Melchîsedec, rey de Salem y sacerdote del Dios alto
Un sacerdote en la era de los patriarcas
Melchîsedec (מַלְכִּי־צֶ֫דֶק, H4442) es descrito como sacerdote y rey, un sacerdote que vivió en el tiempo de los patriarcas. La era en que se le sitúa va hacia 1996 a. C. a 1635 a. C., según la era situada según la cronología de Ussher (1650). Su huella es breve y muy desigual: once versículos repartidos en cinco pasajes, con la primera mención en Genesis 14:18 y las restantes en Psalms y Hebrews. Nueve de esos versículos están en Hebrews, uno en Genesis y uno en Psalms. Es un caso poco común: un hombre del que se dice muchísimo y se cuenta muy poco.
Un solo versículo en Genesis
Todo lo que Genesis dice de él cabe en una línea: «Entonces Melchîsedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto;» (Genesis 14:18). No hay allí palabras suyas registradas, ni descripción de su reino, ni relato de su llamamiento. Aparece, saca pan y vino, y el texto lo identifica con dos títulos: rey de Salem y sacerdote del Dios alto.
Conviene decirlo con franqueza: no se narra ninguna escena propia de este personaje. Cada mención es una lista, un apunte de paso o una cita retomada por otro autor. Lo que sabemos de él nos llega casi siempre por boca de terceros que lo recuerdan, y no por un relato que lo siga de cerca.
La memoria de Hebrews
Mucho después, la carta a los Hebrews vuelve sobre aquel versículo y añade lo que las palabras citadas de Genesis no habían dicho: «PORQUE este Melchîsedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió á recibir á Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,» (Hebrews 7:1). Aquí aparece el encuentro: Melchîsedec sale a recibir a Abraham cuando este vuelve de la derrota de los reyes, y lo bendice. El que bendice es el sacerdote; el bendecido es Abraham.
El argumento sigue en Hebrews 7:10-11: «Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchîsedec le salió al encuentro. Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico (porque debajo de él recibió el pueblo la ley) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melchîsedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?» El razonamiento tiene peso: si el sacerdocio Levítico, bajo el cual el pueblo recibió la ley, hubiera bastado, no haría falta anunciar otro sacerdote de otro orden. La sola existencia de un sacerdote anterior a la ley y ajeno al orden de Aarón abre una pregunta que la carta no deja caer.
Ese orden vuelve a nombrarse en Hebrews 7:15, Hebrews 7:17 y Hebrews 7:21. Y antes de todo eso, en un solo versículo, Psalms 110:4, del que Hebrews toma su cita: «Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, según el orden de Melchîsedec.» (Hebrews 5:6).
Lo que no sabemos
El silencio forma parte del retrato y no debe rellenarse. No se nombran sus padres. No se nombran hijos suyos. No se cuenta cómo llegó a ser rey de Salem ni cómo llegó a ser sacerdote del Dios alto, ni cuándo murió, ni qué fue de Salem después de él. Tampoco se registra falta, pecado ni fracaso alguno de este hombre; el texto no lo elogia moralmente ni lo acusa, sencillamente no cuenta esa parte. Quien quiera saber más de su vida se quedará con hambre, y esa hambre es honesta.
Lo que sí queda registrado es su función: bendice a Abraham, saca pan y vino, y es llamado sacerdote del Dios Altísimo antes de que existieran la ley y el orden de Aarón.
La línea hacia Jesús
Hebrews no se detiene en el personaje: lo usa como molde. De Jesús se dice que fue «Nombrado de Dios pontífice según el orden de Melchîsedec.» (Hebrews 5:10), y que es sacerdote «eternamente, según el orden de Melchîsedec» (Hebrews 5:6). El destino de ese sacerdocio se describe así: «Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec.» (Hebrews 6:20). Entró por nosotros; no fue una entrada privada.
El argumento se cierra con la pregunta de Hebrews 7:10-11: si la perfección hubiera venido por el sacerdocio Levítico, sobraba otro sacerdote. Pero el otro sacerdote fue anunciado, y Hebrews 7:15, Hebrews 7:17 y Hebrews 7:21 insisten en ese mismo orden. Así, un hombre del que Genesis dice una sola frase termina siendo el patrón con el que se describe el sacerdocio de Jesús: uno que sale al encuentro, que bendice, que saca pan y vino, y cuyo sacerdocio no depende de la ley ni del orden de Aarón.

