Filipenses 3
El texto
Pablo advierte a los filipenses contra quienes insisten en la circuncisión como requisito para pertenecer al pueblo de Dios, y para desarmarlos presenta su propio expediente religioso impecable: linaje, tribu, celo, fariseo irreprensible. Todo eso, dice, lo tiene ahora por pérdida y por basura, con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él con una justicia que no fabricó él mismo. Desde ahí describe su vida como una carrera: no ha llegado, no es perfecto, pero corre hacia el premio, mientras espera al Salvador que transformará nuestros cuerpos humillados a semejanza de su cuerpo glorioso.
El núcleo
Lo que está en juego no es la modestia de Pablo, sino la ubicación de la justicia. Hay dos maneras de estar delante de Dios: con algo en las manos o con las manos abiertas. Pablo conoció la primera por dentro y la abandonó, no porque fracasara en ella (era "irreprensible"), sino porque descubrió que la justicia que sirve es "la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe". Es decir: una justicia que Dios da, no que nosotros producimos y presentamos. Y el resultado no es pasividad. El mismo hombre que renuncia a su curriculum corre como atleta. La gracia no apaga el esfuerzo; le cambia la dirección y le quita el pánico.
El hilo conductor
Pablo hace algo audaz en el versículo 3: "nosotros somos la circuncisión". Toma la señal que Dios dio a Abraham, la marca del pacto en la carne, y dice que su cumplimiento son los que sirven en espíritu y se glorían en Cristo. No es que la señal fuera falsa; era sombra de algo real. Lo que la circuncisión anunciaba, un pueblo apartado y marcado como propiedad de Dios, llegó en Cristo. Y note dónde termina el capítulo: en la resurrección del cuerpo. La historia de salvación no acaba con almas rescatadas de la materia, sino con "el cuerpo de nuestra bajeza" transformado a semejanza del cuerpo glorioso de Jesús. El Resucitado es el prototipo; nosotros vamos detrás.
El espejo
Casi todos llevamos una versión del expediente de Pablo. El título académico. Los años de servicio en la iglesia. La familia que salió bien. La disciplina en el ahorro, la constancia en la oración, el hecho de que uno nunca ha hecho lo que hizo aquel. No son cosas malas; Pablo tampoco dice que su linaje fuera malo. Dice que dejó de contarlas como ganancia. La pregunta incómoda es qué mencionaría usted si Dios pidiera razones para aceptarlo. Y una segunda: qué se derrumba en usted cuando pierde eso. Si la pérdida del trabajo, del prestigio o de la salud le quita el suelo, ahí estaba puesto el peso. Pablo lo perdió todo y siguió corriendo, porque su suelo estaba fuera de sí mismo.
El protagonista
Pablo aparece aquí sin máscara y con una tensión que conviene no suavizar. Es el hombre que llora ("aun ahora lo digo llorando") por los enemigos de la cruz, y el mismo que llama perros a sus opositores. Es el que confiesa "no que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto", y dos versículos después se atreve a decir "sed imitadores de mí". No hay contradicción: no se ofrece como modelo de llegada, sino de dirección. Su paisaje interior es el de alguien alcanzado antes de alcanzar, "aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús". Fue derribado camino a Damasco y nunca se recuperó de esa cortesía violenta. Su ambición desmedida no desapareció; cambió de objeto.
El detalle
"Téngolo por estiércol." La palabra griega detrás de esto designa desechos, lo que se tira, incluso excremento. Pablo no está diciendo que sus credenciales sean menos valiosas que Cristo, en una escala amable donde todo tiene su lugar. Está diciendo que, puestas como base para estar bien con Dios, son residuo. Es un lenguaje deliberadamente ofensivo, sobre todo en labios de un fariseo hablando de la circuncisión y de la Ley. Y ese es el punto: no existe un arreglo mixto, un poco de Cristo y un poco de mérito. Lo que era ganancia se volvió pérdida, no por defecto propio, sino porque apareció algo tan real que convirtió el resto en sombra. Los que se acercan al sol dejan de contar velas.
El perfil
Filipos era colonia romana, y sus habitantes estaban orgullosos de su ciudadanía: derechos, estatus, pertenencia a algo mayor que su pequeña ciudad de Macedonia. Cuando Pablo escribe "nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador", están oyendo vocabulario político. Las colonias esperaban la visita del emperador, llamado salvador y señor. Pablo dice: nuestro registro civil está en otra parte, y el que viene de allí es Jesús. Para una comunidad pequeña, presionada, con miembros que probablemente perdieron negocios y respeto por seguir a un crucificado, esto no era consuelo poético. Era la afirmación de que su verdadera identidad no la otorgaba Roma ni la sinagoga, y que su cuerpo humillado tenía un futuro glorioso.
Reflexión
¿Qué mencionaría usted, honestamente, si tuviera que dar razones de por qué Dios debería recibirlo, y qué le costaría llamar a eso "pérdida"?
Pablo dice que corre "olvidando ciertamente lo que queda atrás". ¿Qué está usted arrastrando, culpa o gloria pasada, que le impide extenderse a lo que está delante?
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Preguntas frecuentes sobre Philippians 3
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Filipenses 3?
¿De qué trata Filipenses 3?
¿Cuál es el contexto histórico de Filipenses 3?
¿Qué nos enseña Filipenses 3 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Filipenses 3 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Philippians 3
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Pablo escribe a una ciudad orgullosa de su ciudadanía romana, y les dice: "Mas nuestra vivienda es en los cielos". No es escape, es pertenencia. Por eso duele a veces estar aquí: no estás roto, estás lejos de casa. Y lo que esperas no es un lugar, es una Persona que viene a buscarte.
Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible." Pablo estaba seguro de sí mismo mientras arrastraba creyentes a la cárcel. Su conciencia no lo acusaba. Da miedo pensarlo: se puede ser intachable y estar peleando contra Cristo. ¿Y si tu celo necesita no más fuerza, sino otra dirección?
Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de la concisión." Tres veces repite Pablo la misma advertencia, él, que en esta carta no para de hablar de gozo. Y es que amar de verdad a alguien te vuelve feroz ante lo que quiere robarle a Cristo. ¿Qué le estás añadiendo tú al evangelio para sentirte digno?
Pablo lleva años predicando, sufriendo cárceles, y aun así dice: "No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo." Qué descanso. Tú tampoco tienes que fingir que llegaste. Pero mira el final del versículo: corres detrás de Aquel que ya te alcanzó primero. No persigues para ser amado, persigues porque lo fuiste.
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