Fieles ante los ojos de Dios
Fidelidad ante Dios
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Levítico 19:14, Marcos 10:21, Mateo 25:24-25 and Joel 3:1.
☀ Momento de la mañana
No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová.
Levítico 19:14
Respira hondo antes de que el día empiece a moverse.
En las casas de Israel los techos eran planos y se usaban para todo: dormir en verano, secar el grano, recibir visitas, conversar al atardecer. Por eso la ley de Dios ordenaba construir un pretil, un pequeño muro de protección, alrededor del borde. No era un capricho estético. Era prever la caída antes de que ocurriera.
Ese muro no protegía solo al dueño de la casa. Protegía al invitado que no conocía bien el lugar, al niño que corría jugando, al huésped cansado que se recostaba sin fijarse en el borde. La ley pensaba primero en quien no vería el peligro venir.
Es la misma lógica de no poner tropiezo delante del ciego: Dios legisla para los que no pueden calcular el riesgo por sí mismos. Detrás de ese pretil hay un Dios que no espera a que algo se rompa para actuar, sino que construye la prevención dentro de la ley misma, como una forma concreta de amor al prójimo.
Hoy, en tu casa, tu oficina, tu rutina, hay bordes que tú conoces y otros no ven. Eso abre una pregunta sencilla para empezar el día: ¿quién necesita hoy que tú construyas un pretil?
Hoy
Antes de salir hoy, recorre tu casa o tu lugar de trabajo buscando un peligro pequeño pero real, un cable suelto, un escalón resbaladizo, un objeto mal puesto, y arréglalo o adviértelo en voz alta a alguien.
✦ Momento del mediodía
Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
Marcos 10:21
Vino corriendo. Se arrodilló en el polvo delante de un rabino itinerante, un hombre que desde niño había guardado cada mandamiento y que, aun así, sentía que algo le faltaba por dentro.
Jesús lo miró, y lo amó. No lo regañó, no le hizo sentir pequeño. Simplemente nombró lo único que ese hombre no había soltado: sus posesiones. En aquel mundo, la tierra, los rebaños y la herencia eran la red que sostenía toda una vida, el lugar donde uno guardaba su seguridad y su nombre. Jesús no le pidió que dejara de hacer el bien, sino que dejara de confiar en lo que tenía.
El hombre se fue cabizbajo. No porque Jesús fuera duro, sino porque lo que se le pedía tocaba el lugar exacto donde él había puesto su confianza. Ese es el filo de esta historia: no todos los que se alejan de Jesús lo hacen por rebeldía, algunos se alejan tristes, cargando justo aquello que no quisieron soltar.
Hoy, entre una reunión y la siguiente, quizás tu lista de seguridades no sea tan distinta: la cuenta que cuida tu futuro, el proyecto que define quién eres, el plan que no admite interrupciones. Jesús sigue mirando con el mismo amor, y sigue nombrando lo que realmente te falta.
Hoy
Abre ahora mismo tu billetera o tu app bancaria y transfiere una cantidad concreta, aunque sea pequeña, a alguien que hoy lo necesite, sin decírselo a nadie ni esperar nada a cambio.
◐ Momento de la tarde
Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.
Mateo 25:24-25
Casi nadie se detiene en esta frase. Recordamos los cinco talentos que se hicieron diez, los dos que se hicieron cuatro, pero saltamos directo al veredicto duro del final y nos perdemos lo que el tercer siervo dice de sí mismo primero: te conocía que eres hombre duro. Antes de explicar lo que hizo, explica en qué Dios creía. Esa frase es la bisagra de toda la parábola.
Enterrar dinero no era descuido en aquella cultura, era una forma reconocida de custodiarlo con cuidado. El siervo no fue negligente con la plata. Fue fiel a la imagen que tenía de su señor, una imagen de alguien que cosecha donde otros sembraron, que exige sin dar. No actuó por pereza, actuó por temor, y el temor nació de una teología.
Ahí es donde el texto todavía te mira. ¿Qué Dios cargas tú en tu cabeza cuando decides qué arriesgar hoy con tu tiempo, tu trabajo, tu dinero, tus palabras? Si Lo ves como alguien que acecha el error, vas a enterrar lo que te dio. La parábola no resuelve esto con un consuelo rápido. Deja la pregunta abierta sobre la mesa de la tarde.
Hoy
Toma una hoja ahora mismo y termina esta frase por escrito, con honestidad: te conocía que eres. No la corrijas todavía, solo escríbela tal como sale, y guárdala donde puedas releerla esta semana.
☾ Momento de la tarde
PORQUE he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré tornar la cautividad de Judá y de Jerusalem,
Joel 3:1
Derramaré. No dice que dará una gota, ni que repartirá con cuidado para que alcance. Derramar es verter sin medir, dejar que corra hasta llenarlo todo. Es la palabra que usarías para describir agua que se vuelca de un cántaro demasiado lleno, no algo racionado.
Joel habla a un pueblo que lo ha perdido casi todo. Una plaga de langostas había devorado los campos, el grano, la vid, el aceite, todo lo que sostenía la vida y el culto del templo. No había ni para comer ni para ofrecer. En ese vacío, en medio de la ruina, llega esta palabra: después de esto, derramaré.
Y fíjate a quién. No solo a los sacerdotes o a los profetas reconocidos, los que ya tenían un lugar. Hijos e hijas, viejos y jóvenes. Nadie queda fuera por edad, por género, por rango. Lo que antes era privilegio de unos pocos escogidos se vuelve promesa para todos. Esa misma palabra resonó siglos después en Pentecostés, cuando el Espíritu cayó sobre gente común reunida en una habitación.
Esta noche, cuando repasas el día y ves lo que quedó incompleto, lo que no alcanzó, hay algo que no depende de tus fuerzas agotadas. El Espíritu no se derrama sobre los que lo merecen, sino sobre toda carne, también la tuya, cansada como está.
Hoy
Antes de apagar la luz, di en voz alta: Señor, derrama tu Espíritu también sobre mí. Luego escribe el nombre de alguien que hoy se sintió pequeño o pasado por alto, y pide que ese mismo Espíritu se derrame también sobre esa persona.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
14No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová.
21Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;
25Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.
1PORQUE he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré tornar la cautividad de Judá y de Jerusalem,
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