Elcana, hijo de Jeroham: el padre de Samuel que casi no tiene escena propia
Un nombre en diez versículos
Elcana (אֶלְקָנָה), hijo de Jeroham, es un levita situado en la época del reino unido, hacia 1095 a. C. a 975 a. C. (era situada según la cronología de Ussher, 1650). Su huella en el texto bíblico es breve: diez versículos repartidos en dos libros, ocho en 1 Samuel y dos en 1 Crónicas, desde 1 Samuel 1:1 hasta 1 Crónicas. Es marido de Anna y de Peninna, y padre de Samuel. Conviene decirlo desde el principio: no se narra ninguna escena que le pertenezca a él; cada mención es una lista, una genealogía o una nota de paso dentro de una historia cuyo centro está en otra parte.
Un varón del monte de Ephraim
La primera palabra sobre él abre todo el libro: «HUBO un varón de Ramathaim de Sophim, del monte de Ephraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Thohu, hijo de Suph, Ephrateo» (1 Samuel 1:1). El versículo lo ancla en un lugar y en una línea de padres. Es la presentación de un hombre que enseguida cederá el foco a su mujer y a su hijo.
El día del sacrificio y las porciones
Lo vemos actuando en el culto y en la mesa: «Y cuando venía el día, Elcana sacrificaba, y daba á Peninna su mujer, y á todos sus hijos y á todas sus hijas, á cada uno su parte» (1 Samuel 1:4). Aquí aparece, sin comentario del narrador, la forma de su casa: dos mujeres, Anna y Peninna, y de una de ellas una descendencia numerosa que recibe su porción. El texto no elogia ni censura; reparte porciones y sigue adelante.
«¿No te soy yo mejor que diez hijos?»
La única vez que se le oye hablar es una pregunta dirigida a su mujer: «Y Elcana su marido le dijo: Anna, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?» (1 Samuel 1:8). Cuatro preguntas seguidas. Tres tratan de averiguar, la cuarta se ofrece a sí mismo como consuelo. No se dice qué respondió Anna, ni si el consuelo le sirvió.
La mañana en Ramatha
La última vez que se le nombra con acción es en el regreso: «Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volviéronse, y vinieron á su casa en Ramatha. Y Elcana conoció á Anna su mujer, y Jehová se acordó de ella» (1 Samuel 1:19). La frase reparte lo que a cada uno toca. Elcana adora, camina, conoce a su mujer. El que se acuerda es Jehová. Lo que sigue en la casa se atribuye a esa memoria divina, no al mérito del padre.
Menciones de paso
Lo demás son notas breves en las que aparece su nombre sin que la narración se detenga en él: 1 Samuel 1:21, 1 Samuel 1:23, 1 Samuel 2:11 y 1 Samuel 2:20. Son versículos que lo citan mientras el relato avanza hacia otros protagonistas.
Dos veces en una genealogía
En 1 Crónicas su nombre queda fijado dentro de una lista: «Eliab su hijo, Jeroham su hijo, Elcana su hijo» (1 Crónicas 6:27), y de nuevo hacia arriba: «Hijo de Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliel, hijo de Thoa» (1 Crónicas 6:34). El expediente lo clasifica entre los levitas. Vale la pena notar sin resolverlo que las formas de los nombres de sus antepasados no coinciden letra por letra con las de 1 Samuel 1:1, donde se lee Eliú, Thohu y Suph, y donde a él se le llama Ephrateo, del monte de Ephraim.
Lo que no se le reprocha, y lo que tampoco se le celebra
En los pasajes citados no se le atribuye ningún pecado ni se le dirige ninguna acusación. Tampoco se le da ningún elogio. Lo más cercano a una sombra es lo que el texto deja ver sin explicarlo: una casa con dos mujeres, una de ellas con hijos e hijas que reciben su parte (1 Samuel 1:4), y una esposa que llora y no come mientras él pregunta por qué (1 Samuel 1:8). El consuelo que ofrece es él mismo; el remedio, según el relato, viene de otro lado (1 Samuel 1:19).
Lo que no sabemos
No sabemos casi nada de él, y hay que decirlo sin rellenar el hueco. No se cuenta ninguna escena que sea suya: cada aparición es una lista, una genealogía o una nota al paso. No se registra su muerte, ni su edad, ni el detalle de su servicio, ni qué pensó cuando su hijo quedó lejos de casa. Su retrato cabe en un lugar de origen, una línea de padres, un sacrificio anual, cuatro preguntas y un viaje de vuelta a casa.
El expediente no recoge ninguna referencia neotestamentaria para este Elcana, de modo que aquí no se traza ninguna línea hacia adelante. Queda lo que hay: un hombre nombrado en la primera frase de 1 Samuel, cuya casa fue el lugar donde Jehová se acordó de Anna.
