Un amor que busca y restaura
Amor que restaura
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Isaías 53:4, Efesios 3:14-15, Hechos 9:39 and Lucas 15:8-9.
☀ Momento de la mañana
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Isaías 53:4
A las 6:45, en la fila del autobús, alguien baja la vista cuando pasa el hombre con el cartón pidiendo monedas. Es un gesto tan pequeño que casi no se nota, pero lo conocemos todos: apartar la mirada de lo que incomoda.
Isaías escribió estas palabras siglos antes de Cristo, a un pueblo exiliado que se preguntaba si Dios los había abandonado. El profeta describe a un Siervo que cargaría el dolor de otros y sería visto como alguien marcado, como un enfermo del que uno se aparta. En aquel mundo, apartar el rostro de alguien era señal de vergüenza o contagio, algo que se hacía con los leprosos, con los que la ley mandaba mantener a distancia.
Y ese retrato encontró su rostro final en Jesús. Fue mirado como alguien herido por Dios mismo, cuando en realidad llevaba lo nuestro. La cruz fue, entre otras cosas, el lugar donde la gente más apartó la vista.
Hoy puede que tú también quieras esconder tu rostro, de tu propio cansancio, de una culpa, de una mañana que ya pesa antes de empezar. Pero el Siervo despreciado no aparta Su rostro de ti. Él te mira de frente, con las marcas todavía visibles.
Hoy
Hoy, cuando te cruces con alguien que preferirías ignorar, detén el paso y mira su rostro un segundo más de lo cómodo.
✦ Momento del mediodía
Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra,
Efesios 3:14-15
Pablo escribe esto encadenado en una celda romana. No puede caminar hasta Éfeso, no puede estrechar la mano de nadie allí, ni siquiera conoce los rostros de muchos a quienes se dirige. Y sin embargo dobla las rodillas por ellos, como si estuvieran delante de él.
Eso es lo que llama la atención: una oración por gente que nunca ha visto. No pide por sus propios problemas, aunque tiene de sobra en esa prisión. Pide por la raíz y el cimiento de la fe de otros, gente lejana, desconocida en carne y hueso pero cercana en el Espíritu.
En medio de una jornada laboral uno reza casi siempre por lo urgente: la reunión difícil, el plazo que aprieta, la propia familia. Pablo abre otra puerta. Hay espacio en la oración para alguien que ni siquiera sabe tu nombre, para una comunidad entera que no has pisado.
Esa clase de intercesión no depende de la cercanía ni del contacto. Depende de que todos están, como dice el texto, nombrados en la misma familia, en el cielo y en la tierra. Eso hace posible arrodillarse por un extraño con la misma seriedad con que se ora por un hijo.
Hoy
Hoy, en este descanso de mediodía, piensa en una iglesia, un grupo o una persona que no conoces en persona, quizá al otro lado del mundo. Di en voz alta, aunque sea en un susurro, una frase de oración concreta por ellos antes de volver al trabajo.
◐ Momento de la tarde
Pedro entonces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.
Hechos 9:39
Se da por hecho que lo que cuenta es lo grande: un nombre que se recuerde, un cargo, algo que entre en un acta. Lo hecho con las manos, lo que se cose en silencio y se guarda en un armario, no suele figurar en ninguna historia. Pero en Jope, las viudas no le muestran a Pedro un título ni un discurso. Le muestran ropa.
Tabita cosía. Eso es casi todo lo que sabemos de ella, aparte de que la llamaban discípula, una de las pocas veces que el Nuevo Testamento usa esa palabra para una mujer. Las viudas de aquella ciudad no tenían ingreso propio ni protección legal; dependían de lo que la comunidad les diera. Las túnicas que Tabita hacía no eran un gesto bonito, eran abrigo real para cuerpos reales en invierno.
Su nombre, Dorcas, significa gacela. No hay registro de sermones suyos, ni de viajes, ni de milagros hechos por su mano. Solo agujas, hilo, y tiempo entregado a personas que nadie más atendía.
Eso chirría un poco si uno busca una fe que se note, que deje marca visible. Aquí la marca son prendas gastadas que unas mujeres lloran sosteniendo.
Hoy
Repasa hoy una prenda tuya que necesite arreglo, un botón, un dobladillo, una costura abierta, y repárala con tus manos. Mientras lo haces, piensa en una persona concreta a quien puedas ofrecer, esta semana, algo igual de concreto.
☾ Momento de la tarde
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla? Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
Lucas 15:8-9
El candil se enciende primero. Antes de buscar, antes de barrer, hay una llama pequeña en la oscuridad de una casa sin ventanas, y el ruido seco de una escoba contra el piso de tierra. Esa mujer no busca a tientas: se arrodilla, mira cada rincón, levanta cada esquina de la estera.
Pocos se detienen en un detalle: aquellas diez dracmas solían llevarse cosidas a una cinta en la frente, como joya de novia, parte del ajuar de una mujer. No era solo una moneda perdida entre el polvo. Era un hueco visible en su propia historia, algo que faltaba en su rostro cada vez que se miraba.
Por eso busca con diligencia, con esa palabra que en el texto significa cuidado minucioso, no desesperación. Y cuando encuentra, no guarda silencio: llama a las vecinas, pide que se alegren con ella. La alegría de Dios por lo recobrado no cabe a solas.
Hoy también hubo horas que se te escaparon entre los dedos, palabras dichas de más, paciencia perdida, algo que sientes que faltó en el día y que ya no vuelve. Esta parábola no te pide que lo niegues. Te muestra a alguien que enciende una luz y busca lo perdido con amor, no con reproche.
Hoy
Enciende una luz pequeña en tu casa esta noche, una vela o una lámpara basta. Mientras barres o recoges un solo rincón con la mano, nombra en voz baja una cosa del día que quieres entregarle a Dios, y termina diciendo en voz alta: gracias por buscarme.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
14Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo,
15Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra,
39Pedro entonces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.
8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
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