Gracia que nos halla y transforma
Gracia que transforma
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Lucas 19:5-6, Mateo 18:22, Mateo 16:15-16 and Mateo 17:26-27.
☀ Momento de la mañana
Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa. Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
Lucas 19:5-6
Zaqueo corre por delante de la multitud, sin importarle que un hombre adulto, rico y con cargo público no se sube a los árboles. Es bajo de estatura y jefe de los publicanos, el más odiado de su pueblo porque cobra impuestos para Roma. Nadie le hace sitio entre la gente, así que busca el sicómoro, un árbol de ramas bajas y anchas, fácil de trepar incluso para alguien sin entrenamiento, y se encarama sin pensarlo dos veces.
Y entonces pasa algo que él no esperaba: Jesús se detiene, mira hacia arriba, y lo llama por su nombre. No espera a que Zaqueo baje a pedir perdón ni a presentarse. Es Jesús quien toma la iniciativa, quien invita, quien se autoinvita a comer en la casa del hombre que todos despreciaban.
Eso abre algo para hoy. Quizás tú también te sientes como alguien que mira desde lejos, que no encaja del todo, que carga una reputación que pesa más que tus intentos de cambiar. Jesús no espera que primero arregles tu vida. Te ve, te llama por tu nombre, y entra.
Hoy
Esta mañana, antes de encender el teléfono, busca un lugar alto en tu casa, una ventana, un balcón, una silla junto a la puerta, y quédate ahí un minuto mirando hacia afuera, recordando que Jesús también te ve primero a ti.
✦ Momento del mediodía
Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
Mateo 18:22
Son las doce y cuarto y ese compañero ha vuelto a hacerlo: la misma excusa, el mismo retraso, el mismo correo mal redactado que te toca arreglar otra vez. Llevas la cuenta sin darte cuenta, van tres esta semana.
Pedro también llevaba la cuenta. Siete veces le parecía generoso, porque entre los rabinos de su tiempo perdonar tres veces ya se consideraba suficiente, un gesto honorable y completo. Pedro dobló esa cifra con holgura, pensando que impresionaría a Jesús.
Jesús no le da un número más alto para seguir contando. Le da un número imposible de contar. Setenta veces siete son cuatrocientos noventa, pero nadie lleva esa cuenta hasta el final, y esa es precisamente la idea: en algún momento del camino, la libreta se cierra sola. No porque el daño no importe, sino porque el perdón deja de ser una transacción con saldo pendiente.
Hoy, en medio de la jornada, esa libreta mental que llevas sobre alguien pesa más de lo que admites. Jesús no te pide que finjas que no pasó nada. Te pide que dejes de sumar.
Hoy
Toma ahora un papel o abre una nota en tu teléfono. Escribe el nombre de la persona cuya cuenta llevas esta semana, y debajo escribe una sola frase: ya no cuento. Guárdalo o bórralo, pero suéltalo antes de volver al siguiente correo.
◐ Momento de la tarde
El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Mateo 16:15-16
La pared de roca sube casi vertical, y en ella, talladas a mano, hay hornacinas vacías donde antes había estatuas. De una grieta en la base brota agua con fuerza, el nacimiento del Jordán, y el aire huele a piedra húmeda y a incienso viejo de los altares que los peregrinos paganos dejaban allí para Pan y para los dioses de la gruta.
Así era Cesarea de Filipo: un santuario a los pies del Hermón, lejos de Galilea, lejos de todo lo conocido. Herodes había añadido un templo al césar junto a la cueva que muchos creían la boca misma del mundo de los muertos. No es un lugar neutral. Es el territorio de otros nombres, otros rostros divinos, tallados en la misma montaña.
Y es exactamente ahí, frente a esa pared llena de dioses de piedra, donde Jesús hace la pregunta. No en el templo de Jerusalén. No en una sinagoga segura. Ahí, entre las hornacinas vacías, pregunta quién dicen que es Él.
Pedro responde sin rodeos, pero la pregunta queda abierta para nosotros: ¿solo sabemos confesar a Cristo en los lugares donde ya nadie compite por el título? ¿O también frente a lo que hoy llena nuestras propias hornacinas?
Hoy
Busca ahora una pared, una puerta, cualquier superficie sólida que tengas cerca. Pon la mano sobre ella y di en voz alta, aunque sea en un susurro: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
☾ Momento de la tarde
Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos. Mas porque no los escandalicemos, ve á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.
Mateo 17:26-27
Cada año, todo varón judío debía entregar media dracma para el mantenimiento del templo, el lugar donde Dios habitaba entre su pueblo. No era una multa, era un cuidado compartido por la casa de todos. Pedro ya había dicho que sí, que su Maestro también pagaba, sin pensarlo demasiado.
Jesús no sacó una bolsa escondida ni hizo aparecer oro del aire. Mandó a Pedro a hacer lo que Pedro sabía hacer: echar el anzuelo. Y en la boca de un pez corriente, en el trabajo de todos los días, apareció un estatero, una moneda de plata que bastaba para pagar el tributo de los dos. La provisión llegó envuelta en escamas y agua salada, en el oficio conocido de un pescador cansado.
Hoy, al cerrar el día, quizá repasas lo que debiste, lo que faltó, lo que todavía pesa. Esta historia no promete que el dinero caiga del cielo. Dice algo más tranquilo: que Dios conoce exactamente qué se necesita, y que a menudo lo pone justo donde ya estás trabajando, en lo ordinario de tu jornada, no fuera de ella.
Hoy
Busca una moneda en tu bolsillo, cartera o mesa esta noche. Sosténla un momento y da gracias en voz alta por algo concreto que Dios te provino hoy, aunque haya llegado por el camino más normal.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
5Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.
6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.
15El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
16Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
26Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos.
27Mas porque no los escandalicemos, ve á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.
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