Samuel, profeta fiel de Jehová en Silo
Samuel es profeta y juez, hijo de Elkanah y de Hannah, y su nacimiento queda registrado en 1 Samuel 1:20. Vivió en el tiempo del reino unido y, según Ussher, Annals of the World (1650), estuvo activo de 1120 a. C. a 1057 a. C. Su huella en el texto bíblico es amplia: ciento veintiún versículos, de los cuales ciento nueve están en 1 Samuel, seis en 1 Chronicles, y uno o dos en Psalms, Jeremiah, 2 Chronicles, Acts y Hebrews. Fue padre de dos hijos, Joel y Abijah. Lo que sigue se apoya solamente en los pasajes cuyo texto tenemos delante; los demás se citan por referencia, sin añadirles relato.
La voz que llamó de noche
La primera escena que se nos entrega con detalle ocurre siendo Samuel todavía joven, junto a Eli (1 Samuel 3:3-4). La llamada se repite y él no la reconoce: «Y Jehová volvió á llamar otra vez á Samuel. Y levantándose Samuel vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve, y acuéstate» (1 Samuel 3:6-11). El narrador explica sin rodeos la razón: «Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada». Hizo falta que Eli entendiera lo que estaba pasando y le enseñara la respuesta: «Habla, Jehová, que tu siervo oye». A la tercera vez, Samuel responde: «Habla, que tu siervo oye».
Lo que recibió esa noche no fue cómodo, y sin embargo lo transmitió entero: «Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada» (1 Samuel 3:18-21). La respuesta de Eli fue: «Jehová es; haga lo que bien le pareciere». Desde ahí su vida queda resumida en una frase: «Y Samuel creció, y Jehová fué con él, y no dejó caer á tierra ninguna de sus palabras. Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beer-sebah, que Samuel era fiel profeta de Jehová. Así tornó Jehová á aparecer en Silo: porque Jehová se manifestó á Samuel en Silo con palabra de Jehová». Su infancia y crecimiento se mencionan además en 1 Samuel 2:18, 2:21 y 2:26, y la situación de aquellos días en 1 Samuel 3:1 y 4:1.
El que clamó por Israel y fue oído
El pueblo no acude a Samuel pidiendo consejo sino intercesión: «No ceses de clamar por nosotros á Jehová nuestro Dios, que nos guarde de mano de los filisteos» (1 Samuel 7:8-10). Él ofrece un cordero de leche en holocausto entero y clama, «y Jehová le oyó». Mientras sacrificaba, los filisteos llegaron para pelear, «mas Jehová tronó aquel día con grande estruendo sobre los Filisteos, y desbaratólos, y fueron vencidos delante de Israel». La victoria no viene de su mano, sino del trueno de Jehová sobre el hombre que estaba orando. Otros momentos de aquel capítulo se registran en 1 Samuel 7:3, 7:5-6, 7:12-13 y 7:15.
El reino, Saúl y Agag
Samuel convoca al pueblo: «Y Samuel convocó el pueblo á Jehová en Mizpa» (1 Samuel 10:14-17). En ese mismo pasaje aparece Saúl, que a su tío le cuenta lo de las asnas perdidas y calla lo demás: «Mas del negocio del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada». La petición del pueblo y lo que siguió se registran en 1 Samuel 8:6-7, 8:21-22, 9:14-15, 9:17-19, 9:22-24, 9:26-27, 10:24-25, 12:18-20 y 13:10-11.
La ruptura llega con palabra directa: «Pésame de haber puesto por rey á Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras» (1 Samuel 15:10-14). La reacción de Samuel no es fría: «Y apesadumbróse Samuel, y clamó á Jehová toda aquella noche». Al día siguiente lo busca en Gilgal, tras saber que Saúl había venido al Carmel, y Saúl lo saluda diciendo que ha cumplido. Samuel le contesta con la pregunta más incómoda del libro: «¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oídos?». Después ejecuta a Agag rey de Amalec en Gilgal, se va a Rama y Saúl sube a Gabaa, «y nunca después vió Samuel á Saúl en toda su vida: y Samuel lloraba á Saúl: mas Jehová se había arrepentido de haber puesto á Saúl por rey sobre Israel» (1 Samuel 15:31-35). Las palabras previas de aquella confrontación están en 1 Samuel 15:16-17 y 15:26-28; la unción posterior y sus circunstancias, en 1 Samuel 16:1-2, 16:7-8 y 16:10-11; y una escena final, en 1 Samuel 28:11-12 y 28:14-16.
Lo que el texto no suaviza
En los pasajes citados aquí no se consigna pecado de Samuel. Sí se consigna su ignorancia inicial: no conocía aún a Jehová ni le había sido revelada su palabra, y necesitó que otro le dijera cómo responder (1 Samuel 3:6-11). Y se consigna su dolor, no su dureza: clamó toda la noche y lloraba por Saúl (1 Samuel 15:10-14; 15:31-35).
Lo que no sabemos
El expediente no declara vacíos, pero conviene decir con claridad qué no tenemos a la vista. No se cita aquí el texto sobre sus hijos Joel y Abijah, ni sobre su muerte, ni el contenido de los lugares que le nombran en 1 Chronicles 6:28, 6:33, 9:22, 11:3, 26:28 y 29:29. Esas referencias existen; su relato no se reproduce aquí.
La línea hacia Cristo
Tres pasajes posteriores nombran a Samuel: Acts 3:24, Acts 13:20 y Hebrews 11:32. Aquel de quien se dijo que Jehová «no dejó caer á tierra ninguna de sus palabras» sigue nombrado en la predicación apostólica y entre los testigos de la fe.
