Romanos 3
El texto
Pablo empieza con una pregunta incómoda: si judíos y gentiles están igualmente perdidos, ¿de qué sirvió ser pueblo escogido? Su respuesta es doble: sirvió muchísimo, porque a Israel le fue confiada la palabra de Dios, y sin embargo no salva a nadie, porque el veredicto cae sobre todos: "No hay justo, ni aun uno". Luego, en el versículo 21, el argumento gira como una puerta sobre su gozne: "Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado", una justicia que llega por fe en Jesucristo, gratuitamente, mediante su sangre, y que deja sin lugar toda jactancia, tanto del circunciso como del incircunciso.
El núcleo
Aquí se decide todo el capítulo: ¿cómo puede Dios ser justo y a la vez perdonar? Un juez que absuelve al culpable es un juez corrupto. Pablo no esquiva el problema, lo pone en el centro: Dios propuso a Cristo "en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia". La palabra que Pablo usa es hilastērion, el propiciatorio, la tapa del arca donde el sumo sacerdote rociaba la sangre una vez al año. Dios no baja la vara; la carga él mismo. Por eso el versículo 26 dice algo casi imposible: que él sea "el justo, y el que justifica". No dos cosas en tensión, sino una sola: la justicia de Dios se revela precisamente allí donde perdona a costa propia.
El hilo conductor
La cita de los versículos 10 al 18 es un mosaico de Salmos y de Isaías, y es significativo que Pablo acuse a Israel con las propias palabras de Israel. La ley y los profetas no contradicen el evangelio; lo testifican. Toda la historia del pacto apuntaba a esto: la circuncisión, el templo, el sacrificio diario, la sangre en el propiciatorio del día de la expiación (Levítico 16). Aquellos ritos nunca fueron el fin, sino la sombra proyectada por algo que venía. Cuando Pablo dice que Dios "ha pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados", está diciendo que los siglos de aparente impunidad no eran indiferencia divina, sino paciencia que esperaba la cruz. En Cristo, la contabilidad se cierra.
El espejo
La jactancia es más fina de lo que pensamos. Casi nunca decimos en voz alta que somos mejores; lo insinuamos con la comparación. Somos el padre que agradece en silencio que su hijo no salió como el hijo del vecino. Somos el que lleva veinte años en la iglesia y siente, sin confesarlo, que Dios le debe algo por la constancia. Somos el que da su diezmo puntual y por eso se permite despreciar al que no da. Pablo cierra esa puerta: "no hay diferencia; por cuanto todos pecaron". Duele porque nos quita el pequeño pedestal desde el que mirábamos. Pero es también el único terreno donde se puede recibir gracia: el suelo plano, con la boca tapada, sin curriculum en la mano.
Contexto
Pablo escribe a una comunidad que no fundó, en la capital del imperio, alrededor del año 57. Roma tiene creyentes judíos y creyentes gentiles bajo el mismo techo, y la convivencia es tensa. Unos años antes, Claudio había expulsado judíos de la ciudad; al regresar algunos, encontraron congregaciones donde los gentiles llevaban la voz. ¿Quién tiene precedencia? ¿Debe el gentil circuncidarse para pertenecer de verdad? Detrás de la discusión hay honor, identidad y siglos de historia sagrada. Además circulaba la calumnia de que Pablo enseñaba libertinaje, y él la cita en el versículo 8: "Hagamos males para que vengan bienes". No es teología abstracta; es un pastor defendiendo el evangelio en medio de un conflicto real y doloroso.
El protagonista
El sujeto de este capítulo es Dios, y lo que asombra es su fidelidad tenaz. "¿Pues qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿la incredulidad de ellos habrá hecho vana la verdad de Dios? En ninguna manera." La infidelidad humana no logra desactivar la fidelidad divina; a lo más la hace resaltar. Pablo cita el Salmo 51, el salmo de David después de su adulterio, donde el pecador reconoce que Dios sale justificado en su sentencia. Ese es el retrato: un Dios que no negocia con la verdad y tampoco abandona a los mentirosos. Y en el versículo 29 se descubre su alcance: no es propiedad de un pueblo, "uno es Dios", y por eso justifica al circunciso y al incircunciso por el mismo camino estrecho de la fe.
La pregunta
Si nadie puede justificarse por las obras de la ley, ¿para qué sigue existiendo la ley? Pablo responde que la fe no la deshace sino que la establece, y luego cambia de tema, lo cual resulta frustrante. Podemos decir con seguridad lo que la ley hace aquí: da conocimiento del pecado y tapa las bocas. Lo que Pablo no explica es cómo el creyente perdonado se relaciona ahora con esos mandamientos. Habrá que esperar los capítulos siguientes, y aun así queda tensión. Quizá esa tensión sea parte del diseño: la ley que nos condenó no desaparece, se cumple en Cristo y luego se escribe en nosotros. Pero quien pretenda resolverlo del todo antes de haber sentido la condenación, no ha leído todavía los versículos 10 al 18.
Reflexión
¿En qué comparación concreta de esta semana buscaste ventaja delante de Dios o de los demás?
Si Dios se mostró justo precisamente al costear él mismo tu perdón, ¿qué cambia eso en la manera en que perdonas a quien te debe algo?
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Preguntas frecuentes sobre Romans 3
Respuestas breves a las preguntas más comunes sobre este pasaje bíblico.
¿Qué significa Romanos 3?
¿De qué trata Romanos 3?
¿Cuál es el contexto histórico de Romanos 3?
¿Qué nos enseña Romanos 3 sobre el carácter de Dios?
¿Por qué Romanos 3 sigue siendo relevante hoy?
Lo que la comunidad comparte sobre Romans 3
Reflexiones, oraciones y acciones de gracias de los lectores y del equipo editorial sobre este pasaje.
Gracias porque cuando "todos se apartaron", Tú no te apartaste de mí. Aunque no hay quien haga lo bueno, ni aun uno, tu amor vino a buscarme sin esperar que yo mejorara. Gracias por la gracia que me alcanzó estando yo perdido y sin nada bueno que ofrecerte.
Gracias porque no nos dejaste a ciegas: a tu pueblo le fueron confiados los oráculos de Dios, y hoy esa misma palabra llega a mis manos. Gracias por cada página que puedo abrir, leer y creer, sabiendo que viene de ti y no falla.
No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios." Duele leerlo, porque uno cree que llegó a Dios por iniciativa propia. Pero si nadie lo busca, entonces el día que despertaste con hambre de Él, fue porque Él ya te había buscado primero. Tu fe no es tu mérito, es su rescate.
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