostiene el mar se identifica con su nombre eterno. No viene solo a calmar la tormenta, viene a que Lo reconozcan a Él.
Quizás hoy no hay viento ni olas, pero hay algo que te ha tenido remando toda la semana, algo que te quita el sueño. Esta noche esa voz sigue diciendo lo mismo: soy Yo, no tengas miedo.
Hoy
Antes de apagar la luz, di en voz alta el nombre de aquello que te inquieta y añade después, también en voz alta: "Confío, no tengo por qué temer."
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
28Y por el vestido ¿por qué os congojáis? Reparad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan;
29Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.
30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?
31Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.
27Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.
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