Esteban: siete versículos, un testigo hasta la muerte
Quién es y cuándo vivió
Esteban aparece solamente en el libro de Acts, y su huella entera cabe en siete versículos repartidos en cinco pasajes: Acts 6:5; Acts 6:8-9; Acts 7:59; Acts 8:2; Acts 11:19 y Acts 22:20. Según Ussher, Annals of the World (1650), estuvo activo de d. C. 33 a d. C. 34. Es poco tiempo y poco texto, pero lo que allí se dice basta para que su nombre siga resonando en el relato mucho después de que él ya no está.
Elegido entre siete
La primera mención lo coloca dentro de una lista: "Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Prócoro, y á Nicanor, y á Timón, y á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía" (Acts 6:5). Es una lista, sí, pero Esteban encabeza esa lista y es el único de los siete al que el texto añade una descripción propia: lleno de fe y de Espíritu Santo. La elección viene con el consentimiento de toda la multitud. No hay aquí diálogo ni un llamado personal narrado; hay un nombre puesto delante de otros nombres, con una caracterización que el resto del material confirmará.
Lleno de gracia y de potencia
La segunda mención lo saca de la lista y lo pone en actividad pública: "Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacía prodigios y milagros grandes en el pueblo. Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cireneos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban" (Acts 6:8-9). Nótese la secuencia: la gracia y la potencia producen obras grandes en el pueblo, y las obras grandes producen oposición. Los que se levantan vienen de una sinagoga y de los lugares que el texto nombra. La disputa es con él, en singular. El pasaje no dice qué argumentaron ni cómo terminó la discusión; solo que se levantaron y disputaron.
"Señor Jesús, recibe mi espíritu"
La tercera mención es su muerte, contada en una sola línea: "Y apedrearon á Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu" (Acts 7:59). Este versículo no describe juicio ni sentencia; describe piedras y una oración. Y la oración es una entrega: el que muere no pide rescate, pide que su espíritu sea recibido. Sobre este verso descansa todo lo que vendrá después.
Lo que su muerte dejó atrás
Dos menciones posteriores miran hacia atrás. La primera es una nota de pasada dentro de un relato mayor: "Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando á nadie la palabra, sino sólo á los Judíos" (Acts 11:19). Su nombre se ha vuelto una marca de tiempo: hubo una tribulación, y se la fecha "en tiempo de Esteban". El esparcimiento llegó hasta Fenicia, Cipro y Antioquía.
La segunda es un recuerdo en primera persona de alguien que estuvo allí: "Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente, y consentía á su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban" (Acts 22:20). Quien habla se acusa de tres cosas: presencia, consentimiento y custodia de las ropas de los que mataban. Y llama a Esteban "tu testigo". Hay además otra mención, Acts 8:2, que el dossier no trae citada en esta edición; queda como referencia, sin comentario.
Faltas
En estos siete versículos no se registra ninguna falta ni pecado de Esteban. Conviene decirlo sin adornarlo: no es que el texto lo declare impecable, es que no cuenta nada en ese sentido. El pecado que sí aparece en este material es ajeno, el de quien confiesa en Acts 22:20 haber consentido en la muerte y haber guardado las ropas.
Lo que no sabemos
No se nombran sus padres. No se nombran hijos. No se le da tribu ni pueblo. Fuera de la disputa de Acts 6:9 y de la lapidación de Acts 7:59, sus menciones son de este otro tipo: una lista, una nota de tiempo, el recuerdo de otro. No sabemos cómo llegó a la fe, ni de dónde venía, ni qué edad tenía cuando murió.
La línea hacia el Señor Jesús
La línea corre por dos versículos. En Acts 7:59 Esteban muere invocando: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". No apela a su elección de Acts 6:5 ni a los prodigios de Acts 6:8, sino a alguien que puede recibir un espíritu. Y en Acts 22:20 es el Señor quien recibe el testimonio: Esteban es llamado "tu testigo", y su sangre derramada es lo que aquel hombre recuerda. Eso queda de alguien de quien apenas sabemos nada: que estuvo lleno de fe y de Espíritu Santo (Acts 6:5), y que al morir sabía a quién estaba hablando.

