Cuando la Palabra devuelve la vida
Vida que renace
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Ezequiel 37:4-5, Marcos 5:43, Juan 9:6-7 and Mateo 7:24-25.
☀ Momento de la mañana
Díjome entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oid palabra de Jehová. Así ha dicho el Señor Jehová á estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.
Ezequiel 37:4-5
El polvo del camino todavía no se ha levantado esta mañana.
Ezequiel fue llevado por la mano de Dios a un valle lleno de huesos, y el texto insiste en un detalle: eran huesos secos en gran manera. No eran caídos recientes, eran restos viejos, olvidados, sin ninguna posibilidad humana de volver a algo. Ese valle era el retrato del pueblo en el exilio, un pueblo que decía de sí mismo: nuestros huesos se secaron, y nuestra esperanza se perdió. No una tristeza pasajera, sino la sensación de que ya no queda nada que hacer.
Dios le pregunta a Ezequiel si esos huesos pueden vivir, y el profeta no presume nada, solo responde: Tú lo sabes. Y entonces viene la orden extraña: profetiza. Habla sobre lo que está muerto. Y al hablar, entra el espíritu, y viven.
Quizás hoy cargas algo que se siente así de seco: una relación, un proyecto, un cansancio que ya lleva demasiado tiempo. Este texto no promete que todo se arreglará solo. Muestra algo distinto: que Dios usa una palabra hablada, dicha en voz alta sobre lo que parece terminado, para hacer entrar vida.
Hoy
Toma un papel pequeño y escribe una sola palabra que nombre lo que hoy se siente seco en tu vida. Luego dila en voz alta junto a esta frase: Ven, espíritu, y da vida a esto.
✦ Momento del mediodía
Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
Marcos 5:43
Comer. No dice: levántate y alaba a Dios. No dice: cuenta a todos lo que has visto. Dice: que le diesen de comer. Después de vencer a la muerte misma en aquella habitación, lo primero que a Jesús le importa es que una niña de doce años tenga hambre.
Jairo había corrido hasta Él con el corazón partido, jefe de la sinagoga, hombre respetado, de rodillas en medio de la calle. En su casa lo esperaban el llanto, la burla de los que ya daban a su hija por muerta. Y ahora, minutos después, camina de vuelta por esas mismas calles con su hija viva a su lado, y Jesús le dice que le sirva algo de comer.
Eso es lo que cuesta un milagro real: no queda flotando en lo espectacular, baja hasta la mesa. La resurrección más grande de aquel día terminó en un plato de comida corriente, servido por manos temblorosas de gozo.
Hoy, en medio de tu jornada, quizá no hay resucitados ni sinagogas, solo una pausa entre dos tareas y un almuerzo a medio comer frente a la pantalla. Pero es exactamente ahí donde Jesús sigue mandando lo mismo: atiende lo pequeño, lo cotidiano, lo que sostiene el cuerpo. Su cuidado no se queda en lo asombroso, entra en tu mediodía ordinario.
Hoy
Antes de tu primer bocado de hoy, detente y di en voz alta: gracias, Señor, por este pan de cada día.
◐ Momento de la tarde
Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego, Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.
Juan 9:6-7
¿Por qué no bastó una palabra, si Jesús ya había sanado solo hablando? Frente a este hombre ciego de nacimiento, Se agacha, escupe en la tierra, amasa barro con Su saliva y lo extiende sobre los ojos cerrados. Luego lo envía a caminar, casi a tientas, hasta el estanque de Siloé, un nombre que significa 'Enviado'.
El hombre no ve nada cuando empieza a andar. Camina con barro seco en la cara, por calles que no puede ver, confiando en una orden que no entiende del todo. La fe llegó antes que la vista. Obedeció ciego, literalmente, antes de que hubiera algo que comprobar.
Cuando regresa viendo, el pueblo se divide. Los vecinos dudan si es el mismo hombre. Los fariseos discuten si hacer barro en sábado está permitido. Nadie discute lo que tienen delante: un ciego ve. Los que tenían los ojos sanos se quedaron mirando la norma y se perdieron el milagro.
Quizás hoy no recibes la respuesta de golpe, sino el barro: el paso intermedio, sucio, que todavía no explica nada. Lo único que puedes hacer es seguir caminando hacia el agua, sin ver aún a dónde lleva esto.
Hoy
Ve ahora a lavarte la cara con agua, despacio, y di en voz alta, aunque nadie te oiga: 'Voy, aunque todavía no veo del todo.'
☾ Momento de la tarde
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.
Mateo 7:24-25
Las dos casas parecían idénticas antes de la tormenta.
Eso es lo que casi nadie nota en esta parábola. No hay diferencia en el tejado, ni en las paredes, ni en la puerta. Los dos hombres oyeron exactamente las mismas palabras de Jesús. La diferencia no estaba en lo que sabían, sino en lo que hicieron con ello. Uno excavó, buscó roca firme debajo de la arena visible, y construyó ahí, aunque nadie lo veía cavar. El otro construyó directamente sobre lo que tenía a mano, porque era más rápido, más fácil, y se veía igual de bien por fuera.
Hoy has oído palabras de Jesús, quizás en este mismo espacio de quietud. La pregunta que la parábola deja abierta no es cuánto sabes, sino qué hiciste con lo que oíste entre esta mañana y esta noche. No todo se ve en el momento. Se ve cuando llega la lluvia, cuando la vida empuja.
Esta noche no hace falta juzgar todo el día. Solo mirar un momento concreto: ¿hubo una palabra de Jesús que hoy realmente se hizo carne en algo que hiciste, aunque fuera pequeño?
Hoy
Antes de apagar la luz, nombra en voz alta un momento de hoy en que pusiste en práctica algo que Jesús enseñó, aunque nadie lo haya notado, y da gracias a Dios por esa roca, aunque sea pequeña.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
4Díjome entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oid palabra de Jehová.
5Así ha dicho el Señor Jehová á estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.
43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
6Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego,
7Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.
24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;
25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.
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