Dios cerca del corazón sincero
Corazón abierto
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Mateo 18:21, Salmos 88:18, Hechos 10:30-31 and Hechos 16:14.
☀ Momento de la mañana
Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
Mateo 18:21
Pedro camina junto a Jesús con un nombre concreto en la cabeza, alguien que le ha hecho daño más de una vez, y algo en su pecho ya está contando. Se acerca, no grita la pregunta desde lejos, se acerca a Jesús para preguntarla de cerca, como quien necesita saber dónde está el límite antes de seguir dando.
Los maestros de su tiempo enseñaban que perdonar tres veces era suficiente, generoso incluso. Pedro más que duplica esa cifra y ofrece siete, un número que en su lengua suena a plenitud, a algo completo. Cree que está siendo espléndido. Pregunta esperando que Jesús le confirme el número y le diga: hasta ahí, ni uno más.
La pregunta misma delata algo humano y comprensible. Pedro no pregunta si debe perdonar, eso ya lo sabe. Pregunta hasta cuándo, porque llevar la cuenta es lo que hacemos cuando el corazón sigue dolido aunque la boca ya haya dicho que perdona.
Hoy quizá llevas tú también una cuenta abierta con alguien, un número que subes cada vez que esa persona vuelve a fallar. La pregunta de Pedro es honesta, y es tuya antes de que llegue la respuesta de Jesús.
Hoy
Escribe en un papel el nombre de alguien a quien sigues contando las veces que te ha herido, y en lugar de sumar una más, ora por esa persona en voz alta durante un minuto, por su nombre.
✦ Momento del mediodía
Has alejado de mí el amigo y el compañero; y mis conocidos se esconden en la tiniebla.
Salmos 88:18
Los cantores del templo recibían a veces una melodía ya existente para poner su letra encima, una tonada llamada Mahalath, que significa algo como sufrimiento o enfermedad. Sobre esa música, en pleno patio del templo, entre el humo de los sacrificios y el bullicio de la gente, Hemán el ezraíta cantaba este salmo. No en secreto, sino en voz alta, delante de todos.
El salmo empieza clamando de día y de noche, y nunca cambia de tono. No hay giro a mitad de camino, no hay versículo final que levante la voz hacia la alabanza, como casi siempre ocurre en los salmos de lamento. Este se queda hundido. Amigos que se alejan, oscuridad que se instala, y ninguna palabra de consuelo al cerrar.
Eso es exactamente lo que le da valor hoy. A mitad de una jornada de trabajo, cuando por dentro algo sigue pesando mientras por fuera hay que seguir funcionando, este salmo no exige que arregles el final. Fue cantado así, sin resolver, y aun así quedó guardado en el libro de oración de Israel.
Si hoy el corazón no tiene ánimo para terminar en victoria, no hace falta fingirlo. Dios escuchó este canto hasta la última línea, tal como es.
Hoy
Toma un papel o el teléfono ahora mismo. Escribe una sola frase, la más honesta que tengas sobre cómo estás hoy, sin corregirla hacia algo más positivo, y dila en voz baja una vez antes de volver al trabajo.
◐ Momento de la tarde
Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que á esta hora yo estaba ayuno; y á la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente. Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.
Hechos 10:30-31
La ropa brilla. Eso es lo primero que Cornelio recuerda al contarlo: un hombre vestido de blanco, de pie, delante de él, en su propia casa, a media tarde. No en el templo, no en una sinagoga. En su casa, a la hora de la oración, la misma hora en que los judíos subían al templo a orar.
Cornelio era centurión romano, un oficial pagano al mando de soldados paganos. Pero oraba a esa hora, ayunaba, daba limosna. Guardaba los ritmos de un pueblo que no era el suyo, sin haber entrado del todo en él. Devoto, pero de afuera. Ese detalle importa: Dios vio y recordó la oración y la limosna de un hombre que ni siquiera tenía el pacto completo todavía.
Y aun así, eso no bastó. El ángel no le explica el evangelio, no lo bautiza, no resuelve nada. Lo manda a buscar a otro hombre, a otra ciudad. Toda su devoción, años de ayuno y oración fiel, fue la puerta abierta, no el destino. Cornelio tuvo que esperar a que otro le trajera la palabra que él solo no podía darse.
Eso incomoda. ¿Cuánta de nuestra propia fidelidad de tarde, nuestras rutinas calladas, son también solo puerta abierta, esperando todavía algo que no podemos darnos a nosotros mismos?
Hoy
Detente ahora, a esta hora de la tarde, y di en voz alta una petición concreta que llevas días cargando en silencio, con nombre y rostro, tal como Cornelio nombró su ayuno y su hora.
☾ Momento de la tarde
Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta á lo que Pablo decía.
Hechos 16:14
Abrió. No ella misma, no por fuerza de voluntad. El Señor abrió su corazón. Lidia estaba simplemente sentada junto al río, en el lugar donde los que oraban se reunían porque esa ciudad no tenía sinagoga, y mientras escuchaba, algo se abrió dentro de ella sin que lo forzara.
Lidia vendía púrpura, un tinte costoso que venía de su ciudad de origen, Tiatira, conocida por sus gremios de tintoreros. Era una mujer con oficio propio, probablemente con su propia casa, su propio criterio, su propia vida ordenada. Y aun así, con todo eso en orden, necesitó que algo de fuera la abriera por dentro.
Hoy quizá también llegaste a este momento con todo bajo control: la agenda cumplida, las tareas hechas, la casa en su sitio. Pero el corazón no se abre por disciplina. Se abre porque Alguien lo abre.
Eso cambia lo que esperas de esta noche. No vienes a forzar nada, ni a producir un sentimiento piadoso. Vienes como Lidia junto al río: quieta, disponible, escuchando lo que ya se está diciendo.
Hoy
Busca ahora un lugar tranquilo en tu casa, junto a una ventana o afuera si puedes. Quédate ahí cinco minutos sin hablar ni pedir nada, solo escuchando. Después, en una sola frase, escribe qué fue lo que tu corazón oyó hoy.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?
18Has alejado de mí el amigo y el compañero; y mis conocidos se esconden en la tiniebla.
30Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que á esta hora yo estaba ayuno; y á la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente.
31Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.
14Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta á lo que Pablo decía.
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