Enós, hijo de Seth: novecientos cinco años y un nombre invocado
Un hombre de la primera lista
Enós (אֱנוֹשׁ) es hijo de Seth, un hombre que vivió antes del diluvio, en la era situada hacia 4004 a. C. a 2348 a. C. según la cronología de Ussher (1650). Aparece en ocho versículos repartidos en cuatro pasajes: una línea en Genesis 4:26, dos tramos de la genealogía de Genesis 5, un solo nombre en 1 Chronicles 1:1 y un solo nombre en Luke 3:38. No hay de él discursos, viajes, batallas ni oraciones registradas. Lo que el texto nos entrega es un nacimiento, una paternidad, una cifra de años y una muerte, y junto a eso una frase que marca su tiempo.
El nacimiento y la frase que lo acompaña
La primera mención llega al final del capítulo cuarto: «Y á Seth también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron á llamarse del nombre de Jehová» (Genesis 4:26). El texto no dice que fuera Enós quien lo iniciara, ni nombra a los hombres que lo hicieron. Simplemente sitúa ese comienzo junto al nacimiento de este niño. Enós entra en la historia no por lo que hizo, sino por lo que se empezó a hacer cuando él llegó. El nombre de Jehová pasa aquí a ser invocado, y el nacimiento de Enós es el punto de referencia que el narrador escoge para fecharlo.
El registro de los años
Genesis 5 vuelve sobre lo mismo con la precisión de un registro. Primero desde el lado del padre: «Y vivió Seth ciento y cinco años, y engendró á Enós. Y vivió Seth, después que engendró á Enós, ochocientos y siete años: y engendró hijos é hijas» (Genesis 5:6-7). Enós es, por tanto, el hijo registrado de Seth en esa cuenta, y no el único: el texto habla de hijos e hijas que no se nombran.
Luego el mismo molde se aplica a él: «Y vivió Enós noventa años, y engendró á Cainán. Y vivió Enós después que engendró á Cainán, ochocientos y quince años: y engendró hijos é hijas. Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años; y murió» (Genesis 5:9-11). Noventa años hasta Cainán, ochocientos quince después, novecientos cinco en total. La fórmula se cierra con dos palabras breves: «y murió». La vida larguísima no cancela el final. Enós pertenece a una cadena de hombres que engendran y mueren, y el registro no le concede excepción alguna.
La tercera aparición es la más escueta. El cronista abre su obra con tres nombres, sin verbo ni comentario: «ADAM, Seth, Enos,» (1 Chronicles 1:1). Enós está ahí como tercer eslabón, sostenido por nada más que su lugar en la secuencia.
Lo que no se cuenta de él
Conviene decirlo sin adornos: de Enós no se registra ninguna falta, y tampoco ningún acto de fe, ningún mérito, ninguna palabra suya. No es que el texto lo exima de culpa; es que no narra escena alguna en la que él actúe. No sabemos el nombre de su madre ni el de su mujer, ni cuántos hijos e hijas tuvo además de Cainán, ni dónde vivió, ni cómo murió. No se nos dice siquiera si él mismo invocaba el nombre de Jehová, aunque su nacimiento sea el momento que Genesis 4:26 asocia con ese comienzo. Quien quiera llenar esos huecos tendrá que hacerlo con imaginación, no con el texto, y es más honesto dejarlos abiertos.
Eso también es un modo de ser nombrado en las páginas sagradas. La mayor parte de los que han vivido no dejan hazañas narradas, solo una descendencia, unos años contados y una muerte. Enós figura en el libro precisamente así, y figura de todos modos. Su vida cabe entera en tres versículos, y aun así nadie borró su nombre de la lista.
El último tramo de la genealogía
El evangelio lo menciona una sola vez, y con eso basta. En la genealogía ascendente se lee: «Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios» (Luke 3:38). Es el final del recorrido, el tramo que remonta hasta el origen. Enós aparece allí entre su hijo y su padre, exactamente en el mismo orden en que Genesis 5 y 1 Chronicles 1:1 lo habían colocado.
Lo notable es para qué sirve esa lista. El evangelista la escribe hacia atrás hasta Adam y hasta Dios, e incluye en ella a este hombre del que no se cuenta nada más que años y descendencia. No selecciona a los memorables: toma la cadena entera, con sus nombres mudos. Enós forma parte de ella por el solo hecho de haber nacido, engendrado y muerto donde Dios lo puso. Esa genealogía, que llega hasta aquel de quien habla Luke 3:38 al comienzo del capítulo, pasa por eslabones sin historia propia. El trabajo de Dios con una familia a lo largo de generaciones no depende de que cada eslabón tenga algo que contar.
