2 Corintios 5:17
El Texto
Pablo llega a una conclusión, y se nota: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es». No dice que el creyente mejora, ni que se esfuerza más, ni que da vuelta a la página. Dice que ha ocurrido una creación. Y luego añade dos frases que suenan como un portazo y una ventana abierta al mismo tiempo: «las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». Ese «he aquí» es una invitación a mirar, no un argumento. Pablo no explica el cómo. Señala. Y quien ha vivido lo suficiente sabe que entre esa afirmación y el espejo del baño hay una distancia que arde. Ahí, justamente ahí, vale la pena quedarse un rato antes de correr a resolverlo.
El Corazón
Lo nuevo aquí no es un estado de ánimo, es un territorio: «en Cristo». Pablo viene diciendo que «si uno murió por todos, luego todos son muertos» (v. 14), y esa muerte compartida es la bisagra. No se trata de que Dios repare lo viejo, sino de que lo declara terminado y comienza otra cosa desde su propia iniciativa; por eso el versículo siguiente insiste: «todo esto es de Dios». La palabra griega para «criatura», ktisis, es la misma que se usa para la creación entera. Lo que Dios hizo en Génesis lo vuelve a hacer, en pequeño y en secreto, dentro de una persona. Y sin embargo lo viejo todavía tiene voz, todavía llama por nuestro nombre. ¿Cómo puede haber pasado algo que aún sentimos respirar? El texto no lo aclara. Deja el «he aquí» abierto, como quien nos pide paciencia para ver lo que aún no vemos.
El Hilo Conductor
Cuando Pablo escoge la palabra «criatura» no está buscando una metáfora bonita; está poniendo al creyente dentro de la historia más larga que existe. En Génesis, Dios habla sobre lo informe y aparece un mundo. Los profetas, sobre todo Isaías, tomaron esa memoria y la lanzaron hacia adelante: Dios haría algo nuevo con un pueblo derrotado y deportado, algo que no sería continuación sino comienzo. Pablo dice que ese comienzo ya ocurrió, y que ocurrió en una persona concreta, crucificada y resucitada. Lo que asombra es la escala: la nueva creación no llega primero como cielo nuevo y tierra nueva, sino como un hombre o una mujer cualquiera que empieza a vivir «para aquel que murió y resucitó por ellos» (v. 15). El universo entero está esperando lo que ya empezó en secreto.
El Espejo
Aquí es donde el versículo incomoda. Porque usted sigue reaccionando igual cuando su hermano menciona la herencia. Sigue midiendo su valor por lo que rindió esta semana. Sigue cargando aquel expediente viejo con su nombre escrito: el que abandonó, el que no supo, el que traicionó. Y llega Pablo diciendo que eso pasó. Uno quisiera pedirle que baje la voz. Pero note qué es exactamente lo que declara terminado: no su historia, sino el poder de esa historia para definirlo. Lo viejo puede seguir respirando sin seguir gobernando. Vivir «por fe» y «no por vista» (v. 7) significa también esto: creerle a Dios sobre quién es usted antes de sentirlo. Hoy, en voz alta y a solas, diga el nombre viejo que carga («soy el que…») y luego diga: «esa cosa vieja pasó, estoy en Cristo».
El Protagonista
El sujeto real de este versículo no aparece hasta el siguiente: «todo esto es de Dios». Nadie se hace criatura nueva a sí mismo, igual que nadie asistió a su propio nacimiento. Y el Dios que aquí actúa tiene un rasgo que conviene mirar despacio: reconcilia primero y avisa después. No espera arrepentimiento como condición previa, no lleva cuenta: «no imputándole sus pecados» (v. 19). Es un Dios que toma la iniciativa en un mundo que ni siquiera sabía que estaba enemistado. Y entonces, habiendo hecho todo, ruega. «Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (v. 20). Un Dios que suplica lo que ya ha logrado. Esa combinación de poder soberano y súplica humilde no se deja resolver fácilmente, y quizá no deba resolverse.
El Detalle
«Si alguno». Dos palabras que no llaman la atención y lo cambian todo. Pablo escribe a una iglesia donde algunos se gloriaban «en las apariencias, y no en el corazón» (v. 12), donde había currículos espirituales y comparaciones de elocuencia. Y en el momento cumbre de su argumento no dice «si algún apóstol», ni «si algún maduro», ni «si alguno ha superado tal cosa». Dice: alguno. Cualquiera. Sin adjetivos, sin requisitos, sin filtro. La única frontera es el lugar: «en Cristo». Fuera de ese lugar no hay nueva creación por mucho esfuerzo que se ponga; dentro de él la hay por poco que uno sienta. Es una puerta tan ancha que ofende a quienes habían pagado por entrar.
Contexto
Corinto era una ciudad de comerciantes, libertos y gente que había subido rápido; el prestigio se medía por la palabra pública y por a quién conocías. En esa iglesia habían aparecido predicadores que impresionaban más que Pablo, que hablaba mal y traía un cuerpo marcado por golpes y naufragios. Esta carta se escribe después de una visita dolorosa y una carta dura, con la relación apenas remendada. Pablo no está haciendo teología en abstracto: se está defendiendo, y decide defenderse renunciando a los criterios del juego. Si conocer «según la carne» (v. 16) ya no vale, entonces tampoco valen los currículos de sus rivales. La nueva creación desarma la competencia por dentro. Por eso el versículo suena a conclusión y a alivio.
Reflexión
¿Qué cosa vieja sigo tratando como si aún tuviera autoridad sobre mí, aunque Dios la haya declarado pasada?
Si «si alguno» realmente no tiene condiciones, ¿a quién he estado excluyendo en silencio de esa frase?
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Preguntas frecuentes sobre 2 Corinthians 5:17
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¿Por qué 2 Corintios 5:17 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre 2 Corinthians 5
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Padre, aunque todavía habito este cuerpo y a veces la distancia contigo se siente enorme, dame confianza para caminar hoy con el corazón puesto en Ti. Que la fe sostenga mis pasos cuando la vista se quede corta.
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