Esther, hija de Abihail: la reina que se presentó ante el rey
Quién es Esther y cuándo vivió
Esther (אֶסְתֵּר) es una mujer del tiempo del exilio y del retorno, hija de Abihail (Esther 2:15). Según Ussher, Annals of the World (1650), estuvo activa de 521 a. C. a 495 a. C. Su nombre aparece cuarenta y cinco veces, todas ellas dentro de un solo libro, el que lleva su nombre, desde Esther 2:7 en adelante. No se le atribuye tribu ni pueblo en los datos que tenemos, y ese silencio conviene guardarlo tal como está.
De la casa de Abihail a la casa real
La primera mención la sitúa en Esther 2:7-8, y en Esther 2:10-11 el relato vuelve a ella. El texto la presenta después con precisión: "Y llegado que fué el tiempo de Esther, hija de Abihail tío de Mardochêo, que él se había tomado por hija, para venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres: y ganaba Esther la gracia de todos los que la veían" (Esther 2:15). Lo que se destaca no es una estrategia propia, sino una contención: no pidió nada más que lo indicado por Hegai.
El resultado se cuenta con fechas y con corona: "Fué pues Esther llevada al rey Assuero á su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebeth, en el año séptimo de su reinado. Y el rey amó á Esther sobre todas las mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, é hízola reina en lugar de Vasthi" (Esther 2:16-17). Sigue un banquete, "el banquete de Esther", con alivio a las provincias y mercedes conforme a la facultad real (Esther 2:18). Su nombre reaparece brevemente en Esther 2:20 y Esther 2:22.
El decreto y el mensaje por medio de Atach
En el capítulo cuarto hay un intercambio de mensajes. El relato lo menciona en Esther 4:4-5 y luego especifica: "Dióle también la copia de la escritura del decreto que había sido dado en Susán para que fuesen destruídos, á fin de que la mostrara á Esther y se lo declarase, y le encargara que fuese al rey á suplicarle, y á pedir delante de él por su pueblo. Y vino Atach, y contó á Esther las palabras de Mardochêo. Entonces Esther dijo á Atach, y mandóle decir á Mardochêo:" (Esther 4:8-10). El diálogo continúa en Esther 4:12-13, y ella habla de nuevo en Esther 4:15 y Esther 4:17. La petición que se le encarga es concreta: ir al rey, suplicar, pedir por su pueblo.
El tercer día, el cetro y el primer banquete
La escena más extensa es la del acercamiento al rey: "Y ACONTECIÓ que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey" (Esther 5:1). El rey extendió el cetro de oro, ella tocó la punta, y a la pregunta "¿Qué tienes, reina Esther? ¿y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino, se te dará" (Esther 5:3) responde con una invitación, no con la denuncia: "Si al rey place, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he hecho" (Esther 5:4). El rey y Amán acuden (Esther 5:5-7). Su nombre suena también en Esther 5:12 y Esther 6:14.
El segundo banquete y la caída de Amán
Al día siguiente el rey repite la pregunta, y entonces ella pide lo único que importa: "séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda" (Esther 7:3). A la pregunta del rey sobre quién ha osado tal cosa, responde: "El enemigo y adversario es este malvado Amán" (Esther 7:6). El rey sale al huerto del palacio, Amán queda "para procurar de la reina Esther por su vida", cae sobre el lecho donde ella estaba, y el rostro de Amán es cubierto (Esther 7:7-8).
Después, el rey le da la casa de Amán y ella pone sobre esa casa a Mardochêo (Esther 8:1-2). Vuelve a hablar, esta vez sin ceremonia: "y echóse á sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán Agageo, y su designio que había formado contra los Judíos" (Esther 8:3). Otra vez el cetro de oro se extiende, y ella se pone en pie (Esther 8:4). Se la menciona luego en Esther 8:7, y por última vez en Esther 9:12-13, Esther 9:29 y Esther 9:31-32.
Faltas y silencios
Es justo decirlo con claridad: en los pasajes citados aquí no se registra ninguna falta ni pecado de Esther. No hay reproche ni corrección dirigidos a ella en el material que tenemos delante. Donde la Escritura calla sobre una culpa, inventarla sería tan deshonesto como taparla cuando la nombra.
Lo que no sabemos
No se nombra hijo alguno suyo. No se le asigna tribu ni pueblo. Su padre es Abihail, y con eso termina lo que se nos dice de su ascendencia.
Tampoco hay en este expediente referencias fuera del libro de Esther. Por eso el relato queda tal cual: el de una mujer que se puso en el patio de adentro, tocó la punta del cetro y pidió por su vida y por su pueblo.