Mardochêo, el judío sentado a la puerta del rey
Quién es y cuándo vivió
Mardochêo, cuyo nombre figura en el dossier como Mordecai, aparece por primera vez en Esther 2:5, presentado como hijo de Jair. Vivió en la era del exilio, en un tiempo situado alrededor de 606 a. C. a 536 a. C., según la era situada sobre la cronología de Ussher (1650). Su huella bíblica es intensa pero estrecha: unos cincuenta versículos, todos ellos dentro de un solo libro, Esther. El dossier no registra ninguna mención suya fuera de ese libro. Quien quiera conocerlo tiene que leerlo en el escenario del reino de Assuero, y en ningún otro lugar. Las citas conservan la grafía del texto castellano antiguo.
En la puerta del rey
La primera imagen del hombre es la de un tutor inquieto. «Esther no declaró su pueblo ni su nacimiento; porque Mardochêo le había mandado que no lo declarase. Y cada día Mardochêo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, por saber cómo iba á Esther, y qué se hacía de ella» (Esther 2:10-11). Dos cosas se dicen a la vez: da una orden de silencio y no deja de vigilar el desenlace. Su relación con Esther se menciona también en Esther 2:7 y Esther 2:15.
Luego aparece el puesto que lo define. «Y cuando se juntaban las vírgenes la segunda vez, Mardochêo estaba puesto á la puerta del rey. Y Esther, según le tenía mandado Mardochêo, no había declarado su nación ni su pueblo; porque Esther hacía lo que decía Mardochêo, como cuando con él se educaba. En aquellos días, estando Mardochêo sentado á la puerta del rey, enojáronse Bigthán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Assuero. Mas entendido que fué esto por Mardochêo, él lo denunció á la reina Esther, y Esther lo dijo al rey en nombre de Mardochêo» (Esther 2:19-22). Salva la vida del rey, y por el momento nadie se lo agradece; el texto lo deja pasar sin comentario.
La rodilla que no se dobla
«Y todos los siervos del rey que estaban á la puerta del rey, se arrodillaban é inclinaban á Amán, porque así se lo había mandado el rey; pero Mardochêo, ni se arrodillaba ni se humillaba» (Esther 3:2). Los siervos le preguntan por qué traspasa el mandamiento del rey, y ante su silencio obstinado lo denuncian, «porque ya él les había declarado que era Judío» (Esther 3:4). El que había ordenado ocultar el pueblo de Esther declara el suyo propio. La reacción del ofendido es desmedida: «Mas tuvo en poco meter mano en solo Mardochêo; que ya le habían declarado el pueblo de Mardochêo: y procuró Amán destruir á todos los Judíos que había en el reino de Assuero, al pueblo de Mardochêo» (Esther 3:5-6).
El saco, el mensajero y el peso de plata
Esther 4:1 registra su reacción al enterarse. Después: «y la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir á Mardochêo, y hacerle quitar el saco de sobre él; mas él no los recibió» (Esther 4:4). Se niega a que le cambien la ropa por algo más presentable. Entonces Esther envía a Atach, «y Mardochêo le declaró todo lo que le había acontecido, y dióle noticia de la plata que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey por razón de los Judíos, para destruirlos» (Esther 4:7). El intercambio continúa en Esther 4:9-10, Esther 4:12-13, Esther 4:15 y Esther 4:17.
El caballo y el pregón
Se lee entonces el registro real: «Y hallóse escrito que Mardochêo había denunciado de Bigthan y de Teres, dos eunucos del rey, de la guarda de la puerta, que habían procurado meter mano en el rey Assuero. Y dijo el rey: ¿Qué honra ó que distinción se hizo á Mardochêo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él» (Esther 6:2-3). Amán llega justamente «para decir al rey que hiciese colgar á Mardochêo en la horca que él le tenía preparada» (Esther 6:4); esa horca se menciona antes en Esther 5:13-14, y la ira de Amán en Esther 5:9.
El giro es brutal: «hazlo así con el judío Mardochêo, que se sienta á la puerta del rey; no omitas nada de todo lo que has dicho» (Esther 6:10). Amán lo viste, lo pasea y pregona: «Así se hará al varón cuya honra desea el rey» (Esther 6:11). En casa, su mujer Zeres y sus sabios sentencian: «Si de la simiente de los Judíos es el Mardochêo, delante de quien has comenzado á caer, no lo vencerás; antes caerás por cierto delante de él» (Esther 6:13). Lo que sigue se registra en Esther 7:9-10, Esther 8:1-2, Esther 8:7, Esther 8:9, Esther 8:15, Esther 9:3-4, Esther 9:20, Esther 9:23, Esther 9:29, Esther 9:31 y Esther 10:2-3.
Lo que el texto no suaviza
Dos sombras quedan escritas. La primera: mandó a Esther ocultar su nación y su pueblo (Esther 2:10; Esther 2:20), mientras él mismo declaraba a otros que era judío (Esther 3:4). La segunda: su negativa a arrodillarse, mantenida día tras día contra un mandamiento explícito del rey (Esther 3:2-4), fue el detonante que Amán aprovechó para procurar destruir a todo un pueblo (Esther 3:6). El relato no explica su motivo ni lo defiende; expone la cadena de causas tal cual.
Lo que no sabemos
El dossier no nombra hijos suyos. Tampoco aporta información sobre su muerte ni un versículo que cierre su vida. De su padre solo sabemos el nombre, Jair (Esther 2:5). Lo demás no lo tenemos.
Hasta dónde llega el dossier
No hay aquí referencias fuera del libro de Esther. Por eso este artículo no traza ninguna línea más allá de ese libro: hacerlo sería añadir al texto lo que el texto no da. Queda el retrato tal como Esther lo dejó, un judío sentado a la puerta del rey, que no se arrodilló y a quien el rey terminó honrando en la plaza de la ciudad.

