Escuchar y vivir la Palabra
Escuchar y vivir
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Hechos 8:29-30, Mateo 13:8-9, Deuteronomio 22:8 and Hechos 18:24-25.
☀ Momento de la mañana
Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro. Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?
Hechos 8:29-30
Nadie se convierte por una respuesta correcta; a veces basta con una pregunta honesta.
Felipe va camino de Gaza, por un desierto, siguiendo una indicación que no entiende del todo. Allí se cruza con un hombre importante: el tesorero de Candace, reina de los etíopes, que ha viajado hasta Jerusalén para adorar y ahora vuelve en su carro. Va leyendo en voz alta, como era costumbre, el libro de Isaías. Es un hombre con poder, con cargo, con una fe que lo ha llevado lejos de casa. Y, aun así, va leyendo sin entender del todo lo que lee.
Felipe no le corrige ni le explica de entrada. Le pregunta. 'Entiendes lo que lees?' no es examen, es invitación. No busca dejarlo en evidencia, busca abrirle espacio para decir la verdad: 'cómo puedo, si alguno no me enseñare'. La pregunta no cierra, abre. Le da al eunuco permiso para admitir lo que no sabe, y eso es lo que hace posible todo lo que viene después.
Hoy leerás muchas cosas antes de mediodía: mensajes, noticias, quizá unas líneas de la Biblia a medio despertar. No todo lo que lees tiene que quedarte claro de inmediato. A veces lo que hace falta no es más información, sino alguien dispuesto a sentarse contigo en el camino y preguntarte, sin prisa, qué es lo que de verdad entiendes.
Hoy
Elige un versículo que leíste esta semana y que no terminaste de entender. Escríbelo en una nota y pregúntale hoy a alguien, en persona o por mensaje, qué le dice a él o ella ese mismo texto.
✦ Momento del mediodía
Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál á ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta. Quien tiene oídos para oir, oiga.
Mateo 13:8-9
Junto al lago la gente se apretaba tanto que Jesús tuvo que subir a una barca y hablar desde el agua, mientras la multitud quedaba de pie en la orilla, bajo el sol, escuchando una historia sobre sembrar. Nadie allí sospechaba que esa tarde sería recordada durante siglos.
Hay un detalle que se pasa fácilmente por alto. En aquella tierra era común sembrar antes de arar: el labrador lanzaba el grano a voleo sobre todo el campo, y solo después pasaba el arado. Así que el camino, las piedras y los espinos no eran descuido suyo, eran parte normal del terreno todavía sin trabajar. El sembrador no clasificaba antes de tirar la semilla. Sembraba con generosidad, sin calcular quién merecía recibirla.
Ahí está el giro. No se trata primero de averiguar qué tipo de tierra eres tú hoy, entre reunión y reunión, entre correo y correo. Se trata de que la Palabra sigue cayendo, ahora mismo, sobre un terreno que todavía puede removerse. El camino se puede labrar. Las piedras se pueden quitar. Y la última frase no es un diagnóstico, es una invitación abierta en pleno mediodía: quien tiene oídos para oir, oiga.
Eso pide algo más que escuchar de pasada.
Hoy
Abre una nota en tu teléfono ahora mismo y escribe una frase, un versículo o una palabra que oíste esta semana y que el ajetreo del día ya ahogó. Léela en voz alta antes de volver a tu siguiente tarea.
◐ Momento de la tarde
Cuando edificares casa nueva, harás pretil á tu terrado, porque no pongas sangre en tu casa, si de él cayere alguno.
Deuteronomio 22:8
Fíjate en el orden de las palabras: primero se edifica la casa, y antes de que nadie haya vivido un solo día en ella, ya está la ley esperando. No es un reglamento que llega después de un accidente. Es una instrucción tejida en los planos mismos, antes de que haya huéspedes, antes de que haya niños jugando arriba, antes de que haya habido siquiera una fiesta en el terrado.
En aquellas casas el techo plano no era un lujo decorativo. Allí se secaba el grano, se dormía en las noches calurosas, se recibía a los vecinos. Un terrado sin pretil no era peligroso en teoría, era peligroso cada tarde.
Fíjate también en quién queda protegido. No habla del dueño, que ya conoce cada borde de su propia casa. Habla del que sube sin saberlo bien, el huésped, el pariente, el niño del vecino. La ley defiende precisamente a quien no conoce el peligro.
Detrás de esto hay un Dios que no separa la fe de los ladrillos. Que hace de la seguridad del otro un asunto moral, no solo práctico. Que dice: si alguien cae por tu descuido, la culpa de esa sangre es tuya, aunque no lo hayas empujado.
¿Qué bordes sin pretil dejamos hoy, en el trabajo, en la casa, en una conversación pendiente, confiando en que nadie se va a caer?
Hoy
Busca hoy un borde físico real, un escalón suelto, un cable, una esquina sin protección, y arréglalo antes de que acabe el día.
☾ Momento de la tarde
Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan.
Hechos 18:24-25
Son las nueve de la noche y repasas una conversación del día: alguien te corrigió algo, con suavidad, en voz baja, sin público. Esa clase de momento se queda dando vueltas hasta que apagas la luz.
Apolos llega a Éfeso con todo a su favor: elocuente, versado en las Escrituras, ferviente. Pero conocía solo una parte del camino, el bautismo de Juan, no todavía lo que había pasado después con Jesús. Aquila y Priscila lo escuchan hablar en la sinagoga y no lo corrigen delante de todos. Lo toman aparte. Lo llevan a su casa, a su mesa, probablemente entre el olor del cuero de las tiendas que fabricaban para vivir, y le explican lo que le faltaba.
Eso dice algo sobre cómo crece la fe de alguien que ya sabe mucho: no siempre con un sermón público, sino con una conversación privada, al final del día, entre gente que te quiere lo suficiente para hablarte claro sin exponerte.
Si hoy alguien te dijo algo que te faltaba oír, aunque te costara al principio, puede haber sido Dios usando una voz amable para completar lo que ya traías. No todo lo que duele una corrección es rechazo. A veces es una casa abierta.
Hoy
Escribe esta noche, en una nota o mensaje, el nombre de alguien que te ha corregido con cariño alguna vez, y dale gracias a Dios por esa persona en voz alta antes de dormir.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
29Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro.
30Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?
8Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál á ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.
9Quien tiene oídos para oir, oiga.
8Cuando edificares casa nueva, harás pretil á tu terrado, porque no pongas sangre en tu casa, si de él cayere alguno.
24Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.
25Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan.
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