Mateo 24:7
El Texto
Jesús, sentado en el monte de los Olivos con la mole del templo brillando al otro lado del valle, sigue respondiendo a la pregunta de sus discípulos sobre el fin. Después de advertirles que no se turben ante los rumores de guerra, añade lo que suena como un titular de periódico antiguo: "se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares." Tres desastres encadenados a un conflicto político, porque en el mundo antiguo así funcionaba: los ejércitos pisoteaban las cosechas, el hambre debilitaba los cuerpos, la enfermedad hacía el resto. Y sobre todo eso, la tierra misma temblando. Jesús no lo presenta como excepción sino como el paisaje normal de la historia hasta que él vuelva.
El Núcleo
Lo desconcertante de este versículo no es su contenido sino su función. Jesús no está prediciendo señales que permitan calcular fechas; está desactivando el pánico. Lo dice explícitamente un versículo antes: "mirad que no os turbéis." Las guerras, el hambre, los terremotos no son la ruptura del gobierno de Dios sino el escenario dentro del cual ese gobierno sigue operando sin que nosotros podamos verlo. Aquí hay una teología incómoda y adulta: Dios no promete a los suyos un mundo estable, promete estar presente en un mundo que se sacude. El discípulo que necesita señales para creer que Dios reina vivirá aterrorizado. El que ha oído esta advertencia puede mirar el noticiero sin confundir el caos con el abandono.
El Hilo Conductor
Cuando Jesús habla de naciones que se levantan unas contra otras, está usando un lenguaje que sus oyentes reconocían de los profetas. Isaías y Joel describieron así el día del Señor: la tierra estremeciéndose, los pueblos convulsionados, la creación misma respondiendo al juicio. Lo nuevo aquí no es el vocabulario sino quién lo pronuncia. El que anuncia el temblor del mundo es el mismo que subirá a una cruz mientras la tierra tiembla y el velo del templo se rasga. La historia de la redención no esquiva el desastre; pasa por él. Por eso el versículo siguiente llama a todo esto "principio de dolores", literalmente los dolores de un parto. La creación gime, y ese gemido no anuncia una muerte sino un nacimiento que Cristo ya inauguró en su propia carne.
El Espejo
Todos tenemos un umbral secreto: el punto donde dejamos de confiar y empezamos a calcular. Un diagnóstico, un despido, una guerra que sube el precio del pan, un temblor que agrieta la pared del cuarto de los niños. Ahí descubrimos cuánto de nuestra fe descansaba en que las cosas se mantuvieran razonablemente en su sitio. Jesús no nos promete ese sitio. Nos advierte de antemano precisamente para que el día que se derrumbe no lo interpretemos como prueba de que Dios se fue. La tentación no será la incredulidad ruidosa sino el enfriamiento silencioso del que habla el versículo doce: dejar de amar porque duele demasiado seguir haciéndolo. Hoy, antes de acostarte, apaga el noticiero o cierra el titular que estabas leyendo y di en voz alta, con esas palabras, "aún no es el fin"; luego reza por una sola persona a quien esa noticia está golpeando de verdad.
El Protagonista
Hay algo notable en la manera en que Jesús habla aquí. No hay temblor en su voz, pero tampoco hay frialdad. Está sentado, en la postura del maestro, mirando desde el monte de los Olivos el templo que en cuarenta años será escombro, y describe con calma quirúrgica el futuro que sus amigos tendrán que atravesar sin él a la vista. No los protege con optimismo. Les dice la verdad completa: guerras, hambre, peste, tierra que se abre. Y sin embargo lo hace para consolarlos, no para asustarlos. Ese es el retrato de un Señor que confía lo bastante en los suyos como para no mentirles, y que los ama lo bastante como para no dejarlos sorprendidos. Un pastor que camina delante y avisa dónde está el precipicio.
El Detalle
"Por los lugares." La frase parece un relleno geográfico y es en realidad la clave que impide leer mal el versículo. Los terremotos no ocurrirán en todas partes al mismo tiempo, como un cataclismo global que cualquiera pueda cronometrar; ocurrirán aquí y allá, dispersos, en distintos sitios y distintos momentos. Es decir: son señales que no señalan nada calculable. Los oyentes de Mateo vivían en una región sísmica; Laodicea quedó en ruinas, Antioquía se sacudió, las ciudades se reconstruían y volvían a caer. Jesús toma esa experiencia cotidiana y la despoja de valor profético inmediato. No es un cronómetro, es un clima. El discípulo que aprende a leer "por los lugares" deja de buscar el mapa del fin y empieza a buscar fidelidad en el lugar donde está.
El Perfil
Imagina a los primeros lectores de Mateo, probablemente cristianos de origen judío en Siria o Palestina, unos años antes o después del año 70. Han visto pasar caravanas de refugiados de Judea. Conocen el hambre de la que Agabo advirtió y que golpeó Jerusalén bajo Claudio; algunos recogieron dinero para aquellos hermanos. Han oído hablar de las legiones romanas subiendo por la costa, del humo sobre el templo, de los cuatro emperadores que se mataron entre sí en un solo año. Huele a ceniza, a miedo, a rumores de mercado. Y en medio de eso alguien lee en voz alta estas palabras de Jesús y ellos entienden algo que nosotros solemos perder: no están leyendo una predicción del futuro lejano, están leyendo la descripción exacta de su presente, dicha de antemano por su Señor. Eso no les quita el dolor. Les quita la sensación de que Dios perdió el control.
Reflexión
¿Qué noticia reciente te ha robado más paz de la que le corresponde, y qué revela eso sobre dónde estabas apoyando tu seguridad?
Si Jesús te advirtió de todo esto de antemano precisamente para que no te turbaras, ¿en qué cambiaría tu semana creer que el caos es escenario y no abandono?
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Preguntas frecuentes sobre Matthew 24:7
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Mateo 24:7?
¿De qué trata Mateo 24:7?
¿Cuál es el contexto histórico de Mateo 24:7?
¿Qué nos enseña Mateo 24:7 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Mateo 24:7 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Matthew 24
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Padre, hay cosas que solo tú sabes, y eso me da paz aunque no entienda. No necesito adivinar fechas ni vivir con miedo al mañana. Enséñame a esperar despierto, confiando en ti, ocupado en amar hoy a quienes pusiste cerca.
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