Buscar a Dios en nuestra necesidad
Buscar a Dios
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Marcos 10:25, Salmos 121:1-2, Juan 3:2 and Juan 5:6.
☀ Momento de la mañana
Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.
Marcos 10:25
Aguja. Una palabra pequeña para un ojo diminuto, hecho para que pase un hilo, nada más. Jesús la pone al lado del animal más grande que conocían sus oyentes, y el efecto es casi cómico: imagina intentarlo de verdad.
El camello era el transporte de carga por excelencia en aquella tierra. Alto, resistente, capaz de cruzar el desierto cargado de mercancía durante días sin agua. Un comerciante que veía pasar una caravana de camellos veía riqueza en movimiento. Por eso la imagen funciona: Jesús toma lo más grande y lo más próspero que conocían, y lo coloca frente al agujero más pequeño que usaban en casa cada día.
No es una exageración casual. Los discípulos se quedaron asombrados, el texto lo dice así unos versículos antes: se espantaban grandemente. Habían crecido pensando que la riqueza era señal de bendición, y de pronto Jesús dice que puede ser el bulto más difícil de hacer pasar por la puerta estrecha del Reino.
Hoy empiezas el día quizás cargando tu propio camello: algo grande que no cabe, que no sueltas, que llevas de un lado a otro sin saber cómo meterlo por donde Dios pide que entres. Jesús no se detiene en la imposibilidad, sigue hablando de lo que es posible para Dios. Eso no es consuelo barato, es la puerta que Él mismo abre cuando el hombre ya no puede.
Hoy
Escribe en un papel una sola palabra que nombre lo que hoy sientes imposible de soltar, y ponlo bajo tu taza de café o tu agenda como lo primero que verás al trabajar.
✦ Momento del mediodía
ALZARÉ mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
Salmos 121:1-2
El camino a Jerusalén subía entre rocas y desfiladeros donde los bandidos esperaban su momento, y los montes que rodeaban la ciudad no eran solo paisaje: eran peligro real para quien caminaba días enteros para llegar a la fiesta. Este salmo es uno de los llamados cánticos graduales, cantos que los peregrinos entonaban mientras subían, escalón tras escalón, hacia el templo.
Empieza con una mirada hacia arriba cargada de duda: esos montes, ¿me ayudarán o me amenazan? Y entonces, verso tras verso, la pregunta se convierte en confesión. El salmo repite nueve veces la palabra guardar: Dios guarda tus pies, guarda tu salida, guarda tu entrada, guarda tu vida. No es un Dios que mira desde lejos, es uno que camina al lado, sin dormirse, sin parpadear.
A mediodía el camino también puede sentirse largo. No hay bandidos entre las rocas, pero sí bandejas de tareas que no bajan, reuniones que se acumulan, una tarde que todavía falta por cruzar. El salmo no promete que el camino sea corto. Promete compañía en cada tramo de él.
Hoy
Levanta la vista de la pantalla ahora mismo, mira por la ventana durante diez segundos y di en voz baja: mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Luego sigue caminando.
◐ Momento de la tarde
Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
Juan 3:2
Pasos sobre piedra fría, una lámpara de aceite que tiembla en la mano, calles vacías porque nadie respetable anda fuera a esa hora. Nicodemo elige la noche no por casualidad, sino porque es fariseo, miembro del Sanedrín, un hombre con una reputación que proteger entre los suyos. Lo que pregunta a Jesús lo podría haber preguntado cualquier alumno curioso, pero lo pregunta escondido, porque hacerlo a plena luz le habría costado demasiado.
La Escritura no nos dice qué pasó en el corazón de Nicodemo entre esa noche y la tarde en que Jesús murió. Pero sí nos dice qué hizo después: llevó cerca de cien libras de mirra y áloe para el cuerpo, una cantidad digna de un rey, no de un maestro ajusticiado como criminal. Y esta vez no fue de noche. Lo hizo cuando ya no había nada que ganar, cuando el movimiento de Jesús parecía terminado y asociarse con Él solo traía riesgo.
Ahí está el giro silencioso: la fe de Nicodemo no se mueve de la duda a la certeza con un discurso público, sino de la pregunta nocturna al gesto costoso cuando ya no quedaba nadie mirando para aplaudirlo.
Quizá tú también guardas preguntas para la oscuridad, cosas de tu fe que no dices en la oficina, en la mesa familiar, en el grupo donde encajas mejor callado. Eso no te hace menos creyente. Pero fíjate en dónde terminó Nicodemo.
Hoy
Escribe en un papel el nombre de alguien ante quien escondes algo de tu fe, y esta noche, antes de dormir, di en voz alta una oración por esa persona, nombrándola.
☾ Momento de la tarde
Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?
Juan 5:6
Cinco pórticos de piedra rodeaban aquel estanque en Jerusalén, y bajo ellos, día tras día, se amontonaban los enfermos sobre esteras: ciegos, cojos, paralíticos. Esperaban que el agua se agitara, porque entonces, según se creía, el primero que lograra meterse quedaba sano. Pero para eso hacía falta alguien que te cargara hasta el borde justo a tiempo, y no todos tenían quien lo hiciera.
Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Treinta y ocho años viendo pasar la vida desde el suelo, sin nadie que lo bajara al agua antes que otro. Jesús lo ve entre tantos cuerpos y se detiene justo ante él. No le dice primero qué hacer. Le hace una pregunta que parece casi innecesaria: ¿Quieres ser sano?
Después de tantos años, querer ya no es sencillo. El cuerpo se acostumbra a la espera, la identidad se construye alrededor de lo que falta. La pregunta de Jesús no acusa, pero sí obliga a mirar de frente lo que uno carga, y a decir si realmente quiere soltarlo.
Esa misma pregunta puede quedarse flotando esta noche, sin apuro por responderla. Quizás hay algo que llevas hace tanto tiempo que ya ni lo nombras como carga.
Hoy
Antes de dormir, nombra en voz alta, aunque estés solo en la habitación, aquello que llevas desde hace tiempo sin pedir ayuda, y dile a Dios simplemente: sí, quiero.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
25Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios.
1ALZARÉ mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
2Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él.
6Como Jesús vió á éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?
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Para cada versículo de estas reflexiones puedes obtener una explicación bíblica profunda con contexto, trasfondo y aplicación.
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