Cantares 2
Explicación e historia bíblica para adolescentes (12 en adelante)
La explicación
Cantares 2 no es un sermón ni una ley. Es un poema de amor, un diálogo entre dos jóvenes que se desean. Y está en la Biblia. Vale la pena dejar que eso te sorprenda antes de buscarle una explicación piadosa.
Ella empieza hablando de sí misma: "YO soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles." No es arrogancia; es alguien que ha aprendido a mirarse sin vergüenza. Él contesta y sube la apuesta: "Como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas." Entre tanta maleza, ella es la única flor que él ve.
Ella responde con otra imagen: él es un manzano en medio de árboles silvestres, árboles que no dan nada. Y hace algo muy concreto: se sienta a su sombra y come. "Su fruto fué dulce á mi paladar." Después habla de una cámara del vino y de una bandera sobre ella, y esa bandera se llama amor. En el mundo antiguo la bandera era militar: marcaba a quién pertenecías. Ella declara públicamente de quién es.
Luego llega una frase que la mayoría de las traducciones suavizan: "estoy enferma de amor." Pide manzanas y frascos para sostenerse, porque el deseo le quita las fuerzas. Quiere el brazo de él debajo de su cabeza y el otro alrededor de su cuerpo. No hay pudor falso aquí.
Y precisamente entonces, en medio de esa intensidad, ella se dirige a las otras mujeres y les hace jurar algo: "que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera." Es un freno puesto por ella misma, no por un adulto vigilante.
En el verso 8 cambia la escena. Escucha su voz. Él viene saltando por los montes, ligero como un venado, y se detiene detrás de la pared, mirando por las ventanas, asomándose por las rejas. Todavía hay un muro entre ellos. Y él habla: "Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente." Porque el invierno terminó, la lluvia se fue, las flores salieron, la tórtola canta otra vez, la higuera y las vides empiezan a dar. Todo el paisaje se ha vuelto una invitación.
Después le dice: "Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña… muéstrame tu rostro, hazme oir tu voz." Ella está escondida. Él no la fuerza; le pide que se deje ver.
Y luego, casi de repente: "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan á perder las viñas." Hay algo que amenaza esto. No un ejército, sino pequeños zorros. Cosas menudas que arruinan lo que está apenas floreciendo.
El capítulo cierra con la frase más segura de todas: "Mi amado es mío, y yo suya."
¿Qué significa esto?
Primero, algo que la Iglesia a veces ha olvidado: Dios no tiene miedo del cuerpo ni del deseo. Este libro habla de piel, de sabor, de olor, de brazos, y nadie lo tachó de la Biblia. Si has crecido con la idea de que la sexualidad es un tema sucio que se menciona en voz baja, este capítulo te contradice. El deseo es una criatura de Dios, no un accidente.
Segundo, y esto es igual de fuerte: la misma voz que celebra el deseo pone un límite. "Que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera." El amor tiene su tiempo. Despertarlo antes de tiempo no lo hace más grande, lo daña. Nuestra cultura te dice que esperar es represión. Este poema, escrito por alguien que claramente no era frío, dice que esperar es respeto por algo que puede quemar.
Tercero, las zorras pequeñas. Lo que destruye una relación casi nunca es una catástrofe. Son detalles: una mentira que se dejó pasar, un desprecio disfrazado de broma, una comparación con otros, la costumbre de usar a alguien. Se cazan cuando son pequeñas o después ya no se cazan.
El hilo conductor
Los lectores judíos y cristianos leyeron este libro, durante siglos, como un espejo de otra historia: la del amor entre Dios y su pueblo. No porque tuvieran vergüenza del texto, sino porque reconocieron algo. Dios habla así.
Fíjate en el verso 9: el amado está detrás de la pared, mirando por las rejas. Todavía separado, pero acercándose. En Jesús ese muro cae. Dios no se queda mirando desde afuera; entra, se hace carne, viene "saltando sobre los montes" hacia gente que se esconde en los agujeros de la peña.
Y su palabra hacia ti es la misma: "Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente." No "arréglate primero". No "cuando dejes de ser un desastre". El invierno pasó porque él lo hizo pasar. Y a los que se esconden, avergonzados de su propio rostro, les dice: muéstrame tu rostro, hazme oir tu voz, porque dulce es tu voz y hermoso tu aspecto. Eso no lo dice un juez. Lo dice alguien que ama.
Para ti
Hay dos cosas que este capítulo te pone delante.
Una: tu deseo no es tu enemigo, pero tampoco es tu dueño. Decide ahora, en frío, qué clase de amor quieres construir, en lugar de decidirlo a las dos de la mañana con el teléfono en la mano. Y pregúntate honestamente cuáles son tus zorras pequeñas, esas costumbres mínimas que ya están mordiendo tus vínculos.
Dos: probablemente estés escondido en algún agujero de la peña. Todos tenemos una parte que no mostramos, ni a Dios. La invitación no es que te vuelvas presentable. Es que salgas. Él ya sabe lo que hay ahí, y sigue diciendo "vente".
Conversemos
¿Qué le has enseñado a tu deseo: que manda él, o que manda tu decisión? Da un ejemplo real, no teórico.
¿Qué parte de ti mantienes escondida de Dios, y qué crees que pasaría si la mostraras?
Oremos juntos
Señor, tú hiciste el deseo y no te avergüenzas de él. Enséñame a no despertar el amor antes de su tiempo, y dame el valor de cazar las zorras pequeñas antes de que arruinen algo hermoso. Y cuando me esconda, sigue llamándome. Levántate y ven: que aprenda a creer que eso me lo dices a mí. Amén.
Preguntas sobre Cantares 2
Respuestas breves para quienes leen sobre esto por primera vez.
¿De qué trata Cantares 2?
¿Qué dice Cantares 2?
¿Qué nos enseña Cantares 2 acerca de Dios?
¿Qué puede aprender adolescentes de Cantares 2?
¿Por qué Cantares 2 es una historia bíblica importante?
Lo que otros descubrieron
Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas; porque estoy enferma de amor." Qué extraño: el amor la deja sin fuerzas y a la vez pide más. Amar de verdad cansa, te desarma, te vuelve dependiente. ¿Has amado así a Cristo alguna vez, hasta necesitar que te sostengan? No todo amor sano es tranquilo.
Bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce á mi paladar." Ella se sentó. No pasó corriendo por debajo, no miró el árbol de lejos. En un bosque lleno de árboles que no dan ni sombra ni fruto, encontró uno y se quedó ahí. ¿Cuánto hace que no te sientas a solas con Él, sin pedir nada, solo por el gusto de estar?
Porque ya ha pasado el invierno, hase mudado, la lluvia se fue." El amado no llega negando el frío, lo nombra. Hubo invierno, hubo lluvia. Pero llega diciendo que ya terminó. Quizá tú sigues vestido para una estación que Dios ya cerró. Él te llama a salir. ¿Y si de verdad pasó?
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