Génesis 17:5
El texto
A los noventa y nueve años, con el rostro todavía contra el polvo, Abram escucha que su propio nombre deja de pertenecerle: "no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham". Dios no le promete solamente un hijo ni solamente una tierra; le cambia la identidad con la que lo llaman su mujer, sus siervos y los mercaderes de Canaán. Y da la razón de ese cambio en tiempo perfecto, como algo ya hecho: "porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes". El anciano sin descendencia legítima por Sara, dueño de un vientre cerrado y de un cuerpo gastado, recibe un nombre que describe lo que todavía no existe en ninguna parte del mundo visible.
El corazón
En el mundo antiguo el nombre no era una etiqueta, era un destino pronunciado. El padre nombraba al hijo, el rey nombraba al vasallo, el vencedor nombraba al vencido: quien ponía el nombre tenía el poder. Por eso este versículo es más que un detalle curioso. Dios reclama sobre Abraham la autoridad que un padre tiene sobre su casa, y lo hace cuando Abraham no tiene casa que mostrar. Fíjese en el orden: Dios no dice "serás padre y entonces te llamarás así", sino "te he puesto", y desde ese hecho consumado en el cielo deriva el nombre nuevo en la tierra. La palabra de Dios crea la realidad que nombra. Abraham tendrá que vivir veinticinco años llamándose padre de multitudes sin tener más prueba que esa voz.
El hilo conductor
Un nombre que anuncia lo que todavía no existe: ese es el patrón que atraviesa toda la Escritura. Dios llama a Abraham "padre de muchedumbre de gentes" cuando su tienda alberga a un hijo de la esclava y a un montón de siervos comprados. Siglos después, esa muchedumbre llegará por un camino que Abraham jamás imaginó, no solo por sangre sino por fe, cuando el hijo de la promesa tenga su cumplimiento último en otro Hijo nacido fuera de toda expectativa humana. Pablo entendió exactamente esto en Romanos 4: el Dios que da vida a los muertos es el mismo que llama a las cosas que no son como si ya fueran. Abraham es el primer hombre en la Biblia que vive bajo un nombre que solo la resurrección puede justificar. Toda la historia de la salvación trabaja así: Dios nombra primero, cumple después, y la fe es el intervalo.
El espejo
Usted también carga nombres que otros le pusieron y que ya no sabe quitarse. El que le pusieron en la casa donde creció: el responsable, el difícil, el que nunca termina nada. El que le puso un jefe en una evaluación, o un matrimonio que se rompió, o un diagnóstico que ahora encabeza su expediente médico. Esos nombres funcionan como funcionaban en Canaán: describen, pero sobre todo gobiernan. Y la pregunta de Génesis 17 no es si usted se siente padre de multitudes, sino quién tiene autoridad para nombrarlo. Abraham tuvo que presentarse ante gente que conocía su esterilidad y decir un nombre que sonaba a burla. Hoy: diga en voz alta, una sola vez, su nombre completo seguido de las palabras "Dios me ha puesto por hijo suyo", aunque la frase le raspe la garganta. Dígala donde alguien pueda oírla.
La pregunta
Queda una incomodidad que el texto no resuelve. Si Dios ya lo "ha puesto" por padre de muchedumbres, ¿por qué hacerlo esperar? Abraham morirá viendo un hijo, un nieto todavía lejos de ser nación, y una tumba comprada como única porción de la tierra prometida. Veinticinco años entre la palabra y el primer llanto de Isaac no es un detalle pedagógico; es casi un tercio de vida consumido en una espera que Dios pudo acortar. La Escritura no explica esa demora. Lo único que muestra es que Abraham la vivió con un nombre que lo obligaba a repetir la promesa cada vez que alguien lo saludaba. Tal vez eso sea todo lo que recibimos: no la razón de la espera, sino un nombre para sostenerla. No es poco, pero tampoco es consuelo barato.
El intertexto
Dos ecos iluminan este versículo. El primero está dos versículos después, cuando Dios promete ser Dios de Abraham "y á tu simiente después de ti", y luego renombra también a Sara. No es un favor individual; es la fundación de un pueblo, y ella entra en el cambio de nombre con la misma autoridad divina. El segundo eco está al final de la Biblia: en Apocalipsis, al que venza se le promete una piedra blanca con un nombre nuevo que nadie conoce sino quien lo recibe. Entre Génesis y Apocalipsis, Dios no deja de renombrar a los suyos, y siempre en el mismo sentido: del nombre que describe lo que somos al nombre que anuncia lo que él hará de nosotros.
El perfil
Piense en quienes escucharon esta historia por primera vez: israelitas que sabían lo que era pertenecer a un pueblo pequeño entre imperios que nombraban reyes y deportaban naciones enteras. Para ellos, oír que su antepasado recibió el nombre de boca de Dios mismo, y no de un faraón ni de un rey asirio, era una declaración política además de espiritual. Nadie más tiene derecho a nombrarnos. Entendían también el peso social: un hombre sin hijos en el mundo antiguo era un hombre sin futuro, sin nadie que enterrara su cuerpo ni defendiera su tierra. Llamarse "padre de multitudes" a los noventa y nueve años era exponerse a la risa del campamento. Y sin embargo, cuando Dios subió de con Abraham, el anciano tomó el cuchillo ese mismo día.
Reflexión
¿Qué nombre, puesto por otra persona o por usted mismo, gobierna hoy más su conducta que el nombre que Dios le da?
Abraham vivió veinticinco años con un nombre que todavía no era verdad visible. ¿Dónde está usted ahora mismo en ese intervalo, y qué hace con la espera?
Libros cristianos que valen la pena
Libros seleccionados a mano, disponibles en tu idioma.
Un devocional diario de Adviento en 25 lecturas, guiado por Lucas, que sigue una promesa de Dios desde el rey David hasta el pesebre. Con cuatro pe...
Una defensa clara y accesible de las verdades esenciales de la fe cristiana que fortalece la razón y el corazón del creyente.
Una alegoría inolvidable del viaje del cristiano hacia la Ciudad Celestial que ilumina las luchas y gozos de la vida de fe.
El testimonio íntimo de un alma inquieta que encuentra descanso en Dios, y sigue hablando al corazón de cada generación.
Las Cartas del Diablo a su Sobrino
Con ingenio y agudeza, Lewis desenmascara las tentaciones cotidianas y nos ayuda a vivir alerta espiritualmente.
Un llamado valiente a seguir a Cristo sin reservas, recordándonos que la gracia verdadera transforma toda la vida.
Faith.network earns a small commission on Kobo purchases made through these links, at no extra cost to you. It helps keep the studies free.
Preguntas frecuentes sobre Genesis 17:5
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Génesis 17:5?
¿De qué trata Génesis 17:5?
¿Cuál es el contexto histórico de Génesis 17:5?
¿Qué nos enseña Génesis 17:5 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Génesis 17:5 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Genesis 17
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Será circuncidado todo varón de entre vosotros." Dios pudo pedir una marca en la frente, algo que todos vieran. Escogió el lugar más escondido del cuerpo. La señal del pacto no era para presumir ante los hombres, sino un secreto entre Él y cada uno. ¿Qué sabe Dios de ti que nadie más ve?
Explora este pasaje en otro nivel
¿Principiante, teólogo o una lectura de otra extensión? Ajusta las opciones y genera tu propia versión.
Abrir en la herramienta de estudio
