Lo que hallamos al acercarnos
Buscar y hallar
Breves reflexiones para reposar en Él, inspiradas en pasajes bíblicos de Hechos 12:12, Marcos 11:13, Juan 21:11 and Juan 19:39.
☀ Momento de la mañana
Y habiendo considerado esto, llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.
Hechos 12:12
El reloj apenas ha avanzado esta mañana y ya hay algo que pesa en el pecho. Una preocupación que llegó antes que el café, un nombre que no suelta la mente.
En aquella casa de María, madre de Juan Marcos, la gente se había reunido de noche, no por costumbre religiosa sino porque Pedro estaba preso y Jacobo ya había muerto a espada. Oraban sin saber si Dios cambiaría algo. No era una oración tranquila, era una vigilia cargada de miedo real.
Lo curioso es lo que pasó después, aunque no está en este versículo: cuando Pedro, ya libre, golpeó la puerta, una muchacha llamada Rode corrió de alegría pero se olvidó de abrir. Y cuando dijo que era él, le respondieron que estaba loca. Oraban por un milagro y no lo reconocieron cuando llegó tocando a la puerta.
Eso también es la oración: personas que claman en serio y, aun así, se sorprenden cuando Dios responde. No hace falta tener fe perfecta para que Dios actúe. La Iglesia oraba con dudas, y la respuesta llegó igual.
Quizás hoy llevas algo parecido: un asunto por el que oras sin esperar mucho. Dios no necesita tu certeza para moverse, solo tu voz sincera.
Hoy
Escribe ahora el nombre de esa persona o situación que te preocupa en un papel pequeño y guárdalo en el bolsillo durante el día, como recordatorio de que ya está siendo llevado delante de Dios.
✦ Momento del mediodía
Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.
Marcos 11:13
¿Lo que muestras hoy es lo mismo que realmente llevas dentro?
En Galilea las higueras suelen dar un primer fruto, pequeño y verde, antes de que las hojas se abran del todo. Por eso, cuando un árbol lucía follaje pleno, los que pasaban esperaban encontrar también esos higos tempranos escondidos entre las hojas. Hojas sin fruto eran, para cualquier campesino, una señal de que algo no cuadraba.
Jesús se acerca a una higuera así: llena de hojas, prometiendo vida, y no encuentra nada que comer. No era la temporada del fruto grande, pero sí debía haber señales de ese primer fruto. El árbol mostraba más de lo que realmente tenía.
Miqueas describe lo contrario: cada uno sentado tranquilo bajo su higuera, sin que nadie le amedrente. Un árbol real, que da sombra y sustento, que cumple lo que su presencia promete. Esa es la higuera que Dios quiere ver crecer en medio de su pueblo.
Hoy, entre reuniones y mensajes, es fácil mostrar hojas: una agenda llena, respuestas rápidas, una sonrisa de pasillo. La pregunta que la higuera deja en el aire es más incómoda: si alguien se acercara ahora mismo a buscar fruto real en ti, paciencia, una palabra honesta, ayuda concreta, ¿lo encontraría?
Hoy
Haz esto antes de volver a tu próxima tarea: elige una conversación pendiente de hoy y, en vez de una respuesta rápida y vacía, escribe o di una frase concreta y verdadera, algo que realmente puedas cumplir.
◐ Momento de la tarde
Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.
Juan 21:11
Juan podría haber escrito simplemente que la red venía llena. En cambio cuenta: ciento cincuenta y tres. Ningún número redondo, ninguna exageración piadosa, solo la cifra exacta de un hombre que estuvo allí y contó.
Para unos pescadores esa cuenta no era un detalle poético. Era el trabajo mismo: repartir la pesca entre los socios, calcular lo que se vendería esa tarde, saber si el día había valido la pena. Contar los peces era lo más ordinario del mundo, lo último que uno esperaría encontrar en el relato de una aparición del Cristo resucitado.
Y sin embargo ahí está, después de la cruz, después de la tumba vacía, Juan se detiene a anotar la cifra exacta, y que la red aguantó a pesar de ella. No espiritualiza el momento con palabras grandes sobre abundancia. Se queda con lo concreto, lo que se puede contar con los dedos y pesar en la mano.
Eso dice algo sobre dónde se deja encontrar el Señor resucitado: no solo en visiones ni en discursos, sino en el trabajo de siempre, en la tarea repetida de un miércoles cualquiera, en una cifra exacta que alguien se tomó la molestia de recordar.
Hoy
Hoy cuenta algo real y concreto, los correos pendientes, los platos por lavar, las llamadas por hacer, y anota la cifra exacta en un papel. Luego di en voz alta: Señor, también aquí puedes estar presente.
☾ Momento de la tarde
Y vino también Nicodemo, el que antes había venido á Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
Juan 19:39
Cien libras. El peso tira de los brazos, el aroma espeso de la mirra y el áloe se mezcla con el polvo del atardecer. Nicodemo carga más especias de las que hacen falta para un entierro sencillo, y las lleva él mismo, a plena vista, hasta la tumba prestada donde han puesto a Jesús.
La última vez que este hombre aparece en el Evangelio, venía de noche, con preguntas que no se atrevía a hacer en público. Era fariseo, miembro del concilio, alguien con mucho que perder si lo veían demasiado cerca del Maestro. Ahora el riesgo ya no es una pregunta discreta, sino un cuerpo muerto y condenado que él abraza con sus propias manos, delante de quien quiera mirar.
Algo cambió entre esa noche y esta tarde. La fe que empezó escondida, tanteando en la oscuridad, termina gastándose entera, sin medida, sin cálculo de cuánto cuesta.
Quizás tú también llevas preguntas que solo haces de noche, en voz baja, cuando nadie escucha. Este hombre muestra que ese comienzo tímido puede madurar en una entrega abierta, aunque tarde años en llegar ahí.
Hoy
Antes de dormir, escribe en un papel una pregunta sobre Dios que nunca te has atrevido a decir en voz alta. Luego léela como oración, despacio, como si se la dijeras directamente a Él.
Lee estos pasajes en la Reina Valera (1909)
Toca un pasaje para leer el texto completo aquí mismo.
12Y habiendo considerado esto, llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando.
13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.
11Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.
39Y vino también Nicodemo, el que antes había venido á Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.
¿Quieres profundizar?
Para cada versículo de estas reflexiones puedes obtener una explicación bíblica profunda con contexto, trasfondo y aplicación.
Comenzar un estudio profundo