Aquiétate · domingo, octubre 25, 2026

Un amor que busca y sostiene

Amor que busca

hace 2 días 5 min de lectura 4 Pasajes bíblicos

Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Deuteronomio 32:11, 1 Samuel 1:13, Mateo 18:23-24 and Lucas 19:9-10.

☀ Momento de la mañana

Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas:

Deuteronomio 32:11

El nido en la roca está en silencio todavía. Ramas secas, espinas, un poco de piel de algún animal para amortiguar el golpe del viento. Así construye el águila, en lo alto de un peñasco donde nada puede alcanzarla.

Pero llega el día en que esa misma madre empieza a deshacer lo que hizo. Remueve las ramas blandas, deja al descubierto las espinas, hace incómodo el lugar donde sus crías se sentían tan seguras. No por crueldad, sino porque un águila que nunca sale del nido nunca aprende a volar. Y cuando el aguilucho por fin se lanza al vacío y sus alas todavía no responden, la madre desciende, extiende las suyas y lo recoge antes de que caiga.

Moisés usa esta imagen para contar cómo Dios trató a Su pueblo en el desierto. No los dejó cómodos. Los sacó de Egipto, sacudió lo conocido, y los hizo caminar por un lugar donde no había nada de qué sostenerse, excepto Él mismo.

Hoy es domingo, día para reunirse, para cantar, para que el alma respire. Pero también es un buen día para reconocer qué ramas blandas te has acostumbrado a llamar seguridad, y notar que a veces Dios las remueve no para dejarte caer, sino para que finalmente uses las alas que te dio.

Hoy
En algún momento tranquilo de hoy, antes de ir a la reunión o al llegar a casa, extiende los brazos como alas durante unos segundos y di en voz baja: Sostenme.

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✦ Momento del mediodía

Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha.

1 Samuel 1:13

Sus labios se mueven, pero no sale ningún sonido. Está de pie junto a la puerta del templo de Silo, con el cuerpo doblado por dentro, y nadie oye una sola palabra de lo que dice. Desde su asiento, el sacerdote Elí la observa y solo ve una boca que tiembla sin voz.

En aquel tiempo orar era hablar en voz alta, casi siempre. Por eso Elí se equivoca tanto: piensa que está borracha, cuando en realidad está más sobria y más despierta ante Dios que nunca. Lo que hace Ana no tiene precedente en el texto: ora sin ruido, y aun así es oída.

Lo que se atreve a decir no lo sabemos con exactitud, pero el versículo anterior cuenta que oraba largamente, derramando su alma delante de Yahvé. No adorna su dolor ni lo disimula. Lo entrega entero, aunque sea en silencio.

Hoy, en la reunión de los creyentes, hay voces que cantan fuerte y hay otras que, como Ana, solo mueven los labios porque la voz no les sale. Dios no necesita que grites para escucharte. Lo que no puedes decir en voz alta, puedes decirlo moviendo apenas los labios, y Él lo entiende todo.

Hoy
Antes de ir hoy a la reunión, o justo al llegar, siéntate cinco minutos en algún rincón tranquilo. Mueve los labios sin emitir sonido y dile a Dios, en silencio total, lo que hoy llevas dentro y no has podido contarle a nadie.

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◐ Momento de la tarde

Por lo cual, el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos.

Mateo 18:23-24

El siervo cae de rodillas. Sabe que aunque trabajara toda su vida, y la de sus hijos después de él, jamás podría juntar lo que debe. Diez mil talentos no era una cifra real para un jornalero, era una exageración deliberada: un talento equivalía a miles de jornales, así que la deuda rondaba lo impagable por definición. Jesús no cuenta para que el oyente calcule, sino para que se rinda a lo absurdo de la suma.

Esa exageración responde a una pregunta concreta de Pedro. Él había propuesto perdonar siete veces, ya generoso según la costumbre rabínica que hablaba de tres. Jesús contesta con setenta veces siete, y el número no es una tabla de multiplicar sino el final del conteo mismo. Deja de ser matemática y se vuelve otra cosa.

Lo incómodo viene después. El mismo siervo, apenas liberado de lo impagable, sale y ahoga a otro por cien denarios, el salario de unos pocos meses. Lo perdonado era incalculable; lo que él se niega a perdonar cabe en una mano. Ahí está la grieta que el texto abre y no cierra fácilmente: seguimos llevando libros de cuentas pequeñas mientras cargamos deudas enormes que ya nos fueron saldadas.

Hoy, reunidos como iglesia, esa cuenta pendiente con alguien sigue abierta en más de uno. No se cierra solo con saberlo.

Hoy
Toma un papel y escribe el nombre de alguien cuya ofensa sigues contando. Debajo, escribe cuántas veces la has repasado en tu mente. Luego tacha solo el número, deja el nombre, y di en voz alta: dejo de contar esta deuda.

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☾ Momento de la tarde

Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

Lucas 19:9-10

Esta mañana, en el banco de la iglesia, tal vez te quedaste cerca de la puerta, sin saber del todo si pertenecías allí. Ahora, con la casa en silencio y el día casi cerrado, esa sensación todavía puede quedarse contigo.

Zaqueo era jefe de los publicanos, un hombre rico por cobrar de más a los suyos, despreciado por su propio pueblo. Bajo de estatura, no podía ver a Jesús entre la multitud, así que hizo algo que ningún adulto respetable hacía: subió a un sicómoro. Eso le costó su dignidad delante de todos. Un hombre así, trepado a un árbol como un muchacho, para poder ver.

Jesús no solo lo vio. Lo llamó por su nombre y le dijo que quería entrar en su casa, esa misma noche. No después de que Zaqueo se arreglara, sino antes. La salvación llegó primero a la casa, y la vida cambió después.

Hoy, domingo, la casa de Dios se abrió también para ti, estés donde estés en tu camino, cerca de la puerta o en medio del salón. Jesús sigue siendo el que entra a las casas que nadie más visitaría, y dice que hoy, no mañana, ha venido la salvación.

Hoy
Escribe en un papel el nombre de alguien a quien te cueste recibir, o que sientas que no es bienvenido en tu mesa. Ora en voz alta por esa persona antes de apagar la luz.

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Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)

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