Mateo 7:21
El Texto
"Señor, Señor" era el grito de quien se acerca al trono con las manos abiertas, la fórmula de un súbdito ante alguien que puede darle o quitarle la vida. Jesús toma esa palabra y la desactiva: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos." La confesión correcta, repetida con el énfasis doble que usaban los suplicantes en la corte, no abre por sí sola la puerta. Lo que cuenta delante del Padre es hacer su voluntad. Y esto lo dice el mismo maestro que acaba de hablar de árboles y frutos, y que en seguida hablará de casas construidas sobre roca o sobre arena.
El Núcleo
Imagínese a los que estaban sentados en aquella ladera de Galilea: campesinos con las uñas negras, algún fariseo de aldea, mujeres que habían caminado desde Cafarnaúm. Ninguno de ellos pensaba que la religión fuera un asunto interior y privado. Para ellos, pertenecer al pueblo de Dios era algo visible: el sábado, la pureza, el diezmo del eneldo. Jesús no les quita esa exterioridad; les cambia el criterio. No pregunta cuánto se sabe ni con qué fervor se invoca su nombre, sino si la vida obedece al Padre. Y aquí está lo incómodo: él se coloca en el centro de la escena. Le dicen "Señor" a él, pero la voluntad que decide es la del Padre, y él es quien tiene autoridad para declarar quién entra. La ortodoxia sin obediencia es una casa hermosa sobre arena.
El Hilo Conductor
Aquel "Señor, Señor" tiene raíces antiguas. En el desierto, Israel había dicho algo parecido al pie del Sinaí: haremos todo lo que el Señor ha dicho. Y no lo hicieron. Toda la historia del pueblo es la distancia entre la confesión y la obediencia, y los profetas gritaron precisamente en esa grieta: sacrificios sí, corazón no. Jesús no inventa un criterio nuevo, recoge el más antiguo. Pero lo hace desde un lugar que ningún profeta ocupó: no dice "así dice el Señor", dice "el que me dice a mí". Él es el Hijo que sí hizo la voluntad del Padre hasta el final, y por eso puede exigirla. La obediencia que pide no es el precio de la entrada; es la señal de que su vida ya está obrando en la nuestra.
El Espejo
Usted sabe decir "Señor, Señor". Lo dice cantando el domingo, lo dice preparando la lección del grupo, lo dice cuando el diagnóstico llega y no queda otra palabra. No hay nada falso en eso. Lo que este versículo pone al descubierto es más fino: la tentación de creer que la intensidad religiosa sustituye a la obediencia concreta. Que hablar bien de la reconciliación cuenta como perdonar a su cuñado. Que indignarse por la injusticia cuenta como pagar bien a quien trabaja para usted. Que la oración ferviente de la mañana cubre el trato seco de la tarde con sus hijos. Jesús desconecta el volumen del contenido. Hoy, antes de dormir, escoja una sola cosa que usted sabe que el Padre quiere de usted y que lleva semanas posponiendo, y hágala ahora si cabe en diez minutos: esa llamada, ese pago, esa disculpa.
El Intertexto
Dos versos más abajo suena la frase más dura de todo el Sermón: "Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad." Lo estremecedor es a quiénes se la dice: no a ateos, sino a gente que profetizó, echó demonios y obró milagros en su nombre. El poder espiritual tampoco es prueba de pertenencia. Y en el verso 12 Jesús ya había dicho en qué consiste esa voluntad del Padre: "todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas." La obediencia que abre la puerta del reino no es esotérica ni heroica. Es el trato justo y misericordioso con el hermano que tiene la mota en el ojo.
El Personaje Principal
Fíjese en la postura de Jesús aquí. Un carpintero galileo, sin ordenación ni escuela, sentado en la hierba, anuncia con toda calma que él estará presente "en aquel día" y que de su reconocimiento depende todo. Los escribas citaban autoridades; él no cita a nadie. La multitud lo notó: "les enseñaba como quien tiene autoridad". Y sin embargo, no se pone en el lugar del Padre. Dice "mi Padre que está en los cielos", y remite la voluntad decisiva a él. Hay en Jesús una combinación que nadie más sostiene: la autoridad de quien juzga y la sumisión de quien obedece. Es duro porque es honesto, y es honesto porque él mismo camina primero por la puerta estrecha que nos manda cruzar.
La Pregunta
¿Cuánta obediencia hace falta? Si el fruto delata al árbol, ¿cómo sé que el mío basta? La pregunta es legítima y el texto no la responde con un porcentaje. Lo que sí hace es cambiar el sujeto: no dice "el que hiciere lo suficiente", sino "el que hiciere la voluntad de mi Padre", una dirección de vida, no una puntuación. Aun así, no conviene desactivar el temblor. Jesús quiere que temblemos un poco, porque el autoengaño religioso es real y confortable. La única salida no es medirse, sino pedir: "Pedid, y se os dará", dijo cuatro versos antes, y prometió que el Padre da buenas cosas a los que le piden. Pídale a él la obediencia que le exige.
Reflexión
¿Qué cosa concreta sabe usted que Dios le pide y que ha sustituido por hablar de ella?
Si alguien observara sus últimas dos semanas sin oírle decir "Señor", ¿qué árbol diría que ve?
Libros cristianos que valen la pena
Libros seleccionados a mano, disponibles en tu idioma.
Una defensa clara y accesible de las verdades esenciales de la fe cristiana que fortalece la razón y el corazón del creyente.
Una alegoría inolvidable del viaje del cristiano hacia la Ciudad Celestial que ilumina las luchas y gozos de la vida de fe.
El testimonio íntimo de un alma inquieta que encuentra descanso en Dios, y sigue hablando al corazón de cada generación.
Las Cartas del Diablo a su Sobrino
Con ingenio y agudeza, Lewis desenmascara las tentaciones cotidianas y nos ayuda a vivir alerta espiritualmente.
Un llamado valiente a seguir a Cristo sin reservas, recordándonos que la gracia verdadera transforma toda la vida.
Como Asociado de Amazon, Faith.network gana con las compras que califican. Esto ayuda a mantener la plataforma gratuita.
Preguntas frecuentes sobre Matthew 7:21
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Mateo 7:21?
¿De qué trata Mateo 7:21?
¿Cuál es el contexto histórico de Mateo 7:21?
¿Qué nos enseña Mateo 7:21 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Mateo 7:21 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Matthew 7
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
No juzguéis, para que no seáis juzgados." Qué fácil se te escapa la sentencia sobre otro, casi sin pensarlo. Pero Jesús te recuerda que la misma vara que sacas para medir a tu hermano, alguien la sacará contigo, y sobre todo, Dios mismo. Antes de hablar del defecto ajeno, detente. Respira. ¿Y si esa persona necesita compasión más que veredicto?
Explora este pasaje en otro nivel
¿Principiante, teólogo o una lectura de otra extensión? Ajusta las opciones y genera tu propia versión.
Abrir en la herramienta de estudio