Cuando Dios sale a buscarte
Dios que busca
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Lucas 15:4-5, Hechos 7:55-56, Lucas 22:42 and Juan 20:15.
☀ Momento de la mañana
¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle? Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
Lucas 15:4-5
Un pastor cuenta sus ovejas al caer la tarde, una por una, dejándolas pasar bajo su vara para revisar si están heridas o cansadas. Es un oficio de rutina, hasta que un número no cuadra.
Lo que casi nadie nota es quién estaba escuchando esta historia. Jesús la cuenta porque los publicanos y los pecadores se acercaban a Él, y los fariseos murmuraban por eso. La parábola no es una ilustración bonita sobre ovejas, es la defensa de Jesús ante gente respetable que no entendía por qué Él se sentaba con los que sobraban.
Y el detalle que se pasa por alto es el riesgo: el pastor deja a las noventa y nueve en el desierto, expuestas, para ir tras la única que falta. No calcula si sale a cuenta. Va.
Ahí es donde esto te alcanza hoy. Quizás empiezas la semana sintiéndote tú el número que no cuadra, el que quedó atrás mientras otros avanzan. O quizás conoces a alguien así, alguien que hace tiempo se apartó y nadie fue a buscarlo. Dios no espera a que el rebaño esté completo para alegrarse. Sale.
Hoy
Escribe ahora el nombre de alguien que sientes lejano o perdido, y envíale un mensaje breve antes de empezar tu jornada. No esperes a que él dé el primer paso.
✦ Momento del mediodía
Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba á la diestra de Dios, Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios.
Hechos 7:55-56
Son las once y cuarenta, y en el pasillo alguien te acusa de algo que no hiciste. Sientes la sangre subirte a la cara, las palabras que quieres soltar ya formadas en la boca.
Estéfanos las conocía bien, esas palabras. Lo arrastraron ante el concilio con testigos falsos, lo sacaron fuera de la ciudad para apedrearlo. Un hombre honesto, lleno del Espíritu, muriendo por mentiras que otros inventaron sobre él.
Y en ese instante, cuando todo en él tenía derecho a mirar a sus acusadores, mira hacia arriba. No ve nubes vacías. Ve a Jesús de pie a la diestra de Dios. De pie, no sentado, como quien se levanta para recibir a alguien que llega. Eso le costó la vida y le abrió el cielo en el mismo respiro.
No todos los días te apedrean, pero casi todos los días alguien te acusa injustamente de algo pequeño, un correo cortante, una reunión donde te dejan mal. Ahí también hay una dirección para la mirada. Hacia el acusador, o hacia arriba.
Hoy
Levántate de tu silla ahora mismo, camina hasta la ventana más cercana o sal un momento afuera, y mira hacia arriba durante un minuto entero, sin buscar nada. Luego nombra en voz baja a la persona con la que hoy tienes fricción, y pide a Dios que la bendiga.
◐ Momento de la tarde
Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Lucas 22:42
Jesús pidió escapar.
No pidió fuerzas para soportar la cruz, ni sabiduría para entenderla. Pidió que el cáliz pasara de Él, que hubiera otro camino. Esa noche en el huerto no hay un Jesús en control de la situación, sino un Hombre que suda angustia y busca una salida.
El lugar tiene nombre: Getsemaní significa prensa de aceite. Allí, donde se exprimían las aceitunas hasta sacarles todo, Jesús fue exprimido hasta lo último antes de la cruz. No oró de pie con las manos levantadas; se postró sobre su rostro, como quien ya no tiene fuerzas para estar erguido.
Y aun así, después de decir lo que quería, añadió lo que no quería decir pero dijo: no se haga mi voluntad, sino la Tuya. No canceló el primer deseo para llegar más rápido al segundo. Dijo ambos, en ese orden, y eso hace de esta oración un modelo, no una fórmula piadosa.
Quizás hoy cargas algo de lo que también querrías escapar, una conversación, un diagnóstico, una decisión que te toca a ti. La oración de Getsemaní no exige que finjas estar en paz antes de estarlo. Solo pide que digas la verdad a Dios, y que después, aunque cueste, la entregues.
Hoy
Escribe en una nota lo que hoy realmente querrías que pasara de ti. Luego di en voz alta, despacio: no se haga mi voluntad, sino la Tuya.
☾ Momento de la tarde
Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
Juan 20:15
El sepulcro de Jesús estaba en un huerto, tallado en la roca, cerrado con una piedra pesada que un hombre solo apenas podía mover. Los huertos de aquella época servían también de cementerio, y por eso alguien los cuidaba, alguien que sabía dónde estaba cada tumba y cada planta. Es lógico que María, entre la niebla del amanecer, viera una figura cerca de la tumba vacía y pensara: es el hortelano, él sabrá dónde han llevado el cuerpo.
Entonces llega la pregunta, no como reproche sino como una mano que se acerca despacio: Mujer, ¿por qué lloras? Es la segunda vez que se le hace esa misma pregunta esa mañana, primero los ángeles, luego este hombre que ella no reconoce. Nadie le dice que se calme. Nadie le da todavía la respuesta que cambiará todo.
Hay algo que sostener aquí: antes de que María sepa que es Jesús quien le habla, Él ya le hace espacio para su llanto. No lo apura. Deja que las lágrimas sean nombradas antes de ser secadas.
Hoy también hay lágrimas que llevas sin nombrarlas, cosas que pesan desde esta mañana o desde hace semanas. Esta pregunta no exige que dejes de llorar, solo pide que digas por qué.
Hoy
Antes de dormir, escribe en una hoja o di en voz alta, aunque estés solo en la habitación, la frase que respondería esa pregunta si Jesús te la hiciera esta noche: por qué lloro, y entrégasela a Él con esas mismas palabras.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
55Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba á la diestra de Dios,
56Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios.
42Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
15Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
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