Thare, padre de Abram: salió de Ur y se quedó en Harán
Quién es y cuándo vivió
Thare, llamado también Tharé y Thara según el pasaje, es el hijo de Nachôr y el padre de Abram (Genesis 11:24-28). Pertenece a la era de los patriarcas, y la cronología de Ussher, Annals of the World (1650), lo sitúa así: nacido en 2126 a. C., murió en 1921 a. C. (205 años). Su huella en el texto es breve: diez versículos en cuatro pasajes, desde Genesis 11:24 hasta Luke. Conviene una advertencia de lectura antes de empezar: este nombre designa también un pueblo, una tribu o una tierra, de modo que la mayoría de los lugares donde aparece la palabra no hablan de este hombre.
La genealogía y la muerte de Harán
La primera mención lo presenta como un eslabón en la cadena de generaciones: «Y vivió Nachôr veintinueve años, y engendró á Thare. Y vivió Nachôr, después que engendró á Thare, ciento diecinueve años, y engendró hijos é hijas» (Genesis 11:24-28). Luego el relato pasa a él mismo: «Y vivió Thare setenta años, y engendró á Abram, y á Nachôr, y á Harán. Estas son las generaciones de Thare: Thare engendró á Abram, y á Nachôr, y á Harán; y Harán engendró á Lot» (Genesis 11:24-28).
En ese mismo pasaje llega el primer golpe de su vida: «Y murió Harán antes que su padre Thare en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos» (Genesis 11:24-28). Un padre entierra a un hijo. El texto no describe el dolor, pero anota con cuidado el orden invertido: el hijo muere antes que el padre, y muere en la tierra donde nació.
La salida de Ur y la parada en Harán
La segunda escena es la única en que Thare actúa como sujeto de un viaje. «Y tomó Thare á Abram su hijo, y á Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y á Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir á la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán, y asentaron allí» (Genesis 11:31-32). Él toma, él sale, y el destino declarado es Canaán. Pero la frase se rompe a mitad de camino: llegaron hasta Harán y allí se asentaron.
El final es sobrio: «Y fueron los días de Thare doscientos y cinco años; y murió Thare en Harán» (Genesis 11:31-32). Murió en la parada, no en el destino.
Después de esas dos escenas, su nombre solo aparece como eslabón de una lista. La crónica lo nombra sin comentario alguno: «Serug, Nachôr, Thare,» (1 Chronicles 1:26). No hay escena ni acción: es un nombre que sostiene la memoria de Israel, colocado entre dos nombres más.
El juicio que Jehová pronuncia sobre él
La mención más dura no está en los pasajes de su vida, sino en el discurso de Josué al pueblo: «Y dijo Josué á todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es á saber, Tharé, padre de Abraham y de Nachôr; y servían á dioses extraños» (Joshua 24:2). El veredicto no es de Josué, sino de Jehová, Dios de Israel, y nombra a Tharé expresamente. El padre de Abraham servía a dioses extraños.
Esa es la falta que el texto pone por escrito, y no la suaviza ni la explica. A su lado queda el segundo dato incómodo: salió «para ir á la tierra de Canaán», y sin embargo se asentó y murió en Harán (Genesis 11:31-32). El relato registra el propósito declarado y registra el lugar de la muerte, y deja que el lector mida la distancia entre los dos.
Lo que no sabemos
No se nos dice por qué Thare salió de Ur de los Caldeos, ni por qué la caravana se detuvo en Harán, ni si alguna vez abandonó el servicio a los dioses extraños de Joshua 24:2. No se nombra a su esposa. No se cuenta cómo murió Harán, ni qué hizo Thare durante los años que pasó asentado. Un detalle pide franqueza: el pasaje citado presenta a Sarai solo como «su nuera, mujer de Abram su hijo» (Genesis 11:31-32), mientras que las listas familiares del expediente la cuentan entre los hijos de Thare; el texto quoteado aquí no dice más que lo primero.
La línea hacia Cristo
El último lugar donde aparece su nombre es una genealogía: «Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,» (Luke 3:34). El hombre de quien Jehová dijo que servía a dioses extraños (Joshua 24:2) figura por nombre en esa línea, entre Abraham y Nachôr. No se le atribuye fe ni mérito alguno; se le nombra, y basta. La promesa pasó por una casa que servía a otros dioses y por un viaje que se detuvo antes de llegar al destino que él mismo había dicho.
