Jeremías: encepado, azotado y sacado de la mazmorra con sogas
Quién es y cuándo vivió
Jeremías es un profeta, hijo de Hilkiah (Jeremiah 1:1), cuya vida se sitúa en el tiempo del reino dividido. Su actividad se fecha, según Ussher, Annals of the World (1650), como activo de 629 a. C. a 586 a. C. Su nombre aparece con un peso poco común: 124 versículos repartidos en cinco libros, ciento quince veces en el libro que lleva su nombre, cuatro en 2 Chronicles, tres en Matthew, una en Ezra y una en Daniel. La primera vez que se lo menciona es en 2 Chronicles 35:25; la última, en el evangelio de Matthew.
Las escenas que el texto narra
La primera escena que podemos leer palabra por palabra ocurre en la casa de Jehová. Sacerdotes, profetas y todo el pueblo oyen a Jeremías, y al terminar de hablar "todo lo que Jehová le había mandado que hablase", le echan mano: "De cierto morirás. ¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador?" Y el relato añade que "juntóse todo el pueblo contra Jeremías en la casa de Jehová" (Jeremiah 26:7-9). El mensaje no le gana oyentes; le gana una multitud en contra.
En Jeremiah 20:1-3, Pashur, sacerdote, hijo de Immer, "que presidía por príncipe en la casa de Jehová", lo oye profetizar, lo hiere y lo pone en el cepo que estaba a la puerta de Benjamín. Al día siguiente lo saca, y Jeremías le responde con un nombre nuevo: "Jehová no ha llamado tu nombre Pashur, sino Magor-missabib". Golpeado y liberado, sigue hablando.
Otra escena lo enfrenta a un colega de oficio. Hananías profeta le quita el yugo del cuello y lo quiebra, y anuncia ante todo el pueblo que así quebrará Jehová "el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las gentes dentro de dos años de días". Jeremías no discute: "Y fuése Jeremías su camino". Solo después de aquel gesto le viene palabra de Jehová (Jeremiah 28:10-12). Antes de eso, en Jeremiah 28:5-6, hay otra intervención suya cuyo texto no está citado aquí.
Jeremiah 37:2-4 dibuja la paradoja de su ministerio. El rey Sedechîas, sus siervos y el pueblo de la tierra no obedecen las palabras de Jehová dichas por medio del profeta; y ese mismo rey le envía a Jucal hijo de Selemías y a Sephanías hijo de Maasías, sacerdote, con este encargo: "Ruega ahora por nosotros á Jehová nuestro Dios". En ese momento "Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque no lo habían puesto en la casa de la cárcel".
Esa libertad termina en la puerta de Benjamín. Al salir de Jerusalem hacia tierra de Benjamín, un prepósito llamado Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, lo prende acusándolo: "Tú te retiras á los Caldeos". Jeremías responde: "Falso: no me retiro á los Caldeos". El relato no da veredicto sobre la acusación; solo dice que Irías "no lo escuchó", que los príncipes se airaron, lo azotaron y lo pusieron en prisión en la casa de Jonathán escriba, y que allí estuvo "por muchos días" (Jeremiah 37:12-18).
Lo peor viene después. Alguien intercede ante el rey: "mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con Jeremías profeta, al cual hicieron echar en la mazmorra; porque allí se morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad". El rey manda a Ebed-melec Etiope tomar treinta hombres y sacarlo "antes que muera". Ebed-melec baja trapos viejos y sogas y le indica ponerlos bajo los sobacos de sus brazos; así lo suben, y Jeremías queda en el patio de la cárcel (Jeremiah 38:9-17). Su rescate llega por trapos viejos y por la mano de un extranjero.
Los muchos versículos que solo lo nombran
La mayor parte de sus menciones no son escenas narradas aquí, sino versículos cuyo texto no está citado en este expediente; por eso los dejo como referencia y no los glosaré: Jeremiah 1:11; 7:1; 11:1; 14:1; 18:1; 18:18; 19:14; 21:1; 21:3; 24:3; 25:1-2; 25:13; 26:12; 26:20; 26:24; 29:29-30; 32:1-2; 36:4-5; 36:26-27; 38:6-7; 38:19-20; 38:27-28; 39:14-15; 40:1-2; 42:4-5; 43:1-2; 51:59-61. Fuera de su libro, su nombre reaparece en 2 Chronicles 35:25; 36:12; 36:21-22, en Ezra 1:1 y en Daniel 9:2.
Lo que el texto citado no le reprocha
Hay que decirlo con franqueza: en los pasajes citados aquí palabra por palabra no se registra pecado alguno de Jeremías. Lo que se registra es lo que otros hacen con él. Le echan mano y le anuncian la muerte (Jeremiah 26:7-9); lo hieren y lo encepan (Jeremiah 20:1-3); le quiebran el yugo del cuello (Jeremiah 28:10-12); lo prenden, lo azotan y lo encierran muchos días (Jeremiah 37:12-18); lo bajan a la mazmorra donde habría muerto de hambre (Jeremiah 38:9-17). Y queda sin resolver, en el texto mismo, la tensión entre la acusación de Irías y la negación del profeta (Jeremiah 37:12-18).
Lo que no sabemos
No se nombra ningún hijo suyo. No se le asigna tribu ni pueblo. De su familia, lo único que este expediente sostiene es el nombre de su padre, Hilkiah (Jeremiah 1:1).
La línea hacia Cristo
Su nombre reaparece en tres versículos de Matthew: Matthew 2:17, Matthew 16:14 y Matthew 27:9. El texto de esos versículos no está citado aquí, y no lo glosaré ni le añadiré contexto. Basta con señalar lo que la lista muestra: el nombre del profeta encepado, azotado y sacado de la mazmorra con sogas vuelve a leerse dentro del evangelio de Matthew, tres veces.

