Cuando el corazón se esconde
Rendición del corazón
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Génesis 3:9, Mateo 18:35, Marcos 10:24 y Números 20:11.
☀ Momento de la mañana
Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Génesis 3:9
Dónde. Una sola palabra, pero no es la pregunta de alguien que necesita información. Dios no busca un mapa ni un testigo para saber detrás de qué arbusto se escondió el hombre. Esta pregunta no busca datos, busca un reencuentro.
Era la hora fresca del día, el momento en que Dios solía caminar por el huerto y hablar con el hombre que había formado con Sus manos. Ese ritmo se había roto esa misma mañana. El hombre y la mujer, que antes salían a Su encuentro, ahora se escondían entre los árboles. La vergüenza había entrado donde antes solo había cercanía.
Por eso la pregunta duele y a la vez consuela. Duele porque expone lo que el hombre quería tapar con hojas. Consuela porque Dios sigue buscando, sigue llamando, sigue caminando hacia el lugar donde el hombre se oculta. No grita acusaciones desde lejos; se acerca y pregunta.
Hoy es domingo, el día en que el pueblo de Dios vuelve a salir al encuentro, a reunirse, a dejar que esa misma voz nos busque entre lo que escondemos. La pregunta no ha dejado de sonar. Sigue encontrando a los que se esconden detrás del cansancio, la culpa o el miedo de esta semana que empieza.
Hoy
Antes de salir hacia la congregación, di en voz alta y a solas: Aquí estoy, Señor. Nombra ante Él, con palabras concretas, el lugar exacto donde te has escondido esta mañana.
✦ Momento del mediodía
Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.
Mateo 18:35
Pedro levanta la mano y empieza a contar con los dedos, como si pudiera resolver la pregunta con aritmética. Todavía resuenan en el aire las palabras de Jesús sobre el hermano que peca y es corregido, sobre atar y desatar, sobre reunirse en Su nombre. Y entonces, en medio de ese grupo de discípulos, Pedro se adelanta con su pregunta.
En tiempos de Jesús, algunos maestros judíos enseñaban que bastaba perdonar tres veces a quien te ofendía; la cuarta ya no era obligación. Pedro dobla esa cifra y añade una más: siete. Para cualquiera que lo escuchara, era una oferta generosa, casi heroica. Pedro espera, quizá, una palabra de aprobación.
Pero la pregunta misma delata algo. Pedro busca un límite, un número después del cual el perdón ya no sería exigible, un punto en que la cuenta se cierra y uno puede, con la conciencia tranquila, dejar de perdonar. Es una pregunta honesta, humana, la que cualquiera haría después de ser herido muchas veces por la misma persona.
La respuesta de Jesús no da un número que se pueda alcanzar y superar. Multiplica la cifra hasta hacerla absurda, hasta que contar deje de tener sentido. El perdón, dice Jesús más adelante en esa misma conversación, no es una deuda que se salda a plazos, sino algo que sale del corazón, una y otra vez, como el Padre lo ha hecho con nosotros.
Hoy, día del Señor, reunidos como aquel primer grupo alrededor de Jesús, esa pregunta de Pedro sigue viva entre hermanos que conviven, se hieren y necesitan empezar de nuevo.
Hoy
Escribe en un papel el nombre de una persona a quien te cuesta perdonar, y antes de que termine el día, di en voz alta, aunque sea a solas: Te perdono, tal como he sido perdonado.
◐ Momento de la tarde
Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas!
Marcos 10:24
La bolsa de la ofrenda pasó esta mañana por tu banca y, sin pensarlo demasiado, dejaste guardado el billete que llevabas en el bolsillo del abrigo. Nadie lo vio. Tú sí.
Jesús no habla aquí de un camello domesticado por casualidad. En aquella tierra era el animal más grande que conocían para el transporte y el comercio, bestia de carga capaz de atravesar desiertos enteros. Y lo pone frente al ojo de una aguja de coser, la abertura más pequeña que existía en cualquier casa. No es un acertijo con truco ni una puerta secreta en la muralla. Es una imposibilidad deliberada, dicha para que nadie busque cómo hacerlo caber por partes.
Por eso los discípulos se espantaron. Ellos creían que la riqueza era señal de la bendición de Dios. Si ni siquiera el bendecido puede pasar, ¿quién entonces podrá salvarse?
La pregunta se queda abierta esta tarde, y es mejor así. Quizás tu camello no es dinero sino control, o la certeza de tener siempre razón, o una reputación que cuidas más que a tu propia alma. Jesús no te da un atajo para hacerlo más pequeño. Te deja ahí, delante de lo imposible, mirando.
Hoy
Toma ahora el objeto que llevas encima, el teléfono, las llaves o la cartera, y ponlo sobre la mesa, boca arriba. Di en voz alta: "para los hombres es imposible", y quédate dos minutos sin tocarlo.
☾ Momento de la tarde
Entonces alzó Moisés su mano, é hirió la peña con su vara dos veces: y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.
Números 20:11
Moisés tiene la vara en la mano y detrás de él una multitud que no deja de quejarse. No hay agua, el ganado jadea, los niños lloran de sed, y él lleva años cargando con el peso de este pueblo. Está cansado hasta los huesos.
El lugar se llamaba Zin, un desierto de piedra seca entre Cades y Edom, sin un árbol que diera sombra, sin un arroyo a la vista. Allí Dios le dio una orden sencilla a Moisés: habla a la peña, y ella dará su agua. No golpear, solo hablar.
Pero Moisés, agotado y herido por tanta murmuración, levantó la vara y golpeó la roca, no una vez sino dos. Y el agua salió de todos modos. Dios no retuvo Su provisión aunque Moisés falló en obedecer con exactitud. Ese mismo lugar que dio de beber a todo un pueblo fue también el lugar donde a Moisés se le cerró la entrada a la tierra prometida, porque no santificó a Dios delante de los ojos de los hijos de Israel.
Hoy, día del Señor, quizás hubo un momento en que, cansado, golpeaste en vez de hablar: una palabra seca a alguien, una impaciencia que no pediste perdón. La roca de Zin recuerda que Dios sigue dando agua aun cuando fallamos en el camino hacia Él.
Hoy
Toma un papel esta noche y escribe en una frase el momento del día en que respondiste con dureza en vez de con calma. Dilo en voz alta delante de Dios, pide perdón, y luego rómpelo, dejando ese momento atrás antes de dormir.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
9Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.
24Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas!
11Entonces alzó Moisés su mano, é hirió la peña con su vara dos veces: y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.
¿Quieres profundizar?
Para cada versículo de estas reflexiones puedes obtener una explicación bíblica profunda con contexto, trasfondo y aplicación.
Comenzar un estudio profundo
