Un Dios que ve, restaura y acompaña
Presencia y compasión
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Jonás 4:11, 2 Reyes 6:6, Deuteronomio 19:15 and Mateo 1:23.
☀ Momento de la mañana
¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
Jonás 4:11
El sol cae a pico sobre las ramas secas que Jonás mismo ha amontonado a las puertas de Nínive. Se ha hecho una enramada pequeña, apenas sombra para un hombre sentado, y espera. Espera ver caer fuego sobre la ciudad que acaba de arrepentirse. No está triste por su misión cumplida, está furioso porque Dios ha tenido compasión.
Dios hace crecer una planta junto a él, un alivio para su cuerpo cansado, y Jonás se alegra con una alegría desproporcionada, la alegría de quien por fin recibe algo bueno en medio de su enojo. Pero la planta se seca en una noche, y el enojo de Jonás por la planta es más grande que su compasión por ciento veinte mil personas. Dios no lo regaña con dureza. Le hace una pregunta que se queda abierta, sin respuesta registrada en el texto: ¿no tendré Yo piedad?
Esa pregunta cuelga también sobre esta mañana. Es fácil llorar por lo propio, lo que se seca, lo que se pierde, y olvidar que hay vidas enteras, ciudades enteras, que a Dios le importan más que nuestra sombra.
Que hoy, antes de que empiece la prisa del día, haya sitio para que esa pregunta de Dios trabaje en ti, sin necesidad de contestarla ya mismo.
Hoy
Escribe en un papel el nombre de alguien a quien te cuesta desearle el bien, y dilo en voz alta: Dios, ten también piedad de él.
✦ Momento del mediodía
Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro.
2 Reyes 6:6
Lo que pesa, se hunde. Esa es una ley tan fija como la gravedad misma, y nadie en su sano juicio la discute mientras trabaja. Por eso el hombre que perdió el hierro de su hacha no gritó de alegría, gritó de angustia: la herramienta era prestada, y el metal no vuelve por sí solo.
Entre los profetas que trabajaban con Eliseo había gente común, cortando madera junto al Jordán para construirse un lugar donde vivir. Un trabajo normal, una herramienta normal, un accidente normal. Y entonces algo que ninguna ley física explica: el hierro sube y flota, justo donde Eliseo arroja un simple palo.
Nadie más en ese grupo de profetas hizo algo especial. No hubo rito largo, no hubo gran discurso. Solo la pregunta concreta, dónde cayó, y la acción sencilla que siguió. El milagro no corrigió una tragedia enorme; corrigió una deuda pequeña que a un hombre pobre le quitaba el sueño.
Eso dice algo del Dios al que servimos: no solo actúa en los grandes dramas de la historia, también se inclina sobre la preocupación concreta de alguien que no quiere deberle nada a nadie. Las leyes que gobiernan el mundo no lo atan.
Hoy
Hoy llevas también alguna carga prestada, algo que temes no poder devolver entero: tiempo, confianza, una tarea que no es del todo tuya. Nombra esa carga en voz alta, ahora mismo, y escribe en una nota quién o qué es, antes de volver a tu trabajo.
◐ Momento de la tarde
No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, ó en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, ó en el dicho de tres testigos consistirá el negocio.
Deuteronomio 19:15
¿Qué haces cuando tu palabra, sola, no es suficiente para que te crean?
En Israel una sola acusación podía costarle a alguien la tierra, el nombre, incluso la vida. Bastaba que un vecino con poder, con rabia o con interés dijera algo, y el acusado quedaba a merced de esa voz. La ley de Moisés corta eso de raíz: un testigo no vale. Hacen falta dos, o tres. No porque Dios dude de la verdad, sino porque conoce el corazón humano y sabe cuánto daño cabe en una sola boca enojada.
Esta ley no protege al culpable. Protege al débil, al que no tiene amigos en el tribunal, al que podría ser aplastado por alguien con más voz que él. Detrás de este mandamiento hay un Dios que no se apura a condenar, que exige pruebas antes que veredictos, que se pone del lado de quien aún no ha sido escuchado dos veces.
Y queda la pregunta incómoda: ¿cuántas veces esta tarde ya creíste algo con un solo testigo? Un mensaje, un comentario, una versión que te convenció demasiado rápido.
Hoy
Antes de repetir hoy algo que oíste sobre otra persona, busca una segunda fuente real. Llama o escribe a alguien que lo sepa de primera mano, y si no la encuentras, guárdatelo por hoy.
☾ Momento de la tarde
He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.
Mateo 1:23
Acaz, rey de Judá, ve acercarse a dos ejércitos enemigos y su reino tiembla de miedo. En ese temor real, no abstracto, Dios no le envía una estrategia militar sino un nombre para un niño que todavía no ha nacido.
Ese nombre es Emanuel. En hebreo une dos palabras sencillas: immanu, con nosotros, y El, Dios. No describe un sentimiento religioso vago; declara un hecho concreto, Dios mismo presente en medio de la crisis de Acaz, en medio del asedio, en medio del miedo de un pueblo entero.
Setecientos años después, el ángel repite ese mismo nombre a José, un carpintero confundido que no sabe qué hacer con el embarazo de su prometida. Mateo cita a Isaías y añade la traducción, para que nadie se pierda el significado: con nosotros Dios. El nombre que una vez calmó a un rey asustado ahora se posa sobre un niño real, nacido en una aldea concreta, en una noche concreta.
Eso es lo que este nombre sigue cargando esta noche: Dios no observa tu día desde lejos, lo entra. En el cansancio del viernes, en lo que salió bien y en lo que no salió como esperabas, Él está con nosotros, no al margen de la historia sino dentro de ella, dentro de la tuya.
Hoy
Antes de apagar la luz esta noche, escribe en un papel las dos palabras Dios con nosotros y déjalo junto a tu cama, donde puedas verlo mañana al despertar.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
11¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
6Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro.
15No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, ó en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, ó en el dicho de tres testigos consistirá el negocio.
23He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.
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