Colosenses 1
El Texto
Pablo y Timoteo escriben a una congregación que nunca han visitado, fundada por Epafras en un valle del Asia Menor. Comienzan dando gracias por la fe, el amor y la esperanza de los colosenses, y orando para que crezcan en el conocimiento de la voluntad de Dios. Luego el tono cambia y el apóstol entona algo que suena a himno: Cristo como imagen del Dios invisible, creador y sostenedor de todo, cabeza de la iglesia, reconciliador de cielo y tierra por la sangre de su cruz. Termina hablando de sí mismo: siervo de ese evangelio, gozoso en el sufrimiento, encargado de anunciar un misterio guardado por siglos y ahora revelado, "Cristo en vosotros la esperanza de gloria".
El Núcleo
"El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura." Pablo está reescribiendo Génesis 1. Allí el ser humano fue hecho a imagen de Dios y puesto sobre la creación; aquí hay Uno que no es hecho a imagen sino que es la imagen, y por quien todo fue creado. La palabra griega eikōn no significa copia sino manifestación visible: mirar a Cristo es ver al Dios que nadie ha visto. Y "primogénito" en el mundo bíblico no habla de fecha de nacimiento sino de rango heredado. Por eso el versículo 18 lo repite: "para que en todo tenga el primado". El punto no es una curiosidad cósmica. Es que el Dios escondido tiene rostro, y ese rostro sangró.
El Hilo Conductor
Los versículos 13 y 14 huelen a Éxodo. "Nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo; en el cual tenemos redención por su sangre." Liberación de un poder esclavizante, traslado a un territorio nuevo, redención por sangre: es el vocabulario de la noche de Pascua y del mar abierto. Pero Pablo hace algo audaz. El faraón ya no es un hombre con carros de guerra sino "la potestad de las tinieblas"; la tierra prometida ya no es una geografía sino "el reino de su amado Hijo". Israel salió de Egipto y siguió esperando; los colosenses ya han sido trasladados. Lo que en el Antiguo Testamento fue sombra y ensayo, aquí se cumple, y se cumple más hondo de lo que nadie esperaba: se reconcilia también "lo que está en los cielos".
El Espejo
Fíjate en el versículo 21: "extraños y enemigos de ánimo en malas obras". Pablo no dice que estábamos confundidos ni desorientados. Dice enemigos, y añade que la enemistad estaba en la mente antes de estar en las manos. Eso desmonta la versión cómoda de nosotros mismos, la del hombre básicamente decente que necesita un empujón. Y desmonta también la otra tentación: pensar que ahora hay que ganarse el terreno recuperado. El versículo 22 dice para qué te reconcilió: "para haceros santos, y sin mancha, é irreprensibles delante de él". Ese es el veredicto, no la meta que debes alcanzar el lunes por la mañana cuando vuelvas a hablar mal de tu jefe o a mirar tu cuenta bancaria con miedo. Lo que sigue, "si empero permanecéis fundados y firmes", no es una amenaza sino la descripción de gente que sabe dónde está parada.
La Pregunta
Y sin embargo, el versículo 24 incomoda: "cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo". ¿Falta algo? Si la sangre de la cruz ya pacificó todas las cosas, ¿qué queda pendiente? No hay manera elegante de suavizarlo. Pablo no está sugiriendo que la cruz fuera insuficiente; acaba de decir que en Cristo habita "toda plenitud". Lo que parece decir es que el cuerpo de Cristo, la iglesia, todavía atraviesa en el tiempo el sufrimiento que su Cabeza ya atravesó, y que él, Pablo, lleva su parte de ese peso a favor de otros. La reconciliación está hecha; su recorrido por el mundo aún duele. Eso no resuelve del todo la frase. Hay aquí un misterio sobre el sufrimiento cristiano que el texto deja abierto, y sería deshonesto cerrarlo.
El Protagonista
El protagonista de este capítulo no es Pablo, aunque hable de sí mismo al final. Es Cristo, y el retrato tiene una tensión deliberada. Por un lado, es anterior a todo, sostiene todo ("por él todas las cosas subsisten"), y ante él se enumeran tronos, dominios, principados y potestades como si fueran mobiliario. Por otro lado, es "el primogénito de los muertos": alguien que estuvo muerto. La grandeza cósmica y el cadáver en la tumba pertenecen a la misma persona. Pablo no describe a un principio filosófico que ordena el universo, sino a alguien con un cuerpo de carne (versículo 22) que fue asesinado y que ahora es cabeza de un cuerpo distinto, la iglesia. La gloria de este Cristo no está a pesar de la cruz, sino que pasa por ella.
Contexto
Colosas era una ciudad en decadencia del valle del Lico, en la actual Turquía, eclipsada por sus vecinas Laodicea y Hierápolis. Pablo escribe preso, probablemente desde Roma, a creyentes que no conoce personalmente. En aquella región circulaban devociones a poderes espirituales intermedios, ángeles y astros, junto con prácticas judías y filosofías de moda que prometían acceso a lo divino mediante conocimiento secreto o disciplina ascética. De ahí la lista del versículo 16: tronos, dominios, principados, potestades. Pablo no niega que existan; los coloca en su sitio, creados por Cristo y para Cristo. Y de ahí también el lenguaje de "misterio" y "sabiduría", vocabulario de los cultos de iniciación, que él arrebata y llena de otro contenido: el misterio ya no se compra ni se merece, se anuncia a todo hombre.
Reflexión
¿Dónde sigues buscando poderes o técnicas intermedias, algo que complete lo que Cristo supuestamente dejó a medias en ti?
Si Dios ya te ve "sin mancha, é irreprensible", ¿qué cambiaría esta semana en tu manera de trabajar, de discutir en casa, de mirarte al espejo?
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Preguntas frecuentes sobre Colossians 1
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Colosenses 1?
¿De qué trata Colosenses 1?
¿Cuál es el contexto histórico de Colosenses 1?
¿Qué nos enseña Colosenses 1 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Colosenses 1 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Colossians 1
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Gracias porque me corroboras "de toda fortaleza, conforme á la potencia de su gloria", y no según mis pocas fuerzas. Gracias por la paciencia que sostiene mis días largos y por ese gozo que me acompaña aun cuando la espera se alarga.
Pablo repite tres veces la misma palabra: "amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos perfecto en Cristo Jesús á todo hombre". Nadie sobra, nadie es demasiado difícil. ¿Y tú? Piensa en esa persona que ya diste por perdida. Para Pablo todavía entraba en la cuenta.
Padre, todo lo que existe salió de tus manos, lo que veo y lo que no alcanzo a imaginar. Ayúdame a recordar que yo también fui hecho para ti, y que mi vida tiene sentido cuando vuelve a su origen. Hoy te la entrego otra vez.
Gracias porque no trabajo solo: tu potencia obra en mí poderosamente, como en Pablo. Gracias porque el cansancio de cada día lo sostiene tu fuerza, y lo que yo nunca lograría con mis manos, lo haces Tú en mí mientras lucho.
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