Jacob, hijo de Mathán: dos versículos en la genealogía de Jesús
Quién es y cuándo vivió
El Jacob que aquí nos ocupa es hijo de Mathán y padre de José, el marido de María. No es profeta, ni rey, ni juez: es un nombre en una lista. El expediente lo describe como un hombre que vivió en el tiempo del exilio y el retorno. La única línea cronológica disponible dice: «nacido en 1836 a. C., murió en 1689 a. C. (147 años)», según Ussher, Annals of the World (1650). Conviene decirlo sin rodeos: esa cifra y la época señalada como exilio y retorno no encajan entre sí, y el expediente no ofrece nada que resuelva la tensión. Lo firme es lo que quedó por escrito: dos versículos, un solo pasaje, un solo libro.
Todo lo que el texto dice
No hay escena. No hay diálogo, ni viaje, ni oración, ni decisión registrada. Cada mención de este Jacob es genealógica. El pasaje entero, palabra por palabra, es este:
«Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob: Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo» (Matthew 1:15-16).
Eso es todo. Dos versículos, y el segundo lo nombra únicamente para decir de quién fue padre. Su vida, en cuanto al testimonio que tenemos delante, cabe en un verbo: engendró.
Vale la pena detenerse en la clase de mención que es esta, porque el lector experimentado sabe que las genealogías no son relleno. La lista de Matthew 1 avanza por eslabones, y cada eslabón sostiene el peso del siguiente. Eliud, Eleazar, Mathán, Jacob, José. Jacob es el penúltimo nombre antes de que la cadena cambie de forma y el texto deje de repetir «engendró» del modo acostumbrado para decir «José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo» (Matthew 1:15-16). Jacob está justo al borde de ese giro. Recibe de Mathán y entrega a José.
El expediente registra además un segundo hijo en la ficha familiar, pero sin pasaje citado y con una marca de duda. El texto que tenemos delante, Matthew 1:15-16, no lo menciona. Lo honesto es dejarlo así: consta como incierto, y el pasaje citado aquí no lo confirma.
Las faltas que no se registran
De otros hombres el texto no oculta las caídas, y no ocultarlas es parte de leer bien. Aquí no hay ninguna. El expediente no consigna pecado, fracaso ni reproche alguno contra este Jacob. Eso no significa que fuera un hombre sin pecado; significa que no se dice nada al respecto, y llenar ese silencio con una biografía imaginaria sería inventar. Un nombre en una genealogía no es un certificado de virtud ni de culpa. Es constancia de que existió y de que su casa continuó.
Lo que no sabemos
Casi todo. No sabemos dónde nació, dónde vivió ni dónde murió. No sabemos el nombre de su esposa. No sabemos su oficio, su carácter, su fe ni una sola de sus palabras. No sabemos si alcanzó a entrever algo de lo que vendría por medio de su hijo José. El expediente lo resume sin adornos: todo lo que quedó registrado cabe en dos versículos, y no se cuenta de él ninguna escena, porque cada mención es una lista, una genealogía o una nota de paso. Quien quiera más tendrá que salir del texto, y salir del texto es dejar de hablar de este hombre para hablar de una invención propia.
La línea que llega a Cristo
Y sin embargo, esos dos versículos están entre los más cargados que puedan leerse. La única referencia disponible sobre Jacob es Matthew 1:15-16, y precisamente allí termina la cuenta: «Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo» (Matthew 1:15-16). El hijo de Jacob es José. El marido de María es José. De María nació Jesús. La línea es corta y directa, y el propio texto la traza; no hace falta añadirle nada.
Así que este hombre, del que no se conserva ni una palabra dicha ni un acto realizado, aparece por una sola razón: porque por su casa pasó el hilo que desemboca en «el que es llamado el Cristo» (Matthew 1:15-16). Hay vidas narradas en capítulos y vidas registradas en una sola frase. Ambas están en la misma lista, y la lista termina en el mismo lugar.
