Vistos y llamados por nuestro nombre
Conocidos y llamados
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Mateo 10:29, Juan 20:16, Mateo 20:13-14 and Ester 4:16.
☀ Momento de la mañana
¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.
Mateo 10:29
Un cuarto. Esa era la moneda más pequeña que circulaba en el mercado de Galilea, apenas un trozo de cobre gastado. Con eso comprabas dos gorriones, el ave más común y menos apreciada, la que ningún cazador se esforzaba en atrapar porque no valía casi nada. Jesús no eligió un águila ni una paloma de sacrificio. Eligió el pájaro que nadie miraba dos veces, el que se vendía por el precio de lo que sobra.
Y sin embargo dice que ni uno de esos gorriones cae a tierra sin que el Padre lo sepa. No habla de protección mágica, los gorriones siguen muriendo, siguen cayendo. Habla de atención. El Padre está presente incluso en la muerte de lo que el mercado consideraba desechable.
Hoy empiezas el día quizás sintiéndote como ese gorrión: una tarea más entre muchas, un nombre más en la lista, alguien que nadie tasaría muy alto. Jesús no promete que tu día será fácil. Promete que nada de lo que te pase hoy ocurre fuera de la mirada de tu Padre, ni siquiera lo pequeño, ni siquiera lo que a otros les parece insignificante.
Eso cambia cómo entras a la jornada: no como alguien invisible que debe ganarse un lugar, sino como alguien ya visto.
Hoy
Antes de salir de casa, busca un gorrión o cualquier pájaro común en tu calle. Obsérvalo treinta segundos y di en voz alta: Si tú ves a este, también me ves a mí.
✦ Momento del mediodía
Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro.
Juan 20:16
Son las 12:40 y la bandeja de entrada tiene catorce correos sin leer, el café se enfrió junto al teclado, y todavía quedan tres reuniones por delante. En medio de ese ritmo, detente un segundo con María Magdalena.
Ella está parada frente a una tumba vacía, llorando, y ve a un hombre. No reconoce a Jesús. Piensa que es el hortelano, el trabajador encargado de cuidar aquel huerto donde estaba el sepulcro. Tiene sentido: era temprano, había poca luz, y su dolor era tan grande que no dejaba espacio para ver con claridad. A veces el cansancio y la pena hacen eso: nos ponen delante lo que más buscamos y aun así no lo reconocemos.
Lo que cambia todo no es una explicación ni una prueba. Es una palabra: su nombre. "María." Una sola sílaba pronunciada con la voz que ella conocía desde antes de entender quién era Él. Ahí se abren los ojos.
Eso dice algo sobre cómo trabaja Dios en medio del día ocupado: no siempre con señales espectaculares, sino con una palabra directa, personal, que corta el ruido.
Hoy
Antes de volver a tu siguiente tarea, di tu nombre en voz baja y añade: el Señor me conoce por mi nombre. Luego escribe el nombre de alguien a quien hoy le debas una palabra personal, no genérica, y envíasela antes de terminar la jornada.
◐ Momento de la tarde
Y él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.
Mateo 20:13-14
Lo justo y lo bueno no siempre son la misma cosa.
Un denario era, sencillamente, lo que un jornalero necesitaba para que su familia comiera ese día. No era un salario para ahorrar ni para progresar, era el pan de hoy, nada más. Por eso los hombres de la plaza esperaban desde el amanecer: sin ese denario, esa noche no había cena.
Los primeros trabajadores pactaron la cifra con claridad, hora tras hora bajo el sol. Los últimos apenas trabajaron una hora, porque nadie los había contratado antes, no por pereza, sino porque nadie los había querido. El dueño de la viña no mide con la misma vara que ellos: Él mira el hambre de esta noche, no las horas acumuladas.
Ahí está el roce. Los primeros tienen razón en sus cuentas, y aun así algo en su reclamo suena mezquino cuando se oye al lado del hambre del otro. El texto no resuelve esa tensión con una frase fácil. Te deja ahí, calculando tus propias horas, preguntándote si tu ojo se ha vuelto malo porque Dios ha sido bueno con alguien que, según tú, trabajó menos.
No hace falta responder eso hoy. Basta con sentir el peso de la pregunta.
Hoy
Toma una hoja esta tarde y escribe, hora por hora, cuánto vale para ti el trabajo de hoy. Debajo, escribe el nombre de alguien a quien has visto recibir algo que, a tus ojos, no merecía, y di en voz alta: Señor, que mi ojo no se vuelva malo porque Tú eres bueno.
☾ Momento de la tarde
Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca.
Ester 4:16
Apaga la luz principal y deja solo el resplandor suave de una lámpara. Respira despacio. El día ya se cerró; lo que falta por hacer puede esperar hasta mañana.
En el palacio de Susa, Ester tenía por delante una decisión que no se podía deshacer. Nadie, ni siquiera la reina, podía entrar a la sala del rey sin ser llamado. Hacerlo significaba la muerte, salvo que el rey extendiera hacia esa persona su cetro de oro. Ester no sabía si esa noche el rey lo iba a extender para ella.
Por eso, antes de entrar, pidió algo: tres días de ayuno, para ella y para todo su pueblo. No actuó sola ni de prisa. Dejó que el miedo pasara primero por el ayuno y la espera, junto a otros, antes de cruzar esa puerta.
Lo que dijo al final de esa espera sigue sonando real: y si perezco, que perezca. No era resignación vacía; era una entrega total de lo que no podía controlar, después de haber buscado a Dios en compañía.
Quizás hoy cargas algo cuyo final no conoces. Una conversación pendiente, una decisión que pesa, un mañana incierto. Ester no tuvo garantías antes de entrar. Tuvo ayuno, compañía y una frase que entregaba el resultado.
Hoy
Antes de dormir, escribe en un papel aquello que te pesa esta noche y dilo en voz alta como una entrega: y si perezco, que perezca, seguido del nombre de lo que temes.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
29¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.
16Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro.
13Y él respondiendo, dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?
14Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar á este postrero, como á ti.
16Ve, y junta á todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme á la ley; y si perezco, que perezca.
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