Colosenses 4:5
El texto
Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo. Dos órdenes en una línea: que vuestra conducta hacia los que están fuera de la comunidad sea sabia, calculada, nada ingenua; y que compréis el tiempo que se os pasa por delante, como quien ve una oportunidad en el mercado y no la deja escapar. Pablo lo dice justo después de pedir oración por una puerta que se abra para su predicación, y justo antes de hablar de una palabra sazonada con sal. Entre la oración y la conversación, coloca la conducta. Primero cómo caminas, luego lo que dices. El orden no es casual.
El corazón
Aquí no hay doctrina nueva, y precisamente eso es lo escandaloso: la fe cristiana se juega en el trato cotidiano con gente que no comparte tu fe. Pablo no dice "convertid a los extraños" ni "separaos de ellos". Dice: caminad con sabiduría. La sabiduría bíblica no es astucia para salir ganando, sino el arte de vivir bien en un mundo real, con vecinos difíciles, jefes injustos y compromisos incómodos. Y detrás está una convicción sobre Dios: él no salva a la gente por encima de nuestras vidas, sino a través de ellas. Tu manera de tratar al proveedor, al colega, al inquilino, se convierte en argumento o en obstáculo. Eso es peso, no adorno.
El hilo conductor
El verbo que Pablo usa para "redimiendo" es exagorazomenoi, comprar en el mercado, sacar algo de la venta pagando por ello. Es el mismo campo de palabras con el que se describe lo que Cristo hizo con nosotros: nos compró. Aquí el objeto comprado no son personas sino el tiempo, el momento oportuno. Y esto conecta con toda la historia de la redención: Dios trabaja en tiempos concretos, en fechas, en encuentros. Israel tuvo su éxodo en una noche determinada; Cristo vino "en el cumplimiento del tiempo". Los rescatados por Cristo aprenden a tratar el tiempo como él trató la cruz: no como algo que sucede, sino como algo que se toma.
El espejo
Pregúntate cómo hablas de tus compañeros de trabajo no creyentes cuando ellos no están. Si tu conversación privada sobre ellos es despectiva, tu conducta pública ya está comprometida, aunque nunca digas una palabra ofensiva. Pregúntate también dónde eres torpe por descuido: llegas tarde, prometes y no cumples, dejas líos administrativos que otros deben arreglar. Nada de eso es pecado grave a tus ojos, pero para el de afuera es la única teología que ve de ti. Y el tiempo: probablemente no lo pierdes en el mal, lo pierdes en lo neutro, en pantallas, en cansancio administrado. Comprar el tiempo cuesta algo. Casi siempre cuesta decir no a otra cosa que también querías.
El perfil
Colosas era una ciudad pequeña en el valle del Lico, y la iglesia se reunía en casas particulares. Los creyentes eran una minoría minúscula, muchos de ellos esclavos y artesanos, sin poder social ni protección legal. "Los extraños" no eran un público abstracto: eran el dueño de la casa de al lado, el gremio del que dependía tu oficio, la familia que aún ofrecía sacrificios a los dioses de la ciudad. Ser sabio con ellos era cuestión de supervivencia, y también de honor: si los cristianos resultaban raros, desleales o holgazanes, todo el evangelio quedaba etiquetado. Pablo escribe desde la cárcel, y lo sabe bien. La reputación de Cristo viajaba en la reputación de gente sin importancia.
La pregunta
¿Dónde termina la sabiduría y empieza el cálculo cobarde? Porque la misma prudencia que evita ofensas innecesarias puede convertirse en silencio permanente. Uno aprende a no mencionar nunca su fe en la sala de profesores, a no incomodar en la cena familiar, y llama sabiduría a lo que en realidad es miedo bien vestido. Pablo no nos da un criterio limpio. Lo único que ofrece es el contexto: pide oración para que se abra una puerta y para hablar el misterio de Cristo, y está preso justamente por hablarlo. La sabiduría que él recomienda no es la que evita el conflicto, sino la que espera el momento. Distinguir las dos no se resuelve con una regla; se resuelve orando y arriesgándose.
Contexto
Estamos al final de la carta, en la parte práctica. Pablo escribe desde una prisión, probablemente en Roma, a una comunidad que él no fundó y no ha visitado. Acaba de dar instrucciones domésticas: maridos, esposas, hijos, esclavos, y amos, a quienes recuerda que también ellos tienen amo en los cielos. Luego pide oración perseverante, con hacimiento de gracias. En ese flujo llega el versículo 5, y no se entiende sin el 6: la sabiduría en la conducta desemboca en una palabra con gracia y sal, capaz de responder a cada uno. Es decir: nada de estrategias masivas, nada de campañas. Personas concretas, momentos concretos, respuestas concretas, en una casa alquilada de una ciudad sin importancia.
Reflexión
¿Qué persona "de afuera" en tu vida podría describir tu fe únicamente por lo que ha visto de tu conducta, y qué diría?
¿Cuál es la oportunidad que llevas meses viendo pasar y no compras, y qué tendrías que dejar para poder pagarla?
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Preguntas frecuentes sobre Colossians 4:5
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Colosenses 4:5?
¿De qué trata Colosenses 4:5?
¿Cuál es el contexto histórico de Colosenses 4:5?
¿Qué nos enseña Colosenses 4:5 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Colosenses 4:5 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Colossians 4
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno." La sal no se echa a puñados. Da sabor sin quemar. Piensa en el último mensaje que enviaste: ¿tenía gracia, o solo tenía razón? Pablo no te pide callar, te pide sazonar. Y eso se aprende hablando primero con Dios, antes que con la gente.
Pablo está preso, y aun así envía a alguien: "El cual os he enviado á esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones." No manda instrucciones, manda una persona. Hay consuelos que no caben en un mensaje escrito. ¿A quién podrías ir a ver esta semana, aunque tú también estés cargado?
Padre, gracias por las personas fieles que caminan a mi lado, las que llevan noticias, sostienen y sirven sin buscar aplauso. Hazme también así: alguien de confianza, un compañero leal en lo que tú me des para hacer hoy.
Padre, gracias por las pocas personas que se quedan cuando todo se pone cuesta arriba. Han sido consuelo real para mí, no solo palabras. Enséñame a ser eso mismo para alguien hoy: compañía firme, ayuda callada, alguien en quien descansar.
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