Dios confía y responde con amor
Confianza y fidelidad
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Mateo 27:59-60, Génesis 31:35, Salmos 3:4 and Mateo 25:15.
☀ Momento de la mañana
Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.
Mateo 27:59-60
¿Cuánto tiempo puedes seguir creyendo en secreto antes de que te cueste algo decirlo en voz alta?
José de Arimatea había guardado silencio. Era miembro del concilio, un hombre con posición, con reputación que proteger, y discípulo de Jesús solo a puerta cerrada. Pero el viernes de la crucifixión, cuando todo terminó peor de lo que nadie esperaba, fue él quien se presentó ante Pilato y pidió el cuerpo.
Eso no era un gesto pequeño. Tocar un cadáver dejaba a un hombre ritualmente impuro justo antes del sábado. Pedir el cuerpo de un condenado romano significaba identificarse públicamente con un reo ejecutado. Y entregar su propia tumba nueva, tallada en la roca, no sobraba nada: era suya, pensada para su propia muerte. Lo dio sin que le quedara nada a cambio.
Eso es lo que abre esta mañana: no todo acto de fe empieza con certeza. A veces empieza con alguien que ya no soporta seguir callado, aunque el momento sea el peor momento posible, aunque todo esté perdido según las apariencias. José actuó cuando ya no había nada que ganar, solo algo que dar.
Hoy
Hoy, antes de salir de casa, di en voz alta, aunque sea solo para ti mismo frente al espejo, una frase sobre lo que crees de Jesús que normalmente guardas en silencio.
✦ Momento del mediodía
Y ella dijo á su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
Génesis 31:35
Lo que llevamos encima nos protege, se asume. Un objeto bajo el cuerpo, bien escondido, parece a salvo de cualquier mirada. Pero en este relato la seguridad de Rachêl no viene de los ídolos que oculta, viene de una mentira improvisada sobre su propio cuerpo.
Los terafines eran pequeñas figuras domésticas, dioses de bolsillo que una familia guardaba en casa para asegurar bendición, protección, quizás también una reclamación sobre la herencia del padre. Objetos de uso diario, tan comunes que Labán los llama simplemente mis dioses cuando los busca. Rachêl los roba al salir de la casa paterna y los esconde bajo la albarda de un camello, sentándose encima como quien se sienta sobre su propia póliza de seguro.
Lo irónico queda sin decir pero se siente: estos dioses, hechos para dar seguridad, ahora dependen por completo de que una mujer no se mueva y de una excusa bien dicha. No pueden defenderse a sí mismos.
Hoy también cargamos cosas que nos dan esa sensación de control, aunque no las llamemos dioses. Un teléfono que revisamos entre tarea y tarea, una agenda que nos tranquiliza más que la oración.
Hoy
Antes de volver a tu siguiente tarea, deja el teléfono fuera de tu vista durante diez minutos y quédate sentado en silencio, sin esa pequeña seguridad en la mano.
◐ Momento de la tarde
Con mi voz clamé á Jehová, y él me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)
Salmos 3:4
Hay una palabra entre paréntesis que casi nadie lee en voz alta. Se desliza al final de la frase, como una nota al margen, y seguimos leyendo como si no estuviera. Selah.
La palabra viene de una raíz que significa levantar, o quizás pesar. Aparece setenta y una veces en la Biblia, casi siempre en los Salmos, y marca un quiebre dentro del canto. En el Salmo 3, David acaba de contar que sus enemigos se multiplican, que dicen que Dios ya no lo salvará, y justo ahí, antes de que David responda nada, el texto dice: Selah. En el Salmo 46 ocurre lo mismo después de describir montañas que se deslizan al mar.
Nadie sabe con certeza si Selah era una señal musical, una pausa para los instrumentos, un gesto de inclinarse. Las traducciones no se atreven a traducirla porque no saben qué perdería. Lo que sí queda claro es su función: obliga a detenerse antes de que la frase termine de resolverse.
Eso es lo incómodo. Selah no aparece después del alivio, sino en medio del lamento, cuando todavía no sabemos cómo va a terminar el salmo. Nos pide quedarnos ahí, sin adelantar el final feliz.
Un viernes a media tarde, con la energía baja y el trabajo todavía sin cerrar, es fácil leer la Biblia como quien busca la frase que arregla el día y pasar de largo lo demás.
Hoy
Lee hoy el Salmo 3 completo en voz alta, y cuando llegues a la palabra Selah, detente de verdad durante diez segundos antes de seguir leyendo.
☾ Momento de la tarde
Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.
Mateo 25:15
El metal pesa en la mano antes de que se diga una palabra. Cinco bolsas para uno, dos para otro, una para el último. El siervo que recibe un solo talento no recibe una propina, recibe una fortuna.
Un talento no era una moneda de bolsillo. Era el salario de años de trabajo de un jornalero, una suma tan grande que pocos la verían jamás reunida en una sola mano. Por eso el relato sorprende: ni siquiera el que recibe menos recibe poco. Lo que se le confía ya es, en sí mismo, abundancia.
Lo que hace este número en el texto no es medir talento personal, como hoy usamos la palabra. Mide confianza entregada. El amo no pregunta primero cuánto vale cada siervo, simplemente pone en sus manos algo enorme y se va. La medida no nace de lo que el siervo es, sino de lo que se le confía.
Hoy, al cerrar el día, ese peso en la mano puede ser también tuyo: horas, palabras, decisiones, encuentros. No todas pesaban igual, pero todas fueron confiadas. No todo lo hiciste bien, y eso también puedes entregarlo esta noche, sin pesarlo más.
Hoy
Toma algo pequeño de hoy, un momento, una conversación, una tarea, y dilo en voz alta como quien lo devuelve: "Esto me fue confiado hoy, Padre, te lo entrego." Hazlo ahora, antes de apagar la luz.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
59Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,
60Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué.
35Y ella dijo á su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
4Con mi voz clamé á Jehová, y él me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)
15Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.
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