Juan 5:12
El Texto
La pregunta cae como una piedra: «¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?». No preguntan «¿quién te sanó?». No preguntan cómo treinta y ocho años de postración se deshicieron en un instante. Preguntan por el autor de una orden, por el nombre del responsable de una infracción. El hombre acaba de decirles que el que lo sanó fue el mismo que le mandó cargar la camilla; ellos oyen solo la segunda mitad de la frase. Y el hombre no puede responder, porque todavía no sabe a quién obedeció. Hay un sanado que ignora el nombre de su Sanador, y unos interrogadores que no quieren saberlo.
El Núcleo
Aquí se abre algo incómodo y hermoso a la vez: se puede recibir la obra de Dios sin reconocer todavía su rostro. El hombre camina, lleva su lecho, está vivo de un modo que no lo estaba hace una hora, y no tiene nombre que dar. La gracia llegó antes que el conocimiento. Dios obra primero y se explica después, si acaso se explica. Pero la pregunta de los judíos también es nuestra pregunta, y no es ilegítima: ¿quién es este que manda así? Juan la dejará resonar hasta el final del capítulo, cuando Jesús diga «Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro». La interrogación hostil y la búsqueda sincera comparten, por un momento, las mismas palabras. Todo depende de si uno quiere la respuesta.
El Hilo Conductor
La pregunta «¿quién es?» recorre todo el evangelio de Juan como una corriente subterránea. Desde el principio hay alguien que actúa y nadie que lo identifique: el Verbo estaba en el mundo, y el mundo no lo conoció. Aquí la escena se vuelve casi una parábola de eso. Jesús sana y se aparta; «Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar». No se queda para recoger el aplauso ni para defenderse. El reconocimiento vendrá después, en el templo, cuando él mismo busque al hombre. Ese es el patrón de toda la historia de la salvación: Dios actúa en Egipto antes de dar su nombre en el Sinaí, libera primero y luego dice quién es. La obra precede a la revelación, y la revelación interpreta la obra.
El Espejo
Piensa en lo que has recibido sin saber de dónde vino. El trabajo que apareció cuando no quedaba nada. La persona que se sentó contigo aquella noche. El cuerpo que aguantó más de lo que debía. Vivimos cargando camillas que alguien nos mandó levantar, y rara vez nos preguntamos quién lo dijo. También está la otra cara: la facilidad con que, como los interrogadores, detectamos la infracción antes que el milagro. En la reunión del lunes, en la conversación sobre el hijo de alguien, en lo que opinas de la iglesia del barrio, ¿qué ves primero, la irregularidad o la vida? Hoy, antes de dormir, escribe en una hoja una cosa buena de este mes cuyo origen no sabes explicar, y pregúntale a Dios en voz alta: ¿fuiste tú?
El Protagonista
El hombre de los treinta y ocho años no es un héroe. No confiesa, no adora, no persigue a su Sanador; responde lo que le preguntan y poco más. Cuando lo acorralan, señala al otro: «El que me sanó, él mismo me dijo». Hay algo de evasión ahí, el reflejo de quien ha vivido demasiado tiempo dependiendo de la buena voluntad ajena. Treinta y ocho años junto al agua enseñan a sobrevivir, no a arriesgarse. Y sin embargo Jesús lo sanó. No esperó a que fuera agradecido, ni elocuente, ni valiente. Ese es el escándalo del pasaje: la gracia no se midió por la calidad del receptor. Y aun así Jesús volverá a buscarlo, porque sanar el cuerpo no era el final.
El Intertexto
Cuando Moisés pregunta a Dios en Éxodo 3 cómo se llama el que lo envía, la respuesta es un nombre que es casi un silencio: Yo soy. Juan construye su evangelio sobre esa fórmula, y aquí prepara el terreno: primero la pregunta sin respuesta, después las declaraciones donde Jesús dirá quién es. El contraste más duro viene al final del mismo capítulo: «Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí». Los que preguntan «¿quién es?» tienen los libros donde está la respuesta. Saber mucho de Dios y no reconocerlo cuando pasa delante es una posibilidad real, y este versículo la retrata sin piedad.
Contexto
Jerusalén, día de fiesta, la ciudad llena. El estanque de Betesda está junto a la puerta de las ovejas, por donde entraban los animales para el sacrificio; a pocos metros del templo se acumula una multitud de enfermos que no puede entrar en él. Es sábado. Cargar una camilla por la calle en sábado era, según la interpretación vigente, trabajo prohibido; los que interrogan no son fanáticos caprichosos sino guardianes de una ley que les había dado identidad bajo ocupación romana. Por eso su pregunta tiene filo jurídico: buscan al instigador. Y el hombre, sin nombre que dar, queda solo en medio de la calle con su lecho a cuestas, libre y todavía sin saberlo del todo.
Reflexión
¿Qué estás cargando hoy porque alguien te lo mandó, sin haberte detenido nunca a preguntar quién fue?
¿Dónde se parece tu primera reacción a la de los interrogadores: notar la irregularidad antes que la vida?
Libros cristianos que valen la pena
Libros seleccionados a mano, disponibles en tu idioma.
Un devocional diario de Adviento en 25 lecturas, guiado por Lucas, que sigue una promesa de Dios desde el rey David hasta el pesebre. Con cuatro pe...
Una defensa clara y accesible de las verdades esenciales de la fe cristiana que fortalece la razón y el corazón del creyente.
Una alegoría inolvidable del viaje del cristiano hacia la Ciudad Celestial que ilumina las luchas y gozos de la vida de fe.
El testimonio íntimo de un alma inquieta que encuentra descanso en Dios, y sigue hablando al corazón de cada generación.
Las Cartas del Diablo a su Sobrino
Con ingenio y agudeza, Lewis desenmascara las tentaciones cotidianas y nos ayuda a vivir alerta espiritualmente.
Un llamado valiente a seguir a Cristo sin reservas, recordándonos que la gracia verdadera transforma toda la vida.
Faith.network earns a small commission on Kobo purchases made through these links, at no extra cost to you. It helps keep the studies free.
Preguntas frecuentes sobre John 5:12
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Juan 5:12?
¿De qué trata Juan 5:12?
¿Cuál es el contexto histórico de Juan 5:12?
¿Qué nos enseña Juan 5:12 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Juan 5:12 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre John 5
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Gracias porque conoces al hombre que "había treinta y ocho años que estaba enfermo", y nadie llevaba la cuenta sino Tú. Gracias porque mis años de espera no te pasan desapercibidos, y porque sabes mi nombre entre tantos olvidados junto al estanque.
Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer." Se lo dice a hombres que sabían la Escritura de memoria. Puedes manejar los textos y seguir siendo un extraño para el que los inspiró. Pregúntate hoy: ¿cuándo fue la última vez que su voz te detuvo, te dolió, te consoló? Eso no se aprende, se recibe.
Gloria de los hombres no recibo", dice Jesús. Él, que merecía todo aplauso, no vivía de él. Por eso pudo caminar sin miedo entre los que lo adulaban y los que lo odiaban. Y luego pregunta: "¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros?" Quizá tu fe está cansada porque cargas demasiado el peso de lo que otros piensan de ti.
Padre, enséñame a honrar a tu Hijo con la misma reverencia con que te honro a Ti. Que mi vida entera diga que Jesús no es un maestro más, sino aquel que enviaste, digno de toda mi confianza y adoración.
Explora este pasaje en otro nivel
¿Principiante, teólogo o una lectura de otra extensión? Ajusta las opciones y genera tu propia versión.
Abrir en la herramienta de estudio
