Oseas hijo de Ela: nueve años de reinado y la caída de Samaria
Quién es Oseas hijo de Ela
Oseas (הוֹשֵׁעַ) es rey del reino del norte, Israel, hijo de Ela (2 Reyes 15:30). Su vida cae dentro de la era del reino dividido, situada hacia 975 a. C. a 586 a. C. (era situada según la cronología de Ussher, 1650). Su huella bíblica es breve y concentrada: ocho versículos, todos en 2 Reyes, repartidos en tres pasajes. Nada de él aparece fuera de ese libro.
Qué clase de menciones tenemos
Conviene decirlo con franqueza desde el principio: de Oseas no se cuenta ninguna escena propiamente dicha. Lo que tenemos son anotaciones de crónica, sincronismos de reinados y notas de paso. No hay diálogo suyo, no hay oración suya, no hay palabra de profeta dirigida a él en estos textos. Lo que sabemos de él, lo sabemos porque los registros reales lo anotaron al pasar.
La primera mención lo presenta ya con las manos ensangrentadas: «Y Oseas hijo de Ela hizo conjuración contra Peka hijo de Remalías, é hiriólo, y matólo, y reinó en su lugar, á los veinte años de Jotham hijo de Uzzía» (2 Reyes 15:30). Su acceso al trono no viene por sucesión ni por unción referida en el texto, sino por conspiración y homicidio.
La segunda anotación fecha el comienzo formal de su reinado: «EN el año duodécimo de Achâz rey de Judá, comenzó á reinar Oseas hijo de Ela en Samaria sobre Israel; y reinó nueve años» (2 Reyes 17:1). Nueve años en Samaria: ese es todo el plazo que el texto le concede.
Luego viene lo que define su reinado hacia fuera: «Contra éste subió Salmanasar rey de los Asirios; y Oseas fué hecho su siervo, y pagábale tributo. Mas el rey de Asiria halló que Oseas hacía conjuración: porque había enviado embajadores á So, rey de Egipto, y no pagaba tributo al rey de Asiria, como cada año: por lo que el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel» (2 Reyes 17:3-4). El vasallaje, la maniobra hacia Egipto, el tributo retenido y la cárcel: cuatro movimientos en dos versículos.
El desenlace nacional se registra con la misma sequedad: «En el año nueve de Oseas tomó el rey de Asiria á Samaria, y trasportó á Israel á Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos» (2 Reyes 17:6).
Dos notas más lo usan solo como reloj para fechar a otro rey. «EN el tercer año de Oseas hijo de Ela rey de Israel, comenzó á reinar Ezechîas hijo de Achâz rey de Judá» (2 Reyes 18:1). Y el asedio se vuelve a contar desde Judá: «En el cuarto año del rey Ezechîas, que era el año séptimo de Oseas hijo de Ela rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla. Y tomáronla al cabo de tres años; esto es, en el sexto año de Ezechîas, el cual era el año nono de Oseas rey de Israel, fué Samaria tomada» (2 Reyes 18:9-10). Tres años de cerco, y el año noveno de Oseas coincide con el año en que cae la ciudad.
Los fracasos que el texto no oculta
El relato no le construye una defensa. Llega al trono por conjuración y por el asesinato de Peka hijo de Remalías (2 Reyes 15:30). Ya rey, se hace siervo de Salmanasar y le paga tributo, y después vuelve a conspirar, esta vez enviando embajadores a So, rey de Egipto, y dejando de pagar lo que pagaba cada año (2 Reyes 17:3-4). El mismo verbo que lo puso en el trono lo pierde: conspiró para subir y conspiró para caer. Su reinado termina con él detenido y preso en la casa de la cárcel, y con Samaria tomada y el pueblo deportado a Hala, a Habor junto al río de Gozán y a las ciudades de los Medos (2 Reyes 17:4, 6).
Lo que no sabemos
No se nombra ningún hijo suyo. No se nos dice qué fue de él después de la prisión: el relato lo deja encarcelado y no vuelve a informar. Fuera del nombre de su padre, Ela (2 Reyes 15:30), no tenemos familia, ni lugar de origen, ni palabra suya conservada. Y, como se dijo, no hay ninguna escena narrada de él: solo sincronismos, notas y el registro escueto de sus actos.
Un rey medido por los años de otros
Lo notable es cómo se mide aquí a Oseas: por el calendario ajeno. Su tercer año sirve para fechar el comienzo de Ezechîas (2 Reyes 18:1); su año noveno, para fechar la caída de la ciudad (2 Reyes 17:6; 18:10). El hombre que se abrió paso matando termina funcionando como fecha de hechos mayores que él. El texto no le dedica más espacio, y esa brevedad ya es un juicio.

